miércoles, 24 de septiembre de 2025

Las cualidades del líder auténtico

 

Las cualidades del líder auténtico

 

 

D. Alfonso López Quintás
Universidad Complutense

 

Al hablar aquí de líderes no me refiero sólo a personas capaces de realizar una actividad directiva en una u otra asociación. Mi intención es de más largo alcance: aludo a personas que orientan su existencia hacia el ideal auténtico de la vida humana, que es el ideal de la unidad y el servicio, no el del dominio y la posesión. Según la investigación actual más cualificada, el ideal de la unidad viene exigido por nuestra misma condición de personas. Por eso, la primera medida del verdadero líder es ajustar sus actitudes a las exigencias de la realidad.

Esto implica la superación del relativismo subjetivista -según el cual "el hombre es la medida de todas las cosas", según la expresión sofista- y un amor incondicional y desinteresado a la verdad, al modo de ser de las realidades tal como se manifiestan a una mirada libre de prejuicios. El buen líder busca la verdad hasta el fin, pues no se contenta con medias verdades.

Ese amor a la verdad -vista como la patentización de la realidad que nos permite realizarnos- nos lleva a sentir una profunda insatisfacción ante cuanto signifique deterioro de la vida humana y, consiguientemente, de la propia realidad personal. Pensemos en la decadencia cultural, el declive de la sabiduría, la insensibilidad ante los grandes valores, la inautenticidad en todos los órdenes... Al confrontar la diferencia abismal que media entre una persona cabalmente desarrollada y otra envilecida, sentimos la urgencia de formarnos como líderes para elevar a las gentes a un estado de excelencia.

De ahí que mi propósito primario no sea explicar técnicas de liderazgo, sino destacar las actitudes espirituales que debe adoptar quien aspire a ejercer la función de guía hacia el Humanismo de la unidad. El ejercicio de tal función exige una serie de cualidades y actitudes que debemos conocer en pormenor para distinguir netamente la actividad del líder verdadero de la del falso. Este procura adquirir una figura atractiva con objeto de seducir a las gentes y lograr su adhesión. El que saca partido a esa imagen seductora para vencer al pueblo sin molestarse en convencerlo con razones sólidas se mueve en el plano de la mera apariencia, de la manipulación efectista, y opera en atención a su bien particular, no al bien de los demás. No merece el nombre de líder o guía, pues se mueve exclusivamente en el nivel 1, el propio de las actitudes egoístas que arrastran a las experiencias de vértigo.

1. Líderes verdaderos y líderes falsos

 

 

Autor: D. Alfonso López Quintás, Universidad Complutense

 

Cabe distinguir clases diversas de líderes en función de la actividad que ejercen, la preparación que tienen, la tendencia a defender la verdad o a propalar la falsedad, la meta que persiguen... Una persona puede ejercer funciones de líder en ámbitos diferentes -el familiar, el grupal, el nacional, el internacional...- y respecto a vertientes de la vida distintas: la económica, la artística, la política, la ética, la educativa, la religiosa...

 

·  Existe el líder político, que presenta un programa de acción, recluta adeptos y aspira al poder con el fin de modelar la sociedad de la forma que juzga más adecuada.

·  Un profesor está llamado también a ejercer un modo peculiar de liderazgo, ya que por vocación y profesión debe orientar a niños y jóvenes a descubrir las leyes de la vida personal, que son las normas que rigen los procesos creativos.

·  De modo análogo, deben ser líderes un sacerdote, un escritor, un padre de familia...

·  Quienes configuran la opinión pública a través del arte, la literatura, el pensamiento, los medios de comunicación social... pueden y deben ejercer función de líderes.

En sentido estricto, se entiende por líderes las personas bien dotadas que conocen profundamente la vida humana -vista como un nudo de relaciones- y saben ofrecer a los demás claves certeras de interpretación de la misma. Merced a tal orientación, otras personas menos formadas pueden desempeñar el papel de guías respecto a las personas y grupos de su entorno.

Aún sin contar con la preparación intelectual y las posibilidades de comunicación de los grandes líderes, multitud de personas sencillas se hallan en disposición de fundar a su alrededor, con su ejemplo y su palabra, un clima propicio al desarrollo de los seres humanos y al fomento del auténtico progreso. Con frecuencia, personas consideradas como líderes sociales se autodenominan "progresistas" al tiempo que entorpecen la marcha de los pueblos hacia su plenitud. Innumerables personas del pueblo se niegan, de forma tácita, a aceptar ese concepto de "progreso" y continúan configurando la vida diaria mediante una conducta regulada por valores elevados. Su experiencia cotidiana, inspirada en el buen sentido y en criterios morales y religiosos recibidos de sus mayores, les permite ver que el hombre progresa de veras cuando se ajusta a las exigencias de su propia realidad personal. Con su conducta callada, su voluntad de servicio y su actitud acogedora, estas personas sensatas pueden guiar eficazmente a otras hacia el Humanismo de la unidad y contribuir, así, a configurar la nueva época que autores eminentes nos están invitando a crear.

Muy a menudo, los líderes políticos dedican serios esfuerzos a cultivar su "imagen" con el fin de ser considerados como "carismáticos". Olvidan que el único carisma auténtico de un político consiste en ofrecer confianza. Y ésta es suscitada por la eficacia, la coherencia, la veracidad. El que se limita a aderezar su imagen para ejercer el arte de seducir al pueblo no es un líder auténtico; es, más bien, un embaucador, pues exalta a las gentes al tiempo que las somete a toda suerte de servidumbres espirituales.

Líder auténtico es el guía que orienta a alguien hacia lo que constituye un bien para su vida. Puede ser un bien parcial -de tipo económico, cultural, deportivo...-, o un bien que afecta al conjunto de su persona. El máximo bien de un ser humano es el desarrollo pleno de su personalidad.

