lunes, 26 de agosto de 2024

Urbanismo y ciudad a la luz del pensamiento filosófico

 Urbanismo y ciudad a la luz del pensamiento filosófico

por Juan Carlos Mansur

“El hombre es en su más profunda esencia, un constructor de ciudades”.

El hombre tiene un deseo natural de reunirse y formar ciudades para habitarlas y satisfacer sus distintas necesidades. La ciudad es reflejo de nuestra forma de entender la vida, son lugares de encuentro entre personas con distintas actividades que van a la búsqueda de propósitos comunes. En ella se reflejan y entran en comunión todos lo modos de ser del hombre y su forma de entender el mundo. El diseño de las ciudades, sea elaborado por los urbanistas y arquitectos o construido de forma vernácula por sus habitantes, busca llevar a cabo esta conformación espacial, ayuda a encarnar estas formas de vivir y diseñar los espacios de acuerdo a las necesidades y posibilidades con la intención de mejorar y hacer posible la convivencia y armonía entre sus habitantes, de acuerdo a proyecciones ideales que se plantea cada cultura, cada comunidad.

 

En las ciudades queda expuesta nuestra vida pública y privada, la vida religiosa, la comercial la educativa, en ella está reflejada nuestra forma de comprender lo justo, la economía, la diversión, el descanso, el trabajo, en ella se marcan las jerarquías y prioridades para los géneros, para las distintas edades, o para los diversos estratos económicos, de la misma manera en las ciudades habitan diversas culturas, con distintos intereses religiosos, la ciudad la conforman también sus migrantes y el vínculo con otras ciudades. Así, la ciudad conforma y une, pero también distingue y acentúa cómo nos entendemos, pues en la ciudad se da la confluencia de culturas e ideologías, sea que esté conformada por los grupos originarios o por los migrantes que buscará lograr una idea de perfección a la cuál la comunidad aspira, así, una ciudad bien constituida, no es aquella que se define únicamente por el mobiliario urbano que la compone, ni por la fragmentación física del espacio sino por la posibilidad que tienen sus integrantes de “habitarla”. De ahí la riqueza y complejidad para hablar del diseño de las ciudades, pues la tarea implica comprender el espacio desde una realidad que va más allá del espacio físico. La misma existencia física del espacio y del tiempo como única forma de entender los espacios arquitectónicos es cuestionable, pues la espacialidad y temporalidad no son vividas por el hombre como realidades físicas objetivas: el espacio y el tiempo se modifican desde la vivencia que tenemos de los entornos. Leer el habitar únicamente desde la espacialidad física, supondría que vivir en la ciudad y habitarla es cuestión de “ocupar” un espacio, aún y cuando no se logre estar integrados en la comunidad y el entorno en el que se vive, por esta razón, el espacio en las ciudades debe comprenderse como el resultado de una actividad creativa configuradora, más que como una realidad física objetiva y medible,[1] pues ésta nos habla de espacios neutros, uniformes, sin valor, que no generan habitar, “el espacio así entendido (el de las matemáticas) no contiene espacios ni plazas, en el espacio de la física y matemática no encontraremos nunca “lugares”, entendiendo por ello cosas del tipo de un puente, antes bien “en los espacios que han sido aviados por los lugares está siempre el espacio como espacio intermedio, y en éste, a su vez, el espacio como pura extensión”. p. 137 s.151. afirmaba Heidegger, cuando la realidad es que los seres humanos vivimos los espacios como formas simbólicas, cargadas de sentido, diversas, que nos permiten marcar jerarquías, lo mismo que nos permiten hablar de espacios privados y públicos, cerrados y abiertos, o hay espacios que suscitan distintas actitudes y deseos, según la forma como se configuren. Algo que nombra Alfonso López Quintás como ámbito,[2] expresión que surge de una contraposición a las realidades objetivistas, esto es, a realidades delimitadas, perfectamente configuradas, mensurables, opacas, apenas dotadas de poder de iniciativa, sometidas a modos de espacio-temporalidad precarios, por el contrario, el ámbito no lo conforman objetos medibles, de hecho los ámbitos se dan a condición de que no los veamos como objetos. En su aspecto positivo, ámbito es definido como algo que es estructural, dinámico, abierto, que responde a la apelación de otras realidades e interfiere  con ellas, lo que da resultado a una realidad nueva, irreductible, originaria.

 

El espacio se percibe con herramientas distintas a las reglas y las escuadras, la ciudad se mide con nuestra corporeidad, con nuestra piel como ha dejado ver Johani Palasmaa intenta llevar la percepción de la arquitectura más allá de la visión y la entrega a la piel y de toda la corporeidad, la primicia del mundo háptico, le llama,[3] lo mismo que con nuestros cinco sentidos, como expresa Jan Gehl, cuando habla de la forma de vivir la ciudad desde sus colores, figuras, olores, desde su gusto. La ciudad se mide con nuestra historia y cultura, con nuestras intenciones; la lejanía y cercanía de los espacios está en buena medida en relación a la proximidad que determina el hombre con sus intencionalidades y que ya ha expresado Edward Hall con la expresión “proxemia” en su reconocida obra La dimensión oculta.

 

El espacio físico es inerte e indiferente y no hay seres humanos que sean indiferentes a los espacios, éste siempre nos afecta y estamos en un continuo acto de conquista, “El hombre no vive estáticamente, pasivamente, en un espacio; se inserta activamente en un ámbito, configurándolo y tensionándolo con todo el dramatismo de su existencia.” (LQ p.205), más aún esta capacidad de ordenar es lo que le da el sentido de vida al ser humano: “Sólo conformando ámbitos y confiriendo sentido al entorno puede el hombre dar la necesaria ordenación a su vida.” (LQ p.205). Así, el hombre hace de los espacios físicos, espacios habitables y una forma de vivir de acuerdo a la forma en que viva los espacios, pues el hombre “habita” los espacios, no los ocupa. La Arquitectura no tiene que ver con un espacio físico objetivo, sino con el espacio vivido, entendiendo por este, no un espacio que ocupen seres vivos, cuanto un espacio que adquiere una dimensión de vida, “se trata de un espacio real visto en todo su dinamismo como medio en que se desarrolla, a lo largo del tiempo, la vida humana con su multiplicidad de vertientes y perspectivas” (LQ p. 207). Las expresiones de ‘espacio vital’ no se refieran a un aspecto físico que se pueda medir y calibrar, el término espacio libre se usa tanto para un almacén o un autobús lo mismo que tiempo libre son ámbitos de posibilidad que se abren en un entorno localizable y definido tanto cuantitativa como cualitativamente, pero “Tener espacio vital no equivale a encontrarse en franquía ante un mero vacío de cosas opacas, sino ante la posibilidad concreta y precisa de fundar un campo de posibilidades.” (LQ Estética de la creatividad p. 184), por esto hay que comprender el valor antropológico del espacio y no pensarlo como una realidad física manipulable al antojo del urbanista o del arquitecto, cuanto como una realidad que debe ser interpretada para saber cómo configurar los espacios, para que sean reflejo de las formas como vivimos los espacios.

