miércoles, 24 de septiembre de 2025

Las cualidades del líder auténtico

 

Las cualidades del líder auténtico

 

 

D. Alfonso López Quintás
Universidad Complutense

 

Al hablar aquí de líderes no me refiero sólo a personas capaces de realizar una actividad directiva en una u otra asociación. Mi intención es de más largo alcance: aludo a personas que orientan su existencia hacia el ideal auténtico de la vida humana, que es el ideal de la unidad y el servicio, no el del dominio y la posesión. Según la investigación actual más cualificada, el ideal de la unidad viene exigido por nuestra misma condición de personas. Por eso, la primera medida del verdadero líder es ajustar sus actitudes a las exigencias de la realidad.

Esto implica la superación del relativismo subjetivista -según el cual "el hombre es la medida de todas las cosas", según la expresión sofista- y un amor incondicional y desinteresado a la verdad, al modo de ser de las realidades tal como se manifiestan a una mirada libre de prejuicios. El buen líder busca la verdad hasta el fin, pues no se contenta con medias verdades.

Ese amor a la verdad -vista como la patentización de la realidad que nos permite realizarnos- nos lleva a sentir una profunda insatisfacción ante cuanto signifique deterioro de la vida humana y, consiguientemente, de la propia realidad personal. Pensemos en la decadencia cultural, el declive de la sabiduría, la insensibilidad ante los grandes valores, la inautenticidad en todos los órdenes... Al confrontar la diferencia abismal que media entre una persona cabalmente desarrollada y otra envilecida, sentimos la urgencia de formarnos como líderes para elevar a las gentes a un estado de excelencia.

De ahí que mi propósito primario no sea explicar técnicas de liderazgo, sino destacar las actitudes espirituales que debe adoptar quien aspire a ejercer la función de guía hacia el Humanismo de la unidad. El ejercicio de tal función exige una serie de cualidades y actitudes que debemos conocer en pormenor para distinguir netamente la actividad del líder verdadero de la del falso. Este procura adquirir una figura atractiva con objeto de seducir a las gentes y lograr su adhesión. El que saca partido a esa imagen seductora para vencer al pueblo sin molestarse en convencerlo con razones sólidas se mueve en el plano de la mera apariencia, de la manipulación efectista, y opera en atención a su bien particular, no al bien de los demás. No merece el nombre de líder o guía, pues se mueve exclusivamente en el nivel 1, el propio de las actitudes egoístas que arrastran a las experiencias de vértigo.

1. Líderes verdaderos y líderes falsos

 

 

Autor: D. Alfonso López Quintás, Universidad Complutense

 

Cabe distinguir clases diversas de líderes en función de la actividad que ejercen, la preparación que tienen, la tendencia a defender la verdad o a propalar la falsedad, la meta que persiguen... Una persona puede ejercer funciones de líder en ámbitos diferentes -el familiar, el grupal, el nacional, el internacional...- y respecto a vertientes de la vida distintas: la económica, la artística, la política, la ética, la educativa, la religiosa...

 

·  Existe el líder político, que presenta un programa de acción, recluta adeptos y aspira al poder con el fin de modelar la sociedad de la forma que juzga más adecuada.

·  Un profesor está llamado también a ejercer un modo peculiar de liderazgo, ya que por vocación y profesión debe orientar a niños y jóvenes a descubrir las leyes de la vida personal, que son las normas que rigen los procesos creativos.

·  De modo análogo, deben ser líderes un sacerdote, un escritor, un padre de familia...

·  Quienes configuran la opinión pública a través del arte, la literatura, el pensamiento, los medios de comunicación social... pueden y deben ejercer función de líderes.

En sentido estricto, se entiende por líderes las personas bien dotadas que conocen profundamente la vida humana -vista como un nudo de relaciones- y saben ofrecer a los demás claves certeras de interpretación de la misma. Merced a tal orientación, otras personas menos formadas pueden desempeñar el papel de guías respecto a las personas y grupos de su entorno.

Aún sin contar con la preparación intelectual y las posibilidades de comunicación de los grandes líderes, multitud de personas sencillas se hallan en disposición de fundar a su alrededor, con su ejemplo y su palabra, un clima propicio al desarrollo de los seres humanos y al fomento del auténtico progreso. Con frecuencia, personas consideradas como líderes sociales se autodenominan "progresistas" al tiempo que entorpecen la marcha de los pueblos hacia su plenitud. Innumerables personas del pueblo se niegan, de forma tácita, a aceptar ese concepto de "progreso" y continúan configurando la vida diaria mediante una conducta regulada por valores elevados. Su experiencia cotidiana, inspirada en el buen sentido y en criterios morales y religiosos recibidos de sus mayores, les permite ver que el hombre progresa de veras cuando se ajusta a las exigencias de su propia realidad personal. Con su conducta callada, su voluntad de servicio y su actitud acogedora, estas personas sensatas pueden guiar eficazmente a otras hacia el Humanismo de la unidad y contribuir, así, a configurar la nueva época que autores eminentes nos están invitando a crear.