Líder falso es el guía que conduce a las personas por vías que reducen su dignidad, amenguan sus defensas y las dejan a merced de los afanosos de poder. Esta actividad envilecedora puede afectar a ciertos aspectos concretos de la vida -económico, político, cultural...- o bien a lo esencial de la misma, a su sentido más hondo.

El líder verdadero promueve el poder creativo de las personas y contribuye, de este modo, a que se unan entre sí mediante la creación de estructuras fecundas. El líder falso procura restar capacidad creativa a las gentes, a fin de que pierdan libertad interior, por no ser capaces de interiorizar el deber, es decir, convertir en íntimas las normas que les vienen sugeridas de fuera. Esa falta de creatividad las lleva a depender de instancias externas y ajenas. Tal dependencia las gregariza y masifica.

He aquí una clave de interpretación de la vida humana: Cuando la actividad de un dirigente torna gregario al pueblo, estamos ante un líder falso. El guía verdadero otorga a las personas que lidera poder de discernimiento y de iniciativa, capacidad de ser autónomas y solidarias al mismo tiempo.

Se subraya, con frecuencia, la obligación que tenemos los ciudadanos de tomar iniciativas en la configuración de la vida comunitaria, pero apenas se destaca que el pueblo se convierte fácilmente en masa amorfa si no cuenta con guías bien intencionados que le ayuden a descubrir el ideal verdadero y dar, de este modo, impulso y sentido a su vida.

Si, por ejemplo, un profesional de los medios de comunicación moviliza el poder de que dispone con el fin exclusivo de aumentar la audiencia e incrementar sus beneficios, corre peligro de no cuidar la calidad de los productos que ofrece y convertirse en un antilíder. Líder auténtico no es sencillamente el que tiene capacidad de guiar a las gentes, sino el que las conduce a su pleno desarrollo, que constituye su bien, su auténtica meta. El ilusionista que tergiversa los conceptos y los vocablos para llevar a las personas a su particular molino ideológico priva a éstas de la capacidad de pensar con precisión y elegir lúcida y libremente el verdadero camino de su plenitud personal.

TRES TIPOS DE LÍDERES

 Alfonso López Quintás LIDERAZGO CREATIVO Hacia el logro de la excelencia personal Ediciones Nobel Oviedo 2004

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 Capítulo 10

 HABILIDADES DEL LÍDER

Para ejercer eficazmente la función de líder o guía se requieren ciertas habilidades o destrezas. Unas son comunes a toda forma de liderazgo. Otras vienen exigidas por los modos peculiares de ser líder.

 TRES TIPOS DE LÍDERES

Hay modos diversos de ejercer el liderazgo. Todos son nobles y fecundos, pero presentan rangos distintos según el grado de compromiso que implican, la preparación que exigen, el nivel de planteamiento que suponen. Agrupémoslos en tres niveles de rango ascendente.

 1. Liderazgo de nivel 1. Todos podemos y debemos ser líderes en el sentido de guiar a otros en un momento determinado, ofreciéndoles con el ejemplo una ruta fecunda a seguir. Si un profesor es fiel a sus obligaciones, se comporta de modo cordial y crea en la clase un clima de encuentro, está invitando a los alumnos con su conducta a acercarse al área de irradiación de diversos valores. Los guías hacia ellos de modo certero. Actúa como un verdadero líder. Para llevar a cabo esta tarea no necesita poseer un conocimiento profundo de la vida humana; le basta tener una sensibilidad fina para los valores y estar dispuesto a realizarlos en su vida.

2. Liderazgo de nivel 2. Esta forma de liderazgo cobra un valor más alto si, además de ofrecer a otras personas la luz que irradia el buen ejemplo, sabemos dar razón cumplida de la conveniencia de tomar tal dirección. Un amigo que se ve desorientado por haberse dejado arrastrar por un vértigo te pide consejo. No convive contigo y no puedes animarle con tu comportamiento a vivir de modo ordenado, abierto a la felicidad que otorga el encuentro y no fascinado por la euforia que produce el vértigo. Aleccionado por tu propia experiencia, le aconsejas que busque la felicidad por los caminos del éxtasis, no por los del vértigo, que lo llevarán a situaciones de total desvalimiento. El consejo es óptimo, pero debes pensar que en muchos casos cae en vacío. En primer lugar, el adicto sospecha que se halla al borde del abismo, pero no sabe precisar lo que le pasa por desconocer la articulación interna del proceso de vértigo que lo está succionando. Tu consejo le suena a algo consabido e inútil, porque no le abre posibilidad alguna de volver atrás y poner su vida en orden. No se ve con fuerzas para rehacer el camino y no logra comprender por qué, habiéndolo iniciado con tanta ilusión, se halla ahora en total desamparo. Pero suponte que sabes bien de dónde arrancan los procesos de vértigo y cuáles son sus distintas fases, y adviertes que esa persona se halla en la fase penúltima, la de la desesperación, en la que se ve incapaz de llevar una vida auténticamente personal ya que, al adoptar una actitud básica de egoísmo, anuló de raíz toda posibilidad de encuentro. Entonces verás claramente que la única solución posible para tu amigo es cambiar la actitud egoísta por la actitud de generosidad, lo que equivale a sustituir el ideal de servirse de los demás por el ideal de servir a los demás. Este cambio no le es fácil realizarlo, sobre todo en el ambiente que le llevó a la adicción patológica que sufre. De ahí la necesidad de cambiar de ambiente, salir del entorno que le inspira la actitud egoísta de buscar gratificaciones a cualquier precio e insertarse en otro donde sienta el influjo benéfico del ideal de la generosidad. No pocos drogadictos me confesaron que se hallaban en una situación límite, sin esperanza alguna de recuperarse, cuando una mano amiga los llevó a un centro de rehabilitación. Desde el principio notaron un cambio en su interior: "Aquí dentro -me decían- tenemos otra `filosofía´: nos ayudamos unos a otros y no paramos hasta levantar el ánimo de quien se halle bajo de moral. Fuera, nadie ayuda a nadie". El contraste entre los términos “fuera” y “dentro” es en estos centros dramático, pues tales términos aluden a lugares donde reinan dos ideales antagónicos: el ideal de la reclusión egoísta en sí mismo y el ideal de la unidad con los demás. La forma adecuada de ayudar a un adicto no es urgirle a que se aleje de lo que le arrastra, pues su problema consiste en que no tiene libertad interior para realizar ese acto de despego. Lo único eficaz es ir al origen de su adicción y procurar que cambie de ideal y de actitud básica ante la vida.