 

Las ciudades tienen que ver más con el espacio vital,[4] el espacio vivido, cuyo logro constituye la meta de toda labor arquitectónica y urbanística, y se distingue netamente del espacio físico por su carecer cualitativo y heterogéneo y por su ordenación en torno a un punto medular, pues la Arquitectura delimita de acuerdo a la vivencia que genera y no a la realidad física que la conforma: “Lo que delimita la obra no es una realidad externa a la misma, sino su dinamismo interno, el despliegue de energía que la constituye en lo que es al conferirle una interna autosuficiente unidad”. (LQ p. 187). El habitar supone una forma de vivir los espacios, espacio vivido implica distintos elementos, dentro de ellos se cuenta con el encuentro con otros hombres o con el mundo que lo rodea. En este sentido no se puede afirmar que la realidad física del espacio determina la conducta humana, aunque sí la influye poderosamente, no existe una respuesta automática. La arquitectura es la proyección de nuestra forma anímica de actuar, es espíritu, cobra dimensión espiritual. En su vivir intencional, el hombre hace de un espacio físico neutro un lugar en donde despliega su existencia, de aquí se deriva el alto valor antropológico de ciertas categorías y esquemas espaciales, tales como dentro-fuera, arriba-abajo, interior-exterior, cuyo uso encierra grandes posibilidades y abisales riesgos” (LQ p. 207). Así, las referencias existenciales del ser humano se traducen en términos espaciales, aunque en el fondo son reflejo de una interpretación y hermenéutica como por ejemplo, hablar de horizonte, altura, interioridad, profundidad, amplitud, envergadura, no se refiere necesariamente a un aspecto físico, cuanto de la forma como lo vivimos.

 

Lo anterior permite entender el sentido de expresiones “metafóricas”, pero que hablan de nuestra vivencia de habitar los espacios como son las expresiones “tener lugar en una reunión”, “tener puesto en una asamblea”, que no se refieren a un “ocupar” físicamente un espacio cuanto a la realidad de hacerse dueño del espacio y del tiempo, lo cual supone una actividad viva del hombre, que acepte involucrarse con las cosas y desempeñe su papel con ellas. La generación de un ámbito no depende de la realidad física, cuanto del hombre que lo gana y lo conquista mediante sus actos creativos. Un ámbito acoge a alguien cuando éste es fruto de un acto suyo de creación. Por esto, la expresión “necesitar espacio” alude a la “necesidad de desplegar la existencia a través de una línea ininterrumpida de creación de ámbitos”. (LQ Estética de la creatividad 184), así, “Cuando un pensador es sensible a la dinámica de despliegue de la personalidad humana, concede ineludiblemente gran importancia a la actividad creadora de ámbitos”, (LQ p. 184). Hay vivencia espacial según culturas, es diferente la forma como vive el espacio y la proximidad la cultura Anglosajona que la latina, y esta es diferente que la cultura árabe o la oriental, tal como lo ha puesto de manifiesto Hall, la dimensión oculta. De la misma manera, el uso que se da a los espacios mediante los símbolos establece códigos de habitar diferentes entre unos y otros. Hay culturas que habitan desde el silencio, otras disfrutan de hablar alto y no se inconforman con el ruido de los vecinos.

 

Pensemos en el caso de ciudades mal planeadas, porque sus construcciones y avenidas, su carencia de espacios públicos generan asfixia y no-encuentro del hombre con el entorno ni con otros hombres, es decir, son ciudades que no dan posibilidad de campo ni de acción, El urbanista que no sepa leer está intencionalidad de los espacios podría llegar a generar conflictos dentro de las ciudades pues no atiende a la forma como vive y apropia el espacio el ser humano, tenemos casos en los que queda visto cómo el aislar a los ancianos es condenarlos a la muerte, la vida de los migrantes es un tema especialmente importante en el diseño de las ciudades pues los ghettos generan estos espacios de creatividad o de reclusión. Esto apunta a la idea de sentido, punto de suma importancia para el Arquitecto y el Urbanista, pues su actividad es la que permitirá dar sentido y encontrarlo en su entorno. Ahora bien, el sentido no surge como un acto mecánico en el que las cosas generan sentido al sujeto, el hombre debe aportar algo para ganar el sentido o entrar en comunión de sentido con las cosas, “…Tal sentido debe ser captado y revivido por el hombre que habita un espacio si éste ha de ser en rigor “habitable” y producir equilibrio y sensación de paz, sin provocar un relajamiento disolvente del ánimo.” (LQ p. 204), puntos sobre los que reflexiona ampliamente Jan Gehl en su obra La humanización de los espacios urbanos, y si bien no afirma que la arquitectura determina la actividad humana, si considera que los arquitectos y los urbanistas pueden influir en las posibilidades de encontrar, ver y oír a la gente, unas posibilidades que conllevan una cualidad en sí mismas y llegan a ser importantes como telón de fondo y punto de partida de otras formas de contacto.” (Gehl p. 21).[5]

 

Un urbanismo acertado debe generar condiciones de habitar, lo cuál supone en primer lugar, el encuentro, que implica a su vez un orden, una unidad entre las personas, que implica un correcto manejo de los símbolos unificadores, códigos, lenguaje, cultura, ejes de referencia, y también implica que haya libertad y creatividad entre las personas, de esta manera se podrá vivir en el amparo, el arraigo.

 

Habitar como Encuentro.