Muy a menudo, los líderes políticos dedican serios esfuerzos a cultivar su "imagen" con el fin de ser considerados como "carismáticos". Olvidan que el único carisma auténtico de un político consiste en ofrecer confianza. Y ésta es suscitada por la eficacia, la coherencia, la veracidad. El que se limita a aderezar su imagen para ejercer el arte de seducir al pueblo no es un líder auténtico; es, más bien, un embaucador, pues exalta a las gentes al tiempo que las somete a toda suerte de servidumbres espirituales.

Líder auténtico es el guía que orienta a alguien hacia lo que constituye un bien para su vida. Puede ser un bien parcial -de tipo económico, cultural, deportivo...-, o un bien que afecta al conjunto de su persona. El máximo bien de un ser humano es el desarrollo pleno de su personalidad.

Líder falso es el guía que conduce a las personas por vías que reducen su dignidad, amenguan sus defensas y las dejan a merced de los afanosos de poder. Esta actividad envilecedora puede afectar a ciertos aspectos concretos de la vida -económico, político, cultural...- o bien a lo esencial de la misma, a su sentido más hondo.

El líder verdadero promueve el poder creativo de las personas y contribuye, de este modo, a que se unan entre sí mediante la creación de estructuras fecundas. El líder falso procura restar capacidad creativa a las gentes, a fin de que pierdan libertad interior, por no ser capaces de interiorizar el deber, es decir, convertir en íntimas las normas que les vienen sugeridas de fuera. Esa falta de creatividad las lleva a depender de instancias externas y ajenas. Tal dependencia las gregariza y masifica.

He aquí una clave de interpretación de la vida humana: Cuando la actividad de un dirigente torna gregario al pueblo, estamos ante un líder falso. El guía verdadero otorga a las personas que lidera poder de discernimiento y de iniciativa, capacidad de ser autónomas y solidarias al mismo tiempo.

Se subraya, con frecuencia, la obligación que tenemos los ciudadanos de tomar iniciativas en la configuración de la vida comunitaria, pero apenas se destaca que el pueblo se convierte fácilmente en masa amorfa si no cuenta con guías bien intencionados que le ayuden a descubrir el ideal verdadero y dar, de este modo, impulso y sentido a su vida.

Si, por ejemplo, un profesional de los medios de comunicación moviliza el poder de que dispone con el fin exclusivo de aumentar la audiencia e incrementar sus beneficios, corre peligro de no cuidar la calidad de los productos que ofrece y convertirse en un antilíder. Líder auténtico no es sencillamente el que tiene capacidad de guiar a las gentes, sino el que las conduce a su pleno desarrollo, que constituye su bien, su auténtica meta. El ilusionista que tergiversa los conceptos y los vocablos para llevar a las personas a su particular molino ideológico priva a éstas de la capacidad de pensar con precisión y elegir lúcida y libremente el verdadero camino de su plenitud personal.

TRES TIPOS DE LÍDERES

 Alfonso López Quintás LIDERAZGO CREATIVO Hacia el logro de la excelencia personal Ediciones Nobel Oviedo 2004

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 Capítulo 10

 HABILIDADES DEL LÍDER

Para ejercer eficazmente la función de líder o guía se requieren ciertas habilidades o destrezas. Unas son comunes a toda forma de liderazgo. Otras vienen exigidas por los modos peculiares de ser líder.

 TRES TIPOS DE LÍDERES

Hay modos diversos de ejercer el liderazgo. Todos son nobles y fecundos, pero presentan rangos distintos según el grado de compromiso que implican, la preparación que exigen, el nivel de planteamiento que suponen. Agrupémoslos en tres niveles de rango ascendente.

 1. Liderazgo de nivel 1. Todos podemos y debemos ser líderes en el sentido de guiar a otros en un momento determinado, ofreciéndoles con el ejemplo una ruta fecunda a seguir. Si un profesor es fiel a sus obligaciones, se comporta de modo cordial y crea en la clase un clima de encuentro, está invitando a los alumnos con su conducta a acercarse al área de irradiación de diversos valores. Los guías hacia ellos de modo certero. Actúa como un verdadero líder. Para llevar a cabo esta tarea no necesita poseer un conocimiento profundo de la vida humana; le basta tener una sensibilidad fina para los valores y estar dispuesto a realizarlos en su vida.