 3. Liderazgo de nivel 3. El que posee un conocimiento preciso de las distintas fases de los procesos de éxtasis y de vértigo y se lo transmite a otras personas realiza una labor de líder todavía más valiosa. Se trata de un liderazgo en primer lugar intelectual, pues pone empeño en aclarar las ideas. Ya sabemos que la corrupción de las costumbres suele comenzar por la corrupción de la mente y los conceptos. Ello explica el empeño de este tipo de líder en clarificar los conceptos básicos y subrayar la afinidad o la oposición que pueda haber entre ellos. Al descubrir el inmenso contraste que existe entre la desolación espiritual que produce el proceso de vértigo y el estado de felicidad a que nos conduce el proceso de encuentro -o de “éxtasis”-, el líder pone todo el corazón en la labor de magisterio que realiza y mueve las voluntades a tomar medidas. Ejerce con ello un liderazgo de la voluntad. Cuando describe la marcha de ambos procesos, destaca los sentimientos opuestos que éstos producen en nuestro interior. Los sentimientos de euforia, tristeza, angustia y desesperación provocados por el vértigo aparecen como un preludio de la destrucción final de la personalidad. En cambio, los sentimientos de alegría, entusiasmo, felicidad, paz, amparo interior y gozo festivo que suscita el proceso de éxtasis son los heraldos de la construcción de la personalidad a través del encuentro. Hacer ver que los distintos sentimientos son fuentes de luz para conocer cuál es nuestra situación interior en cada momento es llevar a cabo un liderazgo del sentimiento. Si queremos ejercer esta triple forma de liderazgo de modo eficaz debemos crear equipos de trabajo y preparar debidamente a sus miembros para desempeñar el papel de mediadores o transmisores. La realización de esta decisiva tarea exige dos habilidades básicas: 1ª) Saber elegir las personas idóneas y formarlas adecuadamente para que constituyan un equipo de colaboradores. 2ª) Poseer destreza en el arte de comunicar ideas, suscitar sentimientos y movilizar voluntades.

114 Tal clarificación es una de las tareas fundamentales de la Escuela de Pensamiento y Creatividad, proyecto educativo que estoy promoviendo desde 1987 en España e Iberoamérica mediante toda suerte de materiales. Entre ellos destacan, a este respecto, las obras siguientes: El libro de los grandes valores, BAC, Madrid 2013; Inteligencia creativa. El descubrimiento personal de los valores, o. c., (véanse, especialmente, las páginas 463-467). 153

martes, 22 de abril de 2025

EL MÉTODO EN LOS MÉTODOS QUINTASIANOS

 o en los métodos

EL MÉTODO EN LOS MÉTODOS QUINTASIANOS

El objeto de este artículo es presentar una síntesis creativa de la génesis del método

formativo propuesto por el principal representante del personalismo filosófico en España:

Alfonso López Quintás. Un método que es fruto de toda una vida dedicada al estudio,

investigación y puesta en práctica de un trabajo que ha sido, es y será fuente de inspiración

de muchos otros métodos, o para ser más precisos, de diversas metodologías aplicadas.

Porque, como proponemos en este trabajo, lo superobjetivo de este método

integra de forma armónica los elementos esenciales del pensamiento quintasiano, constituyendo

una base antropológica verdadera donde asentar las aplicaciones posibles a

cualquier actividad humana. De ahí su fecundidad pedagógica.

Este método, además, precisa ser encarnado por la persona que lo descubre, no basta

con conocerlo o estudiarlo, es necesario hacerlo vida para poder transmitirlo de manera

creativa, adentrarse en la riqueza de lo real y poder así acompañar a otros en sus propios

descubrimientos personales.

Autor:

GONZÁLEZ IGLESIAS, Sonia M.

Universidad Francisco de Vitoria

s.gonzalez@ufv.es

DE LA CALLE MALDONADO, Carmen

Universidad Francisco de Vitoria

m.calle@ufv.es

El método quintasiano es un método realista, a la medida del ser humano y de la realidad.

Este método nos proporciona un camino seguro para nuestro crecimiento hacia la plenitud,

siendo imprescindibles dos decisiones previas: querer entrar en el juego de la vida y de las

experiencias genuinamente humanas, y formarse en el arte de pensar y vivir creativamente.

En este artículo partimos de la permanente preocupación por el método como una constante

que atraviesa toda la vida y el pensamiento de López Quintás, algo que él mismo concibe

como una auténtica vocación.

A continuación, analizamos el método en los métodos: un método para el encuentro y la

unidad, que exige como requisito previo una mirada profunda, y que apunta la responsabilidad

del guía que acompaña, desde la disimetría en el encuentro. Terminamos con un sincero agradecimiento que brota de compartir la experiencia de haber vivido, en primera persona y en

comunidad, la fecundidad de este método.