 

Se habita cuando se da el encuentro que abre un campo de sentido y comunicación de los habitantes entre sí y con la naturaleza que los rodea. El encuentro va más allá de ocupar espacios y mantener una proximidad física, se da cuando los objetos físicos dejan de ser vistos como cosas aisladas e independientes y se viven desde sus significados y el sentido que otorgan a sus habitantes. Habitar implica un encuentro, entendiendo que éste no es la vecindad física entre dos o más seres, más bien es el fruto del acto creador en que las personas se involucran con su entorno, por esto, agrega el citado López Quintás, “El encuentro, lejos de reducirse a mero choque, es un contacto creador a nivel de autenticidad esencial. Por eso exige respeto a las condiciones propias de los que en él desempeñan un papel.” (LQ p. 195), una plaza o jardín público, por ejemplo no es un espacio neutro y aislado, es un lugar de descanso y encuentro entre amigos y familiares, un lugar de recreo vinculado a la ciudad que simboliza también una pausa dentro de la vida laboral de las ciudades, cuando las plazas son vividas en su plenitud se suscitan una serie de encuentros con el entorno y la comunidad que hacen el espacio habitable; de la misma manera hay veces en que se diseñan de manera errónea los espacios cuando por ejemplo, se edifican inmuebles buscando que la gente ‘ocupe’ un lugar sin atender al encuentro dinámico de sus moradores, sin preocuparse por desarrollar un encuentro que diseñe espacios que permitan tanto la intimidad como la convivencia entre sus habitantes. Los espacios arquitectónicos deben ser vistos como un lugar que eleva la condición de habitar y con ello la condición del mundo y del ser humano; así, el mundo físico es transformado e interpretado como un mundo cargado de sentido que permita que el ser humano se desarrolle como persona y realice ahí sus deseos e intereses, pues el hombre es un ser abierto al encuentro gracias al uso creativo de la razón y la libertad.

 

Al darse el encuentro el hombre no está ya como un objeto más frente a las cosas, sino que se abre a la realidad como una persona libre y creadora,[6] y desde el uso inteligente, libre y creativo de los espacios físicos se compenetra uno con el mundo, elevándolo más allá del rango físico que limita y aísla y se vuelve un mundo habitable que nos abre a la experiencia de desarrollarnos en tanto personas, pues “La persona humana se va configurando como personalidad al apropiarse las posibilidades que le ofrece la realidad circunstante merced a la condición que ésta posee de ofrecer un sentido al hombre y presentarse al mismo en forma de instancias y recursos.” (LQ p. 165). Una persona que no logra integrarse de forma creativa con otras personas ni con el entorno, podrá tener proximidad física y “ocupar un espacio” en una ciudad, sin embargo, no se puede decir que la habite.

 

El hombre que habita, se relaciona con el entorno desde el ‘encuentro’, y se siente invadido por diversas realidades que reclaman su colaboración para fundar en común ámbitos de vida y volverlos así fenómenos originarios por ser desarrollados por la autenticidad creativa de la persona; “… ir al paso de lo que nos viene al encuentro, ganar la libertad al ser dominados por algo que, viniendo de fuera, puede sernos más íntimo que nuestra propia intimidad.” (LQ p. 195). Y este encuentro es el que el entorno tome carácter simbólico, lo cuál implica la creación de fenómenos originarios. El hombre que habita es entonces un hombre que ejerce su libertad auténtica desde la creatividad,[7] y convive creativamente desde los símbolos que le permiten expresar su forma de amar, pensar, y dialogar, pues vivir desde la apertura al encuentro, es vivir en libertad, pues hay cosas que nos arrastran poderosamente sin anular nuestra libertad, sino haciéndola posible, en todos los ámbitos de la actividad humana –conocer, sentir, querer-, de esta manera se desarrollan las potencialidades de la persona. En resumen, el encuentro “hace que el mundo se transforme y se vuelva simbólico, ésta es la importancia de la apertura a los fenómenos originarios, cargados de simbolismo –como la luz, el brotar de las fuentes, el crecer de las plantas-, pues tal encuentro con lo natural valioso y profundo es origen eterno de la más pura poesía”. (LQ p. 195).[8] Hacer ciudad es dar vida plena al ser humano, es permitir que sus habitantes desarrollen sus potencias creadoras. En esta acción creadora se respeta la vivencia personal de sus individuos, que más que individuos, se relacionan como personas, portadoras de sentido y valor que contribuyen a enriquecer el entorno volviéndolo más habitable, por esto autores como Jan Gehl afirman “Aunque  el marco físico no tiene una influencia directa en la calidad, el contenido y la intensidad de contactos sociales, los arquitectos y los urbanistas pueden influir en las posibilidades de encontrar, ver y oír a la gente, unas posibilidades que conllevan una cualidad en sí mismas y llegan a ser importantes como telón de fondo y punto de partida de otras formas de contacto.” (Gehl p. 21). Así, los espacios dotan de sentido la vida del hombre cuando se suscita un ‘encuentro’, ya sean las plazas y jardines públicos, donde la gente se encuentra para conversar, jugar, hacer deporte, o los espacios laborales, o los caminos que conducen al trabajo, o los templos donde la gente se encuentra con lo sagrado y lo vive de forma solitaria o comunitaria, lugares para la salud en los hospitales, lugares de encuentro entre personas.

 

La Arquitectura y el Urbanismo tienen la capacidad de dar sentido a la vida de sus habitantes, es el resultado del encuentro creativo que permite “habitar” de forma respetuosa junto a otros seres humanos y junto al entorno que los rodea. Los espacios arquitectónicos, entonces, deben ser vistos como el resultado de la forma de organizarnos de acuerdo a nuestra capacidad racional, intelectual, a nuestros deseos y nuestro espíritu de convivencia, en ellos se organizan distintas actividades que alumbran y dan sentido en la vida del hombre al suscitar encuentros, espacios en los que la vida de los seres humanos sea libre y original, cargada de simbolismo y creatividad. Las ciudades pueden ser leídas como la posibilidad de generar o evitar encuentros para establecer una vida comunitaria armónica: “Sólo la interferencia de realidades ambitales da lugar a un encuentro, y sólo el acontecimiento de encuentro es fuente de luz y de belleza.” (LQ p. 163).

 

Cuando las ciudades no permiten o dificultan y restringen la personalidad del hombre así como su desarrollo comunitario, se reduce su capacidad y dignidad como persona, se degrada el encuentro y por ende el habitar. Cuando la persona no se incorpora creativamente dentro de la comunidad buscando generar un encuentro respetuoso y libre con los otros, se disminuye la calidad de vida. Así, el espacio dentro de las ciudades es reflejo de la forma de organizarnos, de aquí que la calidad de vida de las ciudades se podría medir por un lado, por el nivel de libertad y racionalidad de sus habitantes así como por la capacidad de comunicación creativa entre sus pobladores, por las relaciones constructivas entre ellos, con su entorno y su medio ambiente, por la capacidad simbólica que sea expresión de sus encuentros vitales originarios, y que contribuye a desarrollar el sentido de vida de las personas y de los lazos comunitarios que establecen. Lo fundamental es que entre los ciudadanos subsista la cercanía de respeto, coexistencia, en que a pesar de la diversidad, no se pierda la unidad de intereses y valores que nos permita descubrir al otro y señalar la coexistencia que llevamos, pues el habitar se asocia con una sensación de arraigo, resguardo que permita fundar una morada.

