Alfonso López Quintás LIDERAZGO CREATIVO Hacia el logro de la excelencia personal Ediciones Nobel Oviedo 2004
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HABILIDADES DEL LÍDER
Para ejercer eficazmente la función de líder o guía se
requieren ciertas habilidades o destrezas. Unas son comunes a toda forma de
liderazgo. Otras vienen exigidas por los modos peculiares de ser líder.
TRES TIPOS DE LÍDERES
Hay modos diversos de ejercer el liderazgo. Todos son nobles
y fecundos, pero presentan rangos distintos según el grado de compromiso que
implican, la preparación que exigen, el nivel de planteamiento que suponen.
Agrupémoslos en tres niveles de rango ascendente.
1. Liderazgo de nivel
1. Todos podemos y debemos ser líderes en el sentido de guiar a otros en un
momento determinado, ofreciéndoles con el ejemplo una ruta fecunda a seguir. Si
un profesor es fiel a sus obligaciones, se comporta de modo cordial y crea en
la clase un clima de encuentro, está invitando a los alumnos con su conducta a
acercarse al área de irradiación de diversos valores. Los guías hacia ellos de
modo certero. Actúa como un verdadero líder. Para llevar a cabo esta tarea no
necesita poseer un conocimiento profundo de la vida humana; le basta tener una
sensibilidad fina para los valores y estar dispuesto a realizarlos en su vida.
2. Liderazgo de nivel 2. Esta forma de liderazgo cobra un
valor más alto si, además de ofrecer a otras personas la luz que irradia el
buen ejemplo, sabemos dar razón cumplida de la conveniencia de tomar tal
dirección. Un amigo que se ve desorientado por haberse dejado arrastrar por un
vértigo te pide consejo. No convive contigo y no puedes animarle con tu
comportamiento a vivir de modo ordenado, abierto a la felicidad que otorga el
encuentro y no fascinado por la euforia que produce el vértigo. Aleccionado por
tu propia experiencia, le aconsejas que busque la felicidad por los caminos del
éxtasis, no por los del vértigo, que lo llevarán a situaciones de total
desvalimiento. El consejo es óptimo, pero debes pensar que en muchos casos cae
en vacío. En primer lugar, el adicto sospecha que se halla al borde del abismo,
pero no sabe precisar lo que le pasa por desconocer la articulación interna del
proceso de vértigo que lo está succionando. Tu consejo le suena a algo
consabido e inútil, porque no le abre posibilidad alguna de volver atrás y
poner su vida en orden. No se ve con fuerzas para rehacer el camino y no logra
comprender por qué, habiéndolo iniciado con tanta ilusión, se halla ahora en
total desamparo. Pero suponte que sabes bien de dónde arrancan los procesos de
vértigo y cuáles son sus distintas fases, y adviertes que esa persona se halla
en la fase penúltima, la de la desesperación, en la que se ve incapaz de llevar
una vida auténticamente personal ya que, al adoptar una actitud básica de
egoísmo, anuló de raíz toda posibilidad de encuentro. Entonces verás claramente
que la única solución posible para tu amigo es cambiar la actitud egoísta por
la actitud de generosidad, lo que equivale a sustituir el ideal de servirse de
los demás por el ideal de servir a los demás. Este cambio no le es fácil
realizarlo, sobre todo en el ambiente que le llevó a la adicción patológica que
sufre. De ahí la necesidad de cambiar de ambiente, salir del entorno que le
inspira la actitud egoísta de buscar gratificaciones a cualquier precio e
insertarse en otro donde sienta el influjo benéfico del ideal de la
generosidad. No pocos drogadictos me confesaron que se hallaban en una
situación límite, sin esperanza alguna de recuperarse, cuando una mano amiga
los llevó a un centro de rehabilitación. Desde el principio notaron un cambio
en su interior: "Aquí dentro -me decían- tenemos otra `filosofía´: nos
ayudamos unos a otros y no paramos hasta levantar el ánimo de quien se halle
bajo de moral. Fuera, nadie ayuda a nadie". El contraste entre los
términos “fuera” y “dentro” es en estos centros dramático, pues tales términos
aluden a lugares donde reinan dos ideales antagónicos: el ideal de la reclusión
egoísta en sí mismo y el ideal de la unidad con los demás. La forma adecuada de
ayudar a un adicto no es urgirle a que se aleje de lo que le arrastra, pues su
problema consiste en que no tiene libertad interior para realizar ese acto de despego.
Lo único eficaz es ir al origen de su adicción y procurar que cambie de ideal y
de actitud básica ante la vida.
3. Liderazgo de nivel
3. El que posee un conocimiento preciso de las distintas fases de los procesos
de éxtasis y de vértigo y se lo transmite a otras personas realiza una labor de
líder todavía más valiosa. Se trata de un liderazgo en primer lugar
intelectual, pues pone empeño en aclarar las ideas. Ya sabemos que la
corrupción de las costumbres suele comenzar por la corrupción de la mente y los
conceptos. Ello explica el empeño de este tipo de líder en clarificar los
conceptos básicos y subrayar la afinidad o la oposición que pueda haber entre
ellos. Al descubrir el inmenso contraste que existe entre la desolación
espiritual que produce el proceso de vértigo y el estado de felicidad a que nos
conduce el proceso de encuentro -o de “éxtasis”-, el líder pone todo el corazón
en la labor de magisterio que realiza y mueve las voluntades a tomar medidas.
Ejerce con ello un liderazgo de la voluntad. Cuando describe la marcha de ambos
procesos, destaca los sentimientos opuestos que éstos producen en nuestro
interior. Los sentimientos de euforia, tristeza, angustia y desesperación
provocados por el vértigo aparecen como un preludio de la destrucción final de
la personalidad. En cambio, los sentimientos de alegría, entusiasmo, felicidad,
paz, amparo interior y gozo festivo que suscita el proceso de éxtasis son los
heraldos de la construcción de la personalidad a través del encuentro. Hacer
ver que los distintos sentimientos son fuentes de luz para conocer cuál es
nuestra situación interior en cada momento es llevar a cabo un liderazgo del
sentimiento. Si queremos ejercer esta triple forma de liderazgo de modo eficaz
debemos crear equipos de trabajo y preparar debidamente a sus miembros para
desempeñar el papel de mediadores o transmisores. La realización de esta
decisiva tarea exige dos habilidades básicas: 1ª) Saber elegir las personas
idóneas y formarlas adecuadamente para que constituyan un equipo de
colaboradores. 2ª) Poseer destreza en el arte de comunicar ideas, suscitar
sentimientos y movilizar voluntades.
114 Tal clarificación es una de las tareas fundamentales de
la Escuela de Pensamiento y Creatividad, proyecto educativo que estoy
promoviendo desde 1987 en España e Iberoamérica mediante toda suerte de
materiales. Entre ellos destacan, a este respecto, las obras siguientes: El
libro de los grandes valores, BAC, Madrid 2013; Inteligencia creativa. El
descubrimiento personal de los valores, o. c., (véanse, especialmente, las
páginas 463-467). 153
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