Este trabajo se articula en tres apartados (González Iglesias 2015)1:

1. Una verdadera vocación: superar la emergencia educativa

2. El método de los métodos: un método para el encuentro y la unidad

3. Agradecimiento y reconocimiento desde la experiencia de este método.

 

1.       Una verdadera vocación: superar la emergencia educativa

Alfonso López Quintás es referente por sus investigaciones sobre metodología filosófica,

principalmente en sus primeras obras, y es conocido a nivel internacional por su aplicación a

temas pedagógicos. Sacerdote mercedario, ha dedicado y ofrecido su vida a la formación de

la juventud, movido por el deseo de liberarla de la manipulación y del bloqueo intelectual en el

1 Este artículo es parte de la investigación realizada por Sonia González Iglesias, «El poder transfigurador del encuentro en el desarrollo integral del adolescente. Una propuesta desde el método de López Quintás» (Tesis Doctoral, Universidad Francisco de Vitoria, 2015)

que se ve inmersa, y que le impide llegar a su plenitud de vida. Con una clara vocación: superar

con contundencia la emergencia educativa, sin paralizarse en su diagnóstico, sino ofreciendo

un método probado que se dirige «no tanto a enseñar contenidos cuanto a ayudar a

niños y jóvenes a descubrir claves de orientación» (López Quintás 2011).

Esta inquietante emergencia educativa fue denunciada explícitamente por Benedicto XVI en

el 20072, pero encierra una honda y justificada preocupación por la educación desde hace ya

varias décadas, que supera las fronteras del ámbito eclesial. La crisis educativa se convierte

en problemática porque no se reduce a una carencia de conocimientos en las diferentes áreas

del saber, relativamente fácil de resolver con una mayor exigencia, sino sobre todo porque

supone una grave falta de formación humanista. Es una crisis por no saber ni poder transmitir

los valores y principios vitales que ayuden a cada persona a crecer, y que sustenten las relaciones

entre los hombres.

López Quintás afina aún más y apunta hacia la principal causa que desencadena esta profunda

crisis: un nivel muy bajo en cuanto al modo de pensar y relacionarse con la realidad.

Denuncia que en la actualidad se estudian las realidades más elevadas y valiosas, como las

relaciones o encuentros interpersonales propias de los niveles 2, 3 y 4, con conceptos tomados

de las realidades más elementales, el de los objetos propios del nivel 1. Es imprescindible

estudiar cada realidad conforme a su modo de ser, y aprender a relacionarse con los diferentes

niveles de la realidad, desde su propia lógica, desde la verdad.

De ahí la urgencia a actuar de forma enérgica, buscando respuestas «que vayan a la raíz del

problema y planteen el tema educativo sobre nuevas bases, más sólidas y fecundas» (López

Quintás 2011). En el profesor López Quintás no hay fisura ni en la esperanza de que hay respuesta

a esta grave crisis educativa, ni en su compromiso vital por ofrecer y compartir su

propuesta formativa con todos aquellos que quieran desarrollarla. Esta opción vital, supuso la

renuncia a su pasión por la música y la literatura que marcarán su posterior proyección pedagógica.

Experimentó con claridad una llamada, porque:

el método es quehacer ineludible en épocas de crisis o, si se prefiere, en épocas

cruciales como las de ahora […]. Si queremos sobrenadar en el mar de equívocos

en que naufraga gran parte de nuestro pensamiento actual, debemos saber

no solo adónde va, sino de dónde viene, en qué suelo hinca raíces nuestra

forma de pensar (López Quintás 1975b, 16).

A esta vocación respondió con ahínco y con trabajo esforzado. Dedicó varios años a leer

más de un centenar de obras significativas del momento, con una «paciente labor de oteo de

2 «Hoy cualquier labor de educación parece cada vez más ardua y precaria. Por eso, se habla de una gran “emergencia educativa”, de la creciente dificultad que se encuentra para transmitir a las nuevas generaciones los valores fundamentales de la existencia y de un correcto Comportamiento». Benedicto XVI, Discurso en la inauguración de los trabajos de la Asamblea Diocesana de Roma, Ciudad del Vaticano, AAS 99

(2007) 678-686.

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principios metodológicos» (López Quintás 1975b, 16). En esta tarea, como veremos en el

siguiente apartado, su mirada en profundidad, realista y dialógica jugará un papel decisivo para

el análisis de autores de gran calado intelectual 3, y la concepción de su nuevo método.

Para López Quintás, la importancia del método es esencial, no es meramente instrumental,

por ser medio en que se nos revela la importancia ontológica de la realidad con la que nos

relacionamos. Es, ante todo, «una actitud flexible del espíritu que se pliega inteligentemente a

las exigencias de lo real» (López Quintás 1963a, 30). El contacto con la realidad y su verdad

nos dará el método exacto, es más, nos lo exigirá.

Toda mi labor metodológica está impulsada por la convicción de que el hombre

logra su plenitud humana —y correlativamente la madurez gnoseológica—,

cuando se abre a la realidad con un tipo de apertura de participación por vía de

inmersión creadora; cocreadora de los ámbitos de interacción que surgen en

los fenómenos antropológicos de encuentro, en los actos de creación y contemplación

estética, en toda afirmación humana rigurosa… Lo decisivo en teoría

del conocimiento es la entrega a lo real a los niveles de hondura a que debe

moverse el hombre debido a la densidad entitativa de su ser (López Quintás

1963b, 34-55).

Esta cita del autor enmarca de manera sintética su pensamiento y muestra su preocupación

por una fenomenología del conocimiento que describa fielmente los diversos modos de acceso

a los diferentes estratos del ser, entre ellos, al superobjetivo. Señala la necesidad de una visión

analéctica, jerárquica-vertical 4, para este nivel de realidad más alto.