 

El habitar como ampararse, morar y arraigarse

 

El habitar está también asociado a la idea de amparo que se da cuando el hombre “es sujeto de una o más cualidades que le confieren domino sobre el entorno”,[9] pero no un dominio aplastante, sino un desarrollar creativamente el entorno, es tener la capacidad de establecer comunidad y unidad, lo contrario es estar a la intemperie y desamparado, por esto se debe decir que “El hombre habita en verdad cuando crea con los demás hombres y las realidades del entorno relaciones de encuentro: ámbitos <<espacios habitables>>, moradas. (LQ 197).

 

Lo mismo sucede con el habitar, al respecto afirma López Quintás,

 

“No es por ello, irrelevante que el hombre nazca en el seno de un hogar, encarnación del ámbito primario en que el hombre se inserta al iniciar su vida. Esta inserción es activa, ya que todo lo auténticamente humano debe ser en alguna medida creado por el hombre, creado en colaboración, co-creado. En las bases mismas de la vida humana se asienta la propensión a crear ámbitos y convertir el habitar en una forma ineludible de existencia. El nómada no tiene morada fija. Más, al errar de un lugar a otro en grupo compacto, practica una forma de habitar móvil pero intenso.” (LQ p. 189).

 

El valor de una interrelación firme, inquebrantable, perenne, invisible e inasible con los sentidos humanos es el que le da valor a una casa lo mismo que a un barrio o una ciudad, pues es el valor que hace e impulsa al hombre a construir un hogar, por esto la idea de morada está en relación con la del arraigo, “establecimiento duradero en un lugar, que se convierte así en centro de perspectiva, eje en torno al cual gira el mundo ambiente” (LQ p. 197) Lo contrario a morada sería el desierto del que habla Saint Exupery en Citadelle, la dispersión sin perspectiva. En relación con esta postura, López Quintás continúa y afirma que “La ciudad trae el amparo del orden, la concentración que proporciona el límite entendido como una forma potentísima de cobijo. Ante el caos de una cultura atravesada por mil corrientes, desorientada hasta el desamparo, Saint Exupéry exalta el valor de la ciudad como símbolo de lo robusto, lo arraigado, tierra buena en que <<los cedros crecen para gloria de Dios>>” (LQ p. 197).

 

Uno de los aspectos que permiten medir el nivel de cultura y habitar que han generado las culturas, es la elaboración de símbolos, así como el valor y significado que le dan. Pues si bien los símbolos son expresión de la unidad de las culturas y de las ciudades, también es un elemento que puede disociar y llevar al conflicto a distintos grupos. Siguiendo con lo que se ha expuesto, En su obra Lo sagrado y lo profano Mircea Eliade ejemplifica cómo el espacio no es una realidad física, ajena y aislada del individuo, sino que está cargado de sentido para el hombre. Esta afirmación le permite hablar del espacio sacro y del espacio profano, dos realidades muy distintas en la vida del hombre que no pueden ser explicadas desde las teorías del conocimiento convencionales, sino que deben ser entendidas desde la fenomenología, método filosófico que nos permite comprender todos esos aspectos de la realidad que no se dejan atrapar por los métodos científicos, tal como son las realidades éticas, religiosas y estéticas. Así, nos comenta Eliade, que el espacio sacro surge por una hierofanía o manifestación que cambia la dimensión del espacio en la vida de los hombres, y aun cuando el espacio sea igual en su dimensión física, en la dimensión humana, los espacios se dividen y distinguen. El espacio sagrado es aquel que marca un límite, que da sentido, que crea un entorno y nos relaciona con el absoluto, no es igual a ningún otro espacio, es único. En cambio el espacio profano, se vive como un espacio que es igual a otros espacios, que no delimita ni marca especialmente un eje de referencia existencial. Espacios sacros o que manifiestan una nueva forma de realidad y eje referencial pueden ser lugares como La Meca, el Vaticano, Jerusalém o la llegada del águila a la gran Tenochtitlán.

 

Este caso y otros similares nos permiten ahondar en la comprensión de lo que son las ciudades, cómo ellas acogen al ser humano, le permiten encontrar sentido y recrearlo, nos permiten comprender cómo gracias a la ciudad se da el encuentro del hombre con su medio y cómo se forma como persona gracias a este encuentro, pero también nos permite comprender, cómo estos ámbitos se dan cuando el hombre asiste al “encuentro” con otras personas.

 

La unidad en los espacios comunitarios de la ciudad

 

La finalidad de la ciudad y de la planeación urbana es la plenitud de la persona, quien está en constante y tensa apertura hacia el entorno, de hecho el ser del hombre se da en esta relación con todos y encuentra su plenitud al entrar en una dinámica creadora de ámbitos con su entorno y con otros hombres, “El hombre llega a ser plenamente tal cuando supera la soledad de la retracción egoísta y altanera para potenciar su ser en la tensión creadora de unidad comunitaria.” (LQ p. 188). Una ciudad alcanzará más su finalidad mientras más se logre la vivencia y el sentimiento de unidad y el sentimiento comunitario, el cuál no se logra a través del mobiliario que conforma las urbes, sino ante todo, de la forma creativa como la comunidad se entrelaza y ordena sus espacios.

 

Esta unidad se logra a condición de que el hombre viva creativamente y establezcan sus habitantes los lazos “espirituales” entre sí, a través de acciones, símbolos, creencias, preferencias, que sean para crecimiento espiritual, intelectual y ayuda y colaboración de las necesidades de sus habitantes. Esto es importante porque de aquí se ve que las tramas constituidas no se pueden formar por hombres aislados, o individuos acotados. “…el elemento fundamental de la trama constituida por la vida humana no es el individuo, el yo acotado que se enfrenta al entorno circunstancial que lo rodea y delimita y a veces acosa, sino  el complejo de ámbitos que surgen en el encuentro del hombre con los seres capaces de co-crear relaciones elevadas de convivencia” (LQ p. 188).