2. Liderazgo de nivel 2. Esta forma de liderazgo cobra un valor más alto si, además de ofrecer a otras personas la luz que irradia el buen ejemplo, sabemos dar razón cumplida de la conveniencia de tomar tal dirección. Un amigo que se ve desorientado por haberse dejado arrastrar por un vértigo te pide consejo. No convive contigo y no puedes animarle con tu comportamiento a vivir de modo ordenado, abierto a la felicidad que otorga el encuentro y no fascinado por la euforia que produce el vértigo. Aleccionado por tu propia experiencia, le aconsejas que busque la felicidad por los caminos del éxtasis, no por los del vértigo, que lo llevarán a situaciones de total desvalimiento. El consejo es óptimo, pero debes pensar que en muchos casos cae en vacío. En primer lugar, el adicto sospecha que se halla al borde del abismo, pero no sabe precisar lo que le pasa por desconocer la articulación interna del proceso de vértigo que lo está succionando. Tu consejo le suena a algo consabido e inútil, porque no le abre posibilidad alguna de volver atrás y poner su vida en orden. No se ve con fuerzas para rehacer el camino y no logra comprender por qué, habiéndolo iniciado con tanta ilusión, se halla ahora en total desamparo. Pero suponte que sabes bien de dónde arrancan los procesos de vértigo y cuáles son sus distintas fases, y adviertes que esa persona se halla en la fase penúltima, la de la desesperación, en la que se ve incapaz de llevar una vida auténticamente personal ya que, al adoptar una actitud básica de egoísmo, anuló de raíz toda posibilidad de encuentro. Entonces verás claramente que la única solución posible para tu amigo es cambiar la actitud egoísta por la actitud de generosidad, lo que equivale a sustituir el ideal de servirse de los demás por el ideal de servir a los demás. Este cambio no le es fácil realizarlo, sobre todo en el ambiente que le llevó a la adicción patológica que sufre. De ahí la necesidad de cambiar de ambiente, salir del entorno que le inspira la actitud egoísta de buscar gratificaciones a cualquier precio e insertarse en otro donde sienta el influjo benéfico del ideal de la generosidad. No pocos drogadictos me confesaron que se hallaban en una situación límite, sin esperanza alguna de recuperarse, cuando una mano amiga los llevó a un centro de rehabilitación. Desde el principio notaron un cambio en su interior: "Aquí dentro -me decían- tenemos otra `filosofía´: nos ayudamos unos a otros y no paramos hasta levantar el ánimo de quien se halle bajo de moral. Fuera, nadie ayuda a nadie". El contraste entre los términos “fuera” y “dentro” es en estos centros dramático, pues tales términos aluden a lugares donde reinan dos ideales antagónicos: el ideal de la reclusión egoísta en sí mismo y el ideal de la unidad con los demás. La forma adecuada de ayudar a un adicto no es urgirle a que se aleje de lo que le arrastra, pues su problema consiste en que no tiene libertad interior para realizar ese acto de despego. Lo único eficaz es ir al origen de su adicción y procurar que cambie de ideal y de actitud básica ante la vida.

 3. Liderazgo de nivel 3. El que posee un conocimiento preciso de las distintas fases de los procesos de éxtasis y de vértigo y se lo transmite a otras personas realiza una labor de líder todavía más valiosa. Se trata de un liderazgo en primer lugar intelectual, pues pone empeño en aclarar las ideas. Ya sabemos que la corrupción de las costumbres suele comenzar por la corrupción de la mente y los conceptos. Ello explica el empeño de este tipo de líder en clarificar los conceptos básicos y subrayar la afinidad o la oposición que pueda haber entre ellos. Al descubrir el inmenso contraste que existe entre la desolación espiritual que produce el proceso de vértigo y el estado de felicidad a que nos conduce el proceso de encuentro -o de “éxtasis”-, el líder pone todo el corazón en la labor de magisterio que realiza y mueve las voluntades a tomar medidas. Ejerce con ello un liderazgo de la voluntad. Cuando describe la marcha de ambos procesos, destaca los sentimientos opuestos que éstos producen en nuestro interior. Los sentimientos de euforia, tristeza, angustia y desesperación provocados por el vértigo aparecen como un preludio de la destrucción final de la personalidad. En cambio, los sentimientos de alegría, entusiasmo, felicidad, paz, amparo interior y gozo festivo que suscita el proceso de éxtasis son los heraldos de la construcción de la personalidad a través del encuentro. Hacer ver que los distintos sentimientos son fuentes de luz para conocer cuál es nuestra situación interior en cada momento es llevar a cabo un liderazgo del sentimiento. Si queremos ejercer esta triple forma de liderazgo de modo eficaz debemos crear equipos de trabajo y preparar debidamente a sus miembros para desempeñar el papel de mediadores o transmisores. La realización de esta decisiva tarea exige dos habilidades básicas: 1ª) Saber elegir las personas idóneas y formarlas adecuadamente para que constituyan un equipo de colaboradores. 2ª) Poseer destreza en el arte de comunicar ideas, suscitar sentimientos y movilizar voluntades.

114 Tal clarificación es una de las tareas fundamentales de la Escuela de Pensamiento y Creatividad, proyecto educativo que estoy promoviendo desde 1987 en España e Iberoamérica mediante toda suerte de materiales. Entre ellos destacan, a este respecto, las obras siguientes: El libro de los grandes valores, BAC, Madrid 2013; Inteligencia creativa. El descubrimiento personal de los valores, o. c., (véanse, especialmente, las páginas 463-467). 153