Desde esta perspectiva, se puede comprender perfectamente el fracaso del espíritu

moderno, que tenía como único y seguro método de conocimiento el físico-matemático. Necesario para conocer las realidades objetivas, pero insuficiente a todas luces para acceder a las

realidades superobjetivas. López Quintás supera esta insuficiencia aclarando la naturaleza de

la categoría existencial de inobjetivo, y proponiendo una nueva nomenclatura más acorde a

ella: lo superobjetivo, de superioridad ontológica a lo objetivo, por superabundancia de ser. Lo

superobjetivo es real, «tan inmediato y más que lo objetivo, pues la inmediatez que establece

entre objeto y sujeto es de grado superior. Por eso es suprarracional, no irracional» (López

Quintás 1963a, 200).

Aboga por una teoría del conocimiento renovada, en la que lo decisivo «es la entrega a lo

real, a los niveles de hondura a que debe moverse el hombre debido a la densidad entitativa de

su ser» (López Quintás 1963b, 34-35), logrando que el pensamiento «haga pie en el mundo a

la par flexible y firme de lo superobjetivo: el planteamiento de los problemas se orienta hacia

3 Entre ellos, destacamos Ferdinand Ebner, Romano Guardini, Xavier Zubiri, Gabriel Marcel, Martin Heidegger,

Martin Buber.

4 «Intuición entendida como una capacidad intelectual de penetración inmediata-indirecta en las realidades profundas, es decir, en los seres dotados de “poder ontológico de expresión”. Esta capacidad podría definirse como “el sexto sentido de lo expresivo”» (López Quintás 1963a, 388)

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un modo de trascendencia vertical o jerárquica, que resuelve las paradojas de la dialéctica

horizontal en armonía analéctica» (López Quintás 1963a, 25).

Se apunta ya la intuición intelectual inmediata-indirecta, expresión acuñada por López

Quintás, que está llamada a descubrir los diferentes niveles de realidad, evitando encallar en la

superficie y llegando por vía analéctica a lo trascendente. Comenzará una seria preocupación

por definir un método que alcance lo superobjetivo, que permita penetrar en la profundidad de

lo real, armonizando por vía jerárquica lo objetivo y superobjetivo, la teoría y la práctica, la

reflexión y la acción, la razón y la vida.

Este ha sido y sigue siendo a sus 92 años, el propósito vital y profesional de López Quintás, al

que se ha dedicado con auténtica vocación y firme convicción: «Tengo mucha confianza en el

método que sigo», sus vídeos acumulan más de millón y medio de visualizaciones en youtube (Calderero de Aldecoa 2020) por no hablar de ingente producción científica y de la Escuela de Creatividad, en la que se han formado ya varias generaciones de filósofos, educadores y humanistas.

3. El método en los métodos: un método para el encuentro y la unidad

En la actualidad educativa, nos encontramos sin duda ante un gran reto metodológico,

pedagógico y relacional. La respuesta de López Quintás es el método por vía de descubrimientos,

que se interiorizan y aprenden por propia experiencia, desde la vida y para la vida, y que

desencadenan una serie de transfiguraciones «que culminan en el encuentro y en el ideal de la

unidad. Estos dos acontecimientos determinan nuestro desarrollo ético» (López Quintás 2014,

XXXVIII). Este método se ha aplicado y se está aplicando en numerosos ámbitos, como el de

la medicina, la arquitectura, la empresa, la universidad, los centros educativos y especialmente

en el amplísimo ámbito pedagógico de la ética y la estética. Todos ellos con un denominador

común que los inspira y los hace posible, y que presentamos en este apartado.

3.1. Un requisito previo: la mirada quintasiana

«Nuestra primera tarea es aprender a mirar» (López Quintás 2009, 36). Tarea ineludible en

el proceso de crecimiento del ser humano, y elemento indispensable en el método propuesto

por López Quintás. En su última publicación (López Quintás 2019, 96-97), obra culmen por ser

la síntesis de su pensamiento y de su vida, vuelve a recalcar la necesidad vital de ejercitar una

mirada profunda, comprometida. Siendo conscientes de que la categoría de lo profundo es

una «caracterización ontológica» (López Quintás 2009, 293), no una mera adjetivación. Una

mirada que va más allá de una actividad intelectual que maneja o confronta conceptos. Es

una manera de participar de la realidad, que «perfecciona insospechadamente nuestra capacidad

cognoscitiva y favorece nuestro proceso de ascenso» (López Quintás 2019, 97).

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Al entender de López Quintás, la mirada a la realidad es profunda «cuando penetramos en

sus implicaciones más hondas y valiosas. Para lograr este tipo de penetración debemos aceptar

que existe una intuición intelectual inmediata e indirecta» (López Quintás 2014, 357).

En una frase sintetiza sus descubrimientos filosóficos más relevantes: la profundidad de la

realidad, la presencia de lo superobjetivo en lo objetivo, la capacidad del ser humano para

descubrir esta riqueza y la necesidad de un método adecuado a ella. Si el punto de partida de

filosofar es lo profundo, se necesita una nueva teoría de conocimiento integral que armonice

intuición y discurso, conocimiento y amor. Falta, a juicio de López Quintás, «un estudio temático

del conjunto de categorías que implica el fenómeno de encuentro, que lejos de ser inconsciente,

es algo superconsciente» (López Quintás 1963a, 361). Y todo ello pende de la

responsabilidad de ejercitar una mirada profunda, para ganar una capacidad de penetración

inédita (cf. López Quintás 2014, 357-64):

— Nos eleva al nivel de los ámbitos y nos descubre el carácter originario de las experiencias

reversibles, que culminarán en el encuentro.

— Nos desvela nuestra capacidad de ambitalizar y de ambitalizarnos, de transfigurar y

transfigurarnos, en clave personal, abriendo un camino de perfección de toda la persona,

integrando su sensibilidad.

— Es una mirada analéctica y dialógica, atendiendo a la vez a varios niveles de realidad e

integrándolos de forma armónica y jerárquica. Es realista, participativa y comprometida.