 

Los ámbitos se fundan, porque el hombre está en una singular posición respecto a los seres del entorno (LQ p. 187). Los seres humanos vamos al encuentro con el mundo y a la búsqueda de otras personas con la esperanza de llegar a una unidad en donde no queden limitadas o ahogadas sino que sean exaltadas nuestras potencialidades. El ser humano no es egoísta por naturaleza, sino que es un ser en búsqueda de unión con los demás, y en este encuentro se da su desarrollo autónomo y de persona, “La autonomía humana no la posee el hombre por ley de naturaleza debe conseguirla rompiendo los estrechos moldes de su individualidad y abriéndose a los seres del entorno. Cuando estos seres son valiosos y poseen cierta capacidad de iniciativa, tal apertura es creadora y enriquece al hombre” (LQ p. 197), sólo así, en este encuentro queda al descubierto el verdadero ser profundo de quienes se encuentran. Por eso la importancia de que haya “trato” entre las personas, para poner en juego el propio ser en la elaboración y desarrollo de proyectos comunes de vida, que es tanto como decir de ámbitos comunes de existencia.” (p. 197).

 

Sabemos que el trato con las personas supone distancia, lo suficientemente amplia para fundar un campo de intercambio, pero también lo bastante corta para que no degenere en alejamiento, pues la forma más intensa de presencia posible entre los seres humanos no se da con la fusión, sino que se da cuando existe el diálogo, “sostenido a distancia de perspectiva”. (LQ  p. 192). Se trata de una discreta distancia que permita la vinculación eminente que el hombre gana a través de la comprensión mutua y la colaboración en tareas de interés común”. (LQ, Estética de la Creatividad p. 192). Esto nos lleva a la tesis sostenida por Edward T. Hall en su obra la Dimensión Oculta. En este libro Hall menciona los distintos tipos de acercamientos y alejamientos que tenemos los animales y los hombres para acercarnos o alejarnos y convivir, la cual llama Proxemia. Es interesante que aun cuando Hall menciona una parte biológica de la Proxemia, asegura que dicha proxemia es Cultural en el caso de los hombres, como por ejemplo en los pueblos árabes hay más acercamiento entre la gente que en los nórdicos europeos. La proximidad corpórea puede generar situaciones de encuentro o separación, pues en los caso de que haya amor, puede haber una gran proximidad, y una distancia que no se violenta, ésta distancia no se mide en centímetros, sino que se mide en grado de compenetración entre las personas, por eso cuando López Quintás dice “El amor más acendrado se da cuando la tensión suprema hacia la unión no diluye los límites de la personalidad de los amantes, antes los subraya mediante una actitud de respeto. El amor surge a distancia reverente de perspectiva porque la unidad que persigue como una meta no es unidad de fusión, sino de integración ambital.” (LQ La estética de la Creat p. 192), tiene que notarse que se refiere a una distancia no física, sino de los encuentros entre individuos. Lo mismo se aplica para los casos de la separación de los hombres, en la que dice que la anulación de la distancia, la masificación, genera una situación de ruptura entre los hombres, “Si los hombres se quisieran <<como masas>>… cesaría automáticamente su amor, porque éste, rigurosamente hablando, sólo florece entre seres que no pueden diluir su personalidad irreductible en modo alguno de unión fusional, que es muy intensa pero impropia de los seres personales en cuanto tales.” (LQ p. 192) pero tal unión no se refiere a algo físico.

 

La fuente de la unidad se da cuando hay un sentido común de construcción, dice López Quintás, y frente a la idea contemporánea que afirma que la verdadera unión de los hombres se da en la unidad de fusión, y afirma que “urge advertir que los modos más altos de correlación entre los hombres se logran a través de los ámbitos de convivencia que ellos fundan esforzadamente entre sí. Nunca se sienten los hombres más intensamente vinculados que cuando participan activamente en la fundación de algo que les atañe en lo más profundo de sí mismos. (LQ p. 193) “Si la persona humana se desarrolla en la fundación de ámbitos, ninguna labor unirá a los hombres más profundamente que ésta.” (LQ p. 193). No quiere decir que la realidad cambie, sino que es la acción del individuo la que genera este cambio de situación de encuentro a una situación de distanciamiento, para caso habla López Quintás del instinto sexual y cómo puede generar la anulación de límites en el amor, y las de odio y radical aversión., pues la voluntad de posesivo dominio es diferente que el afán reverente de crear ámbitos de comprensión y convivencia. “La persona del otro es considerada como medio para un fin  y rebajada a la condición de instrumento. Si éste <<falla>>, como sucede a un motor –cuyo sentido se agota en servir para un determinado fin-, el impulso ciego a la unión se truca en aversión automática a causa del choque violento que significa para el hombre egoísta la imposibilidad de alcanzar sus propósitos” (LQ p. 193).

 

Para formar comunidad es necesaria la unidad amorosa entre las personas, esto es, una unidad del desinterés, de la unión ente seres por lo que valen como personas: ¿cómo se da la unidad de ámbito entre los seres humanos? “el amor auténtico se enciende a la vista de los altos valores que ostentan los seres amados, y estos valores sólo pueden ser comprendidos si se adopta ante ellos una actitud de generoso desinterés –opuesto a todo afán de convertirlos en medio para un fin- y se compromete uno con ellos en el desarrollo de una tarea común elevada.” (LQ p. 193-194) Según esta postura, una ciudad tendrá mayor desarrollo de ámbito cuando su grado de cultura y unión social sea mayor, cuando tengan mayor compromiso y mayor trato desinteresado entre ellos, pues “cuanto hay de grande en el universo surge por la vinculación de seres que se respetan lo suficiente para no fundirse y se aman lo necesario para mantenerse en constante proximidad. El encuentro verdadero no conduce nunca al despojo, a la manipulación egoísta y altanera del otro, antes se da en un clima de serena aceptación mutua.” (LQ p. 196). Este es el sentido del encuentro entre los seres humanos y el entorno, es el punto en el que “… el ser contemplado nos dice algo debido a su valor interno, y este descubrimiento halla en nosotros comprensión y respeto.” (LQ p. 194), pues “Sólo a la distancia del respeto florece el amor que funda intimidad mediante la creación de ámbitos rigurosos de encuentro”. Así, se puede comprender que la unidad del ámbito supone el encuentro de un valor; “Únicamente puede cofundar ámbitos aquello que encierra un valor, y todo valor es algo originario, irreductible, inédito…” (LQ p. 194)

 

Esto produce un círculo de comprensión interesante “el dinamismo de la vida humana confiere una ordenación y un sentido al espacio, y el espacio vitalmente estructurado hace posible y postula una vida con sentido.” (LQ p. 205) Y la fuerza central o punto de partida radial de esta existencia activa y creadora es el hogar. Este punto de partida es a la vez, punto de llegada. “A este carácter de punto de partida y punto de llegada que tiene el hogar se alude cuando se afirma que el hombre debe enraizarse en el espacio, expresión que tiene un alcance mucho más hondo que el de la mera radicación en un punto determinado del universo” (LQ p. 198)