Es esencial desvelar la diferencia entre ver y mirar (Sonia M.a González Iglesias y Carmen

de la Calle Maldonado 2020, 196). Como afirmaba Guardini, «yo decido cómo miro, según

cómo quiero vivir las cosas» (Guardini 2000, 201). Entra en juego nuestra libertad y con ella,

nuestra responsabilidad. Según miramos, nos relacionamos, vivimos. Para pasar del «ver» al

«mirar con profundidad» hemos de elevarnos al nivel relacional, para escrutar la realidad desde

una actitud reverencial, capaz de descubrir en ella toda su verdad y su riqueza. Pasar de una

mirada limitante, que seduce o controla, a una mirada honda, que no se quede en las apariencias

y penetre hasta la riqueza de lo real (López Quintás 2014, 612-13). Una mirada posibilitadora

que confía, verdadera.

En este sentido, podemos afirmar que la primera tarea educativa es transfigurar nuestra

visión, pasar del ver al mirar con verdad. Es una tarea ineludible en cualquier proceso de crecimiento y elemento indispensable para el encuentro. Todos hemos tenido la experiencia de

esas miradas capaces de sacar lo mejor o lo peor de nosotros mismos. La mirada tiene tal

impacto formativo porque me revela el significado del otro y de la realidad, lo que tú eres para mí.

Es, además, sello de identidad, la síntesis de cada persona. Según miramos, nos relacionamos.

Nuestra misión, nuestra vida y la de los demás, queda condicionada por nuestra manera de mirar.

Es imprescindible reconocer su poder transformador en cualquier relación, más aún en la educativa

(González Iglesias y De la Calle Maldonado 2019). Mirar y dejarse mirar de esta manera son

experiencias reversibles que despiertan y movilizan hacia el descubrimiento de la verdad.

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En síntesis, estamos ante el reto de desplegar nuestra genuina capacidad de mirar la realidad:

profunda, ampliada y de largo alcance5 (López Quintás 2014, 612-13) penetrando en la

riqueza ontológica de la realidad sin encallar en reduccionismos o en el cortoplacismo.

3.2. El método en los métodos de López Quintás

En el año 2003 se publicó un merecido libro homenaje dedicado a López Quintás con

motivo de su jubilación, tratando de mostrar

«la fecundidad de los cuatro métodos que ha elaborado y que inspiran buena

parte de su labor intelectual y pedagógica:

— El método para comprender por dentro, genéticamente, el desarrollo de la

persona humana a través de doce descubrimientos […].

— El método para analizar obras literarias de calidad de tal forma que constituyan

una fuente de formación ética […].

— El método para descubrir el poder formativo del arte, singularmente la

música […].

— Método para convertir cada área de conocimiento en una fuente de formación

humana y transformar a los profesores en verdaderos formadores de la

personalidad de los alumnos» (Almacellas Bernadó 2003b, 13-14).

Cada uno de estos métodos originaron un libro ad hoc, y eso podría llevarnos a afirmar que hay

tantos métodos como aplicaciones pedagógicas posibles del pensamiento de López Quintás. Ahora

bien, ¿hablamos de métodos o de metodologías aplicadas a diferentes realidades humanas?6

Tras el estudio riguroso de su pensamiento, nos atrevemos a proponer que hay un solo

método quintasiano, sistemático y constelacional, que integra de forma armónica los elementos

esenciales de su pensamiento, con un lenguaje propio que lo adensa y que le da expresividad

encarnada: a) su mirada profunda y analéctica que «ambitaliza» la realidad y sus diversos

niveles; b) la actitud lúdico-ambital de respeto, estima y colaboración; c) los descubrimientos

de las experiencias reversibles, de los encuentros, de los valores y principalmente del ideal de

la vida, transfigurando una y otra vez tanto la realidad como la actitud respecto de ella.

Este método ha surgido «al contacto con el objeto de conocimiento, que en el caso del

hombre es primariamente superobjetivo» (López Quintás 1963a, 31). Es un método realista,

responde a la naturaleza del ser humano y como tal, es superobjetivo también. No solo alcanza

lo superobjetivo, sino que el método, en sí mismo, lo es.

5 Nos recuerda a las tres cualidades básicas que López Quintás enfatiza para la inteligencia: «largo alcance, amplitud y penetración» (López Quintás 2002, XVII).

6 La palabra «metodología» viene del griego y está compuesta por methodos (método) y logia (ciencia o estudio de). La metodología se puede entender como aquella que estudia el método a aplicar. «Método» está formada por meta (afuera o más allá) y hodos (camino o viaje). Método significa más allá del viaje, e incluye no sólo el camino sino la manera de caminar (Diccionario etimológico español).

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Ya sabemos que lo superobjetivo integra por elevación el carácter objetivo y ambital de la

realidad. Por ello afirmamos que la parte objetiva del método está constituida por todas y cada

una de las aplicaciones posibles a cualquier actividad humana. En el momento en que se escribió

el libro-homenaje en 2003, se habían formulado ya cuatro formas de aplicarlo, altamente

pedagógicas. Pero en la actualidad, podríamos hablar también de la aplicación de su método

al ámbito de la empresa, de la arquitectura, de la medicina, de la educación secundaria, la

psicología, etc. En todas ellas hay y habrá una presencia supra-actual de la metodología quintasiana

(López Quintás 2014, 27-29).

Este método ofrece una base antropológica donde asentar el desarrollo de la persona en

cualquiera de sus facetas. No es un conjunto de técnicas, es una vía de ascesis, aunque disponga

también de herramientas pedagógicas. Estamos ante una verdadera pedagogía del

descubrimiento y del encuentro (Corral Bustos 2003, 205), encarnada en un método con tres

características esenciales:

— Método genético-interactivo: permitiéndonos conocer la realidad por dentro y de

forma dialogada.

— Método en espiral: cada vez más amplio y profundo, ejercitando nuestro pensamiento

relacional.

— Método experiencial: un conocimiento por experiencia propia, donde brotará un descubrimiento siempre renovado, personal y con sentido para la vida concreta de quien lo

pone en práctica.

En cuanto a la terminología, las nomenclaturas más conocidas son: el método de los doce

descubrimientos, aplicado al desarrollo humano, y el método lúdico-ambital, aplicado al análisis

de obras artísticas, musicales y literarias. Si ejercitamos nuestra mirada profunda, constatamos

que ambos métodos se envuelven, están implícitos uno en el otro, no son distintos en

esencia, pero sí en la forma de ser aplicados. Este entreveramiento se aprecia con especial

claridad en las relaciones interpersonales. Al entrar en juego con las personas, necesitamos

tanto una actitud lúdica como un conocimiento preciso y profundo tanto del valor de su dignidad

como de la vía del crecimiento humano. Si queremos desplegar los doce descubrimientos,

será indispensable actuar nuestra actitud lúdica.

En los últimos años el autor se inclina por la denominación del método por vía de descubrimiento.

7 Integra la teoría del juego, de la creatividad y del encuentro. Estamos ante un método

filosófico aplicado «a ciertas cuestiones pedagógicas de primordial importancia» (Almacellas

Bernadó 2003a, 192). En este trabajo, hablamos también de un método para el encuentro y la

unidad, para explicitar también en el nombre su carácter teleológico.

7 Se trata de un método por vía de descubrimiento, que subraya la importancia del descubrir como nuevo paradigma educativo, superando la enseñanza como algo externo, distante y extraño al alumno

(cf. López Quintás 2015).

131

Los momentos de encuentro significan «momentos de plenitud existencial siempre creciente,

y por tanto de patentización singular y de verdad» (López Quintás 1963b, 140), del ser:

son momentos donde cada ser, cada persona, se revela esencialmente, alcanzando su pleno

autodespliegue. «La verdad es adecuación al objeto-de-conocimiento visto no de forma estática

sino en su despliegue plenificante» (López Quintás 1963b, 140).

Verdad es entonces «adecuación al proceso ambitalmente creador de la realidad» (López

Quintás 1963b, 140) y nos dispone al encuentro con el mismo ser del hombre. Enraizarnos en

el ser, quizás éste sea el fruto más fecundo del encuentro, y la fuente de todas las demás transfiguraciones.

De esta forma, la experiencia metafísica puede tomar «carácter de encuentro,

para situarla en un plano personal, liberándola del objetivismo o subjetivismo […]. La tarea que

nos ocupa es más amplia y radical: descubrir allende lo objetivo el reino de lo “inobjetivo”

(Jaspers, Marcel)» (López Quintás 1997, 243).

La vía de acceso a la metafísica, al encuentro con el ser y su misterio, es un camino de

transfiguraciones, de crecimiento, y como camino, es gradual. En ese camino, cada nivel

de realidad es importante y necesario, y nos dispone para elevarnos al siguiente, integrándose

con y en él. Desde el nivel 2 se abre la puerta a una metafísica encarnada. Aún queda un tramo

de recorrido importante, pero estar instalados en el nivel 2 es un paso significativo, porque

eleva al ser humano a su hábitat natural, al ámbito que es propio.

Tal perfeccionamiento simultáneo de nuestra realidad personal nos dispone la

mente y el ánimo para abordar el estudio de la metafísica como una forma de

participación en el ser, tipo de experiencia muy elevada, y precisamente por

ello, sumamente fértil para nuestra vida diaria, no como una abstracción fría y

estéril (López Quintás 2014, 860).

El encuentro es camino sensato y cabal para una metafísica experiencial, y abre la puerta

a la experiencia religiosa o participación en el misterio de Dios, adentrándonos ya en el nivel 4.

El método que propone López Quintás conforma un paradigma nuevo en el que el ser

humano puede llegar a comprenderse y explicarse con rigor, realismo, firmeza y al mismo

tiempo puede transformar su modo de vivir y actuar, elevándole al nivel de la unidad. Pensar

con rigor y vivir creativamente van de la mano, si entramos en el juego del encuentro. En reiteradas ocasiones el autor habla de la eficiencia de su nuevo método, único en el panorama

educativo. La eficiencia en el sentido guardiniano: la que da sentido, la que lleva a la verdad y

al bien.8 En definitiva, la que unifica al hombre.

La seguridad de López Quintás en esta eficiencia es doble. Por un lado, ha estudiado en

profundidad al hombre, clarificando la naturaleza humana desde su raíz y fundamentando con

exigencia de orfebre una metodología que se pliega inteligentemente a las exigencias particulares

de este objeto-de-conocimiento ambital per eminentiam. Por otro, ha constatado que este

8 «Hay dos tipos de eficiencia: por un lado, la de la fuerza inmediata, la de la capacidad de dominar y poner orden; por otro, la del sentido, la verdad, el bien» (Guardini 2006, 95).

132

método ilumina, transfigura e instala al ser humano en el camino del éxtasis, a través de su

propia experiencia personal y la de miles de personas con las que ha podido compartir esta

intuición metodológica.

Queda así ampliado el concepto de realidad y, con ella, el concepto del hombre, de la experiencia

humana y de su razón. Superando tanto el objetivismo como el individualismo a través

de un método que penetra lo real y alcanza por elevación lo superobjetivo. Supone también una

renovación de la metafísica y la antropología desde una nueva fenomenología de la experiencia

humana. De todo ello podemos afirmar que el método quintasiano está profundamente arraigado

en un fundamento antropológico, epistemológico y metafísico, y es presentado con una

sencillez pedagógica que posibilita su compresión cada vez con mayor hondura.