 

El papel creativo del hombre en la fundación de espacios, ámbitos, hogar, encuentros, nos permite llegar a proponer el papel que tiene la persona en la fundación de la ciudad y de los distintos espacios habitables que lo contienen, “Cada hombre es el centro ineludible del universo en cuanto constituye el punto de arranque de un quehacer creador de ámbitos personales. Más que la amplitud, importa ahora la calidad. Más que la universalidad, cuenta ahora la intensidad. Al hombre no le viene dado sin más, como un don, su carácter de centro del cosmos. Debe adquirirlo mediante su esfuerzo creador. El orgullo de rey de la creación cede su puesto a una conciencia viva de responsabilidad. Ya no importa constituir por ley natural el centro del universo, sino constituirse esforzadamente en núcleo viviente de los ámbitos que van formando el complejo entamado de la vida humana.” (LQ p. 199). Este papel central del hombre en la fundación de este ‘cosmos’ no significa otorgarle el papel arbitrario y anárquico de quien egoístamente quiera disponer de todo su entorno y destruirlo, “Ser el centro de una constelación de realidades no es un privilegio, sino una tarea.” (LQ p. 199). Esta tarea es fecundísima y nunca acabada. Gracias a este altísimo quehacer es que el ser humano se siente verdaderamente acogido. Esta actividad se funda en vínculos con las personas, con el medio ambiente y con el entorno urbano. De aquí toma López Quintás la distinción que hay en Citadelle, en donde se habla de todos los grandes espacios del palacio y que no son espacios abiertos y vacíos, sino lugares con sentido, Saint Exupery termina por afirmar que el hombre es un ser que habita, con lo cual rompe la idea de Sartre que deja con su existencialismo al hombre en un lugar ahí arrojado, carente de límites. Similar a Sain Exupery está el pensamiento de Heidegger quien habla del habitar como un aspecto esencial del ser humano.

 

Lo anterior le permite a López Quintás relaciona esta idea de habitar, con su punto esencial que es el hogar: “El hogar es el centro del que arranca los mil y un caminos que constituyen el entramado dinámico de cada vida humana… Ver el mundo desde un hogar significa contemplarlo desde un nivel de exigencias comunitarias.” (LQ p. 200) Y toma las expresiones como heimisch que es el ser acogido, algo ordenado, a gusto, con orden veracidad y comprensión, lo cual habla de un hogar Heim. Y el hombre desamparado se siente unheimish, en un clima de odio y desorden.

 

Es necesario comprender al hombre como un ser activo, no pasivo, como un ser que debe elaborar su propio destino, pero este destino es un destino de fundación de amistad, creación de lazos, establecer interrelaciones. Aquí tenemos un nuevo término: La amistad. Que implica creación de lazos, establecimiento de interrelaciones, fuente de plenitud, de aquí que “en el habitar reside la paz.” (LQ p. 201). Esto nos hace pensar en los desplazados, los que deben romper amarras. Este es un gran drama.

 

Por esto menciona López Quintás que “El hogar se convierte en el centro irradiante de una auténtica vida social”, puesto que “Habitar viene a significar, así, un modo muy fecundo de arraigo conseguido dinámicamente a través de la fundación de ámbitos de convivencia en torno al núcleo primario de la familia” (LQ 202). De aquí que para el arquitecto y el urbanista estos principios sean bien entendidos, pues “El arquitecto debe idear sus obras creándolas en nombre de aquellos que en su existencia cotidiana van a recrearlas constantemente, pues un espacio para ser vivo debe estar siendo fundado a cada instante por las gentes que lo frecuentan. Nada ilógico que los ámbitos –calles, patios, plazas…- creados por el pueblo a su ritmo, a lo largo de años de existencia vivida con la intensidad contenida de las gentes sencillas, ostenten una intensa belleza recatada que sobrecoge a los arquitectos.” (LQ p. 202)

 

Con lo anteriormente expuesto podemos concluir: la creación y conformación de las ciudades está en relación con el papel del hombre en este desarrollo, para lo cual hay que comenzar con la frase que lo compendia todo: “El hombre es, en su más profunda esencia, un constructor de ciudades” (LQ p. 197). La idea de ciudad es que su origen está en la célula viva de la ciudad, esto es, “la morada individual del hombre que se acoge a ella, se delimita entre sus muros para ganar la libertad perdida en la amplitud sin horizonte del <<desierto>>” (LQ p. 197-198). Por eso Citadelle expera que “el hombre habita, y que el sentido de las cosas cambia para ellos según el sentido de la casa>> (Citadelle tomado de LQ p.l 198) Las ciudades deben entonces seguir un crecimiento más bien orgánico, no artificial, es decir, un crecimiento que atienda al desarrollo pausado y consciente de una comunidad, “Los ámbitos adquieren entonces un “clima”, una atmósfera sólida que es fruto de la adecuación entre el espacio físico y la sensibilidad espiritual. Por muy bellas que sean, una casa, una plaza, una ciudad sólo adquiere clima de intimidad si a lo largo de los días se entrevea creadoramente la vida de quienes las habitan con el entorno hogareño y ciudadano.” (LQ p. 202) Las ciudades y espacios arquitectónicos deben permitir la libertad creadora del individuo y su desarrollo personal, una ciudad es el reflejo de su gente y la forma que tienen de vivir el ‘encuentro’ y desarrollar ‘ámbitos’, “La frialdad y rigidez de los ámbitos procede en gran parte de la actitud retraída, cerrada y cómodamente pasiva de los habitantes.” (LQ p. 203) De aquí la crítica que se hace en Citadelle a los que viven como sedentarios sin abrirse a interrelaciones vivas, y que se obstinan en poseer en vez de crear. , según Saint Exupéry, todo hogar se ve amenazado por la potencias de dispersión, que anula la persona y genera individuos que se agrupan en colectividades, y en lugar de haber formas de unidad, los vuelve modos de posesión pasiva y rutinaria, “Todo lo auténticamente humano debe ser ganado instante a instante de modo creador. “El cedro se funda a sí mismo en cada momento. Así fundo yo mi hogar en cada instante para que dure” (LQ p. 203).

 

Por lo anteriormente dicho se comprende que el ser humano se desarrolla y logra como persona al crear ámbitos. Crear ámbitos va de la mano del habitar. Todo lo grande requiere echar raíces en tierra firme, esto es: habitar. Crear ámbitos va de la mano de crear espacios físicos, que son expresión y cauce del dinamismo humano creador de ámbitos de convivencia ( cfr. LQ p. 204). Estos espacios serán habitables cuando puedan ser recreados por los hombres que los habitan en su vida cotidiana.

 

La comprensión de la ciudad implica una postura sobre quién es el hombre y cuál es su finalidad en la existencia, pues “el hombre es un ser tenso a la fundación de nuevos ámbitos en colaboración con otros seres. Estos ámbitos son tanto más robustos y valiosos cuanto más elevados son los seres que los constituyen. La creación de ámbitos de diálogo es la actividad primaria y más alta de los seres humanos”.  (LQ p. 206), y tales ámbitos se transforman en espacios habitables, sean estos habitáculos, casas, plazas, oficinas o ciudades. La plenitud del hombre está en ser persona, y la conquista de ser persona se logra en los actos creativos, libres y autónomos que realiza el hombre. Los espacios que se disponen para que le hombre conviva, son decisivos para su desarrollo como persona y para la vida y coexistencia armónica de las ciudades, por eso dice López Quintás que “El hombre logra su madurez de hombre en la medida en que teje a su alrededor un entramado complejo de ámbitos que ofrecen a su capacidad de acción el campo apropiado. He aquí de nuevo el círculo fecundante según el cual el hombre crea ámbitos y éstos hacen posible el pleno desarrollo de su vida” (LQ p. 207)

Las ciudades nos muestran la capacidad de la madurez de cada pueblo, esto es la capacidad de generar ámbitos cordiales, unitarios e interrelacionales, de aquí que siguiendo López Quintás afirme que “… la célula viva de la ciudad es la morada individual del hombre que se acoge a ella, se delimita entre sus muros para ganar la libertad perdida en la amplitud sin horizonte del <<desierto>>”.

[1] “cuando se dice que el hombre desarrolla su vida <<en>> el espacio, conviene apresurarse a cargar esta expresión de todo su valor positivo y dinámico, pues el espacio no es para el hombre un mero continente estático y rígido en sus acciones, sino el resultado de su actividad configuradora del entorno. Más que espacio en general, convendría hablar de ámbitos, pues la vida del ser humano consiste precisamente en ir tejiendo paulatinamente el entramado de ámbitos que constituyen su razón de ser y el clima ñeque florece su libertad.” (LQ p. 206).

[2] De aquí que López Quintás defina el ámbito como ese “campo abierto a una acción posible, campo de posibilidades” (LQ Estética de la creatividad p. 185), que se cierran cuando las cosas del entorno cierran caminos al hombre, en cambio cuando se disponen benéficamente para crear entre ellas un campo de acción humana hay un ámbito. “El ámbito no es nunca algo estático, sino el resultado bullente y firme a la vez de una confluencia de elementos” (LQ p. 185). Los ámbitos son espacios de vivencia que desarrolla el hombre, pues él en su condición de ser inteligente, capta las impresiones no como estímulos, sino como realidades estimulantes, por eso la reacción del hombre al medio no es como si fuera un estímulo respuesta, sino como que el hombre reacciona de diversas maneras a un mismo estímulo, pues cuenta con una inteligencia que permite diversos proyectos de acción.

[3] Juhani Pallasmaa Los ojos de la piel, Gustavo Gili, Barcelona, 2006, p. 10-11.

[4] “se alude a la forma integral de especialidad que adquiere el espacio al entrar en estrecha vinculación con el tiempo tal como es vivido por un hombre entregado a la acción sobre el entorno” (LQ p. 207).

[5] No se podría decir que el espacio determina al hombre pues “Cuando analizamos el ser humano sobre el trasfondo del mundo animal, observamos que en el hombre cada estímulo procedente del exterior no provoca automáticamente una respuesta determinada; puede dar lugar a modos de conducta muy diversos. Entre el estímulo y la respuesta se funda una especie de campo de actuación libre y reflexiva.” (LQ p. 187).

[6] “Al estar abierta a la realidad, a toda la realidad y, por tanto, a la propia, la realidad humana se conoce como real y se apropia de su realidad y la realidad del entorno, constituyéndose así en persona.” (LQ p. 165). Este encuentro es “inmergirse en el área magnética de este campo con ánimo no de perderse y renunciar a su propia responsabilidad creadora, sino de asumirla y desplegarla por rutas fecundas de colaboración.” (LQ p. 197).

[7] “Pese al poder envarante de la rutina, todo acto humano auténtico es un acto de creación”. (LQ p. 195).

[8] en el caso del artista hay que afirmar que “Es artista quien sabe encontrarse sobrecogedoramente con lo que las cosas del entorno tienen de valioso y acierta a captar la irradiación del sentido inmerso en su ser, su poder de fundar una especie de presencia irradiante, tan discreta como imponente.” (LQ p. 194).

[9] (LQ Estética de la creatividad p. 183).

  “CONSTRUIR, PENSAR Y HABITAR” (Bauen, Denken, Wohnen)

HEIDEGGER:

https://jcmansur.wordpress.com/estetica-y-ciudad/conferencia-de-heidegger-construir-pensar-habitar-bauen-denken-wohnen/

HEIDEGGER: “CONSTRUIR, PENSAR Y HABITAR” (Bauen, Denken, Wohnen)

Martín Heidegger

https://jcmansur.wordpress.com/estetica-y-ciudad/conferencia-de-heidegger-construir-pensar-habitar-bauen-denken-wohnen/

Tomado de: Martin Heidegger, Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, España 1994.

Esta conferencia de Heidegger constituye uno de los paradigmas de la filosofía de la arquitectura contemporánea, en él se deja ver entre otras cosas-, el pensamiento hermenéutico heideggeriano en el que busca romper con la visión positivista y materialista de la arquitectura.

Desde el inicio de la conferencia Heidegger nos sitúa en una verdad que parecería incuestionable: el construir tiene como meta el habitar, construimos porque buscamos habitar, y parece que para habitar sólo podemos llegar si construimos algo. Sin embargo, Heidegger nos advierte que no todas las construcciones cumplen con la función de ser “moradas”, de hecho, Heidegger distingue la vivienda del habitar. Tenemos el caso de construcciones que no son vivienda, como el puente, el aeropuerto, el estadio, una central energética, la estación y una autopista, el muro de una presa, la nave del mercado. Podrá ser que no sean viviendas, al menos no las consideramos así, pero si están dentro de una “región del habitar”, el habitar va más allá de las construcciones (Heidegger,  p.127).