Para concluir este apartado, es necesario destacar la importancia del formador en este método:

se necesita un formador que, más que demostrar verdades, enseñe «a los discípulos a habérselas

con la realidad, a reconocer que el hombre no está arrojado frente a otras realidades, sino que se

encuentra implantado entre realidades, religado en su raíz» (Corral Bustos 2003, 205). De esta

manera, el formador se convierte en pieza esencial, guía privilegiado en el camino de crecimiento

del formando. Su tarea es primordial, para «exponer experiencias reversibles eminentemente creativas,para iluminarlas y sostenerle en las decisiones y, sobre todo, para acreditar con su propia vida que este camino es posible» (Sonia M.a González Iglesias y Carmen de la Calle Maldonado 2020, 195). Sin olvidar en ningún momento que corresponde al propio educando recorrer el tramo entre lo que es y lo que está llamado a ser,9 como autor, no mero actor, de su propia vida.

«Un buen maestro es, por ello, un tesoro incalculable para el alumno» (Domínguez Prieto

2003, 31). Podemos afirmar que el método lo encarna y lo hace visible el propio formador. La

vida de los formandos no tiene como respuesta solo unos contenidos o una metodología innovadora.

La respuesta es otra vida: la de aquel que le acompaña y que se pone en camino con

gratuidad y comprometido con el destino de su acompañado. Al fin y al cabo, lo que López

Quintás ha supuesto en la vida de sus discípulos, y de muchos otros: él mismo es el método,

vive como piensa, y piensa como vive.

4. Agradecimiento y reconocimiento desde la experiencia de este método

Lo que importa a la Humanidad es que haya mentes de largo alcance que se

anticipen y tracen coordenadas que orienten la acción de los hombres. La

genialidad, aun siendo un don, algo recibido y en el fondo inexplicable, es una

fortaleza que solo se rinde al trabajo esforzado, constante y humilde. Todo

genio es un servidor (López Quintás 1975a, 24).

9 Guardini vincula la imagen de la persona, aquello que hay en ella de inmutable, logrado y perfecto, con su proceso de autoafirmación, el modo dinámico y creador de la perduración de esta imagen. Para ello, se requiere una visión de lo real en profundidad, ejercitar nuestro pensamiento relacional (cf. López Quintás 1966, 216).

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Sin pretenderlo, don Alfonso escribe así su tarjeta de presentación y sintetiza la misión en

la que ha crecido y ha hecho crecer. Sus palabras nos permiten hacer un esbozo de su semblanza:

hombre que consciente del don recibido, con esa mirada profunda, intuitiva y de largo

alcance tan característica en él, no ha dejado de entregarse con suma responsabilidad para

servir a los demás, buscando sin descanso proponer claves de orientación que iluminen su

camino de crecimiento hacia la plenitud.

Un hombre coherente e integrado en su pensar y vivir, un hombre ambitalizado y ambitalizante,

un hombre de encuentros, con sus alumnos, con sus colegas, con la realidad, con Dios.

Es revelador escucharle decir, a sus casi 92 años, que se encuentra en su mejor momento para

escribir y para transmitir, y está entusiasmado buscando nuevas mareas de encontrarse con el

joven de hoy. Sin duda es un hombre de servicio, y ha comprometido cada minuto de su existencia

para hacer la nuestra más humana, más plena.

En nuestros días, tenemos un reto muy particular entre manos: asentar las bases del Humanismo

de la unidad y del encuentro (López Quintás 2002, 131). Ya son muchas las décadas en las

que el personalismo ha predicado esta verdad esencial sobre la persona humana. Y, sin embargo,

aún nos hallamos «a medio camino entre la objetividad abandonada y la superobjetividad presentida

» (López Quintás 1963a, 26). De hecho, nos descubrimos demasiadas veces en una lógica y

actuación propia del nivel 1, que contrasta con la claridad y el convencimiento intelectual de que el encuentro es nuestro elemento natural, nuestro hábitat. No hemos podido ni sabido aún superar la fragmentación de saberes, de experiencias, de facultades personales. Vivimos separados, interior y exteriormente, con una fractura interior y distanciados de los demás y de la misma realidad.

El método que propone López Quintás conforma un paradigma nuevo en el que el ser

humano puede llegar a comprenderse y explicarse con rigor, realismo, firmeza y, al mismo

tiempo, pueda transformar su modo de vivir y actuar, elevándose al nivel de la unidad. Pensar

con rigor y vivir creativamente van de la mano, si entramos en el juego del encuentro. No podemos dejar de enfatizar que la importancia de este método radica, en que nos desvela una

manera de ser y de estar ante la realidad con mayor verdad. De ahí su fecundidad y su capacidad

de unificar al ser humano.

Somos testigos de esta fecundidad y del gran legado que López Quintás deja a través de

los maestros que se han formado en su escuela, en España y en toda Latinoamérica. Estamos

convencidas de que este método quintasiano ha generado una espiral virtuosa de crecimiento

y creatividad, no solo por la multitud de aplicaciones que tiene en los distintos ámbitos del

saber, sino principalmente por cómo es vivido por aquellos que, como su maestro, encarnan

el arte de descubrir la grandeza de la vida.

Queremos destacar el profundo agradecimiento que debemos al autor todos

cuantos nos esforzamos por un adecuado método de acceso a lo auténticamente

espiritual (Manzana Martínez de Marañón 1966, 238).

Nos unimos a estas palabras de José Manzana, y agradecemos a don Alfonso López Quintás

su labor investigadora y su capacidad pedagógica, un maestro de maestros que ha creado

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escuela y ha hecho accesible, de un modo sencillo, amable y entusiasmante, sus profundos y

rigurosos descubrimientos filosóficos.

Somos responsables de seguir acompañando a otros en su descubrimiento personal del

método de don Alfonso Quintás, tomando el testigo que él mismo nos pasa en mano y en vida,

desde un profundo agradecimiento y admiración, con mucho rigor, pasión y trabajo. En definitiva,

lo que de él hemos aprendido y seguimos aprendiendo.

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