Así, la región del habitar no se limita a la vivienda; uno puede tener una casa pero no su alojamiento.Tenemos que el camionero tiene la autopista por casa, pero no su alojamiento, para una obrera la fábrica es su casa pero no su vivienda, el ingeniero de una central energética está ahí en su casa, pero no habita ahí.

Una construcción puede albergar al hombre. El hombre mora en una construcción, pero morar no es habitar en un lugar, entendiendo habitar como tener alojamiento.

Para aclarar más qué es el habitar, Heidegger lo distingue del mero “alojamiento” y para esto nos habla de la actual falta de vivienda que tenía en aquel entonces Alemania, en que alojarse era tener algo tranquilizador y reconfortante, estas construcciones de vivienda que proporcionan alojamiento, muy similar a lo que sucede hoy día en la construcción. En esas viviendas se buscaban buenas distribuciones, facilitar la vida práctica, precios asequibles, ventilación sol. El problema con ese tipo de “viviendas” es que ahí no necesariamente “acontece” el habitar.

Por otro lado, contrario a lo que podríamos pensar, las construcciones de las que se hablaba que no son viviendas, (el puente, el mercado, el camión, etc.) están de alguna manera hechas a partir del habitar, pues sirven para el habitar del hombre, con lo cual no podemos afirmar que el construir es el que genera el habitar, sino precisamente a la inversa: a saber, “El habitar sería en cada caso el fin que preside todo construir” (Bauen 140, Heidegger p. 128)

¿Cuál es la relación que guardan habitar y construir? Para Heidegger es la relación de fin a medio, pero en realidad no son dos actividades separadas y aquí está el punto penetrante de Heidegger, en separar construir y habitar es desfigurar las relaciones esenciales: “Construir no es solo medio y camino para el habitar, el construir es en sí mismo ya el habitar” (Bauen 140, Heidegger p.128).

Esto no lo podemos saber por otro medio que por el lenguaje, y aquí Heidegger recurre a su método filosófico que es desentrañar el sentido del ser a través del lenguaje. Es el lenguaje el señor del hombre. A continuación desentrañará lo que significa “construir”. La palabra del alto alemán BUAN, significa habitar en el sentido de permanecer y residir.  Bauen como verbo o construir es habitar y este sentido lo hemos perdido. Cuando decimos vecino Nachbarn, tomamos la palabra de Nachgebur, nachgebauer, quien habita en la proximidad. Así, verbos como buri, büren, beuron significan habitar.

Ahora bien, la palabra Buan no dice que construir sea habitar, sino que nos hace pensar el habitar que ella nombra. Si hablamos de morar hablamos de una forma de conducta que el hombre lleva a cabo. Así, contrario a lo que normalmente pensamos que en un lugar trabajamos y en otro habitamos, Heidegger quiere ir más lejos y afirma que el trabajar mismo es ya una forma de habitar, pues habitar no es una inactividad, habitamos desde nuestra profesión, habitamos cuando hacemos negocios o viajamos, incluso al caminar habitamos, así construir o bauen es originariamente habitar.

La implicación existencial que tiene esta afirmación se deja ver cuando afirma que antes construir y habitar eran entendidos de la misma manera: Bauen, buan, bhu, beo viene de la palabra bin o soy, como cuando decimos ich bin, du bist, bis sei, sé. Cuando digo ich bin o du bist es yo habito, tu habitas: esto es, el hombre es en la medida que habita, o dicho de otra forma, la forma como somos es el habitar.

De aquí que Heidegger termine por afirmar la identidad indisoluble entre el ser hombre y el habitar: “Ser hombre significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar.” (Bauen,141 Heidegger p. 129). La antigua palabra “bauen” significa que el hombre es en la medida en que habita, Bauen significa al mismo tiempo abrigar y cuidar. Cultivar, construir un campo de labor viene de Acker bauen, cultivar o construir una viña, es hacer madurar los frutos.

Construir en el sentido de abrigar y cuidar no es producir. Pero los buques y templos son producto de la construcción, es una obra, entonces no estaríamos hablando de cuidar, sino de erigir. Construir como cuidar en latin es collere, cultura y construir, en el sentido de levantar edificios es aedificare en latin, para Heidegger están incluidos en el propio construir, habitar. Así, el construir como el habitar, es un estar en la tierra, es vivir lo “habitual”. El habitar así, está detrás de las actividades del cuidar y edificar, son actividades que reivindican el nombre de construir.

La crítica de Heidegger es que “El sentido propio del construir a saber, el habitar, cae en el olvido” (Bauen, 141, Heidegger, p. 129) y no es un problema semántico, oculta una verdad, “el habitar no es experienciado como el ser del hombre: el habitar no se piensa nunca plenamente: como rasgo fundamental del ser del hombre.” (Bauen, 142, Heidegger p.130). Posteriormente hace una disertación del lenguaje: “El lenguaje le retira al hombre lo que aquél, en su decir, tiene de simple y grande. Pero no por ello enmudece la exhortación inicial del lenguaje; simplemente guarda silencio. El hombre, no obstante, deja de prestar atención a este silencio” (Bauen s 142 Heidegger p.130).

Pero al escuchar lo que el lenguaje dice del construir notamos que:

1.Construir es propiamente habitar.

2.El habitar es la manera como los mortales son en la tierra.

3.El construir como habitar se despliega en el construir que cuida, es decir, que cuida el crecimiento— y en el construir que  levanta edificios.

Heidegger nos advierte que no podemos preguntar por la esencia de un edificio, si no pensamos que todo construir es en sí un habitar. Así, se invierten los papeles del asunto “No habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en la medida en que habitamos, es decir, en cuanto que somos los que habitan” (Bauen 143, Heidegger,  p. 130).

Ahora bien, dice Heidegger, tendremos que preguntar qué es la esencia del habitar.

 

Habitar, del alemán Wohnen tiene enclavadas sus raíces en el sajón wuon, y el gótico wuniana, significan igual que el bauen, permanecer y residir. Pero el gótico wunian dice de modo más claro la experiencia de este permanecer. Wunian significa estar en paz o satisfecho, llevado a la paz y permanecer en ella, Friede paz es lo libre, das Frye, fry significa ser cuidado. Freien (liberar) sería propiamente cuidar.

Así, el cuidar no significa no hacer daño, cuidar como algo positivo es dejar algo en su esencia, re-albergar algo en su esencia, cuando lo rodeamos de una protección poner a buen recaudo.

Así, Habitar es haber sido llevado a la paz, esto es, permanecer a buen recaudo, apriscado en lo fry lo libre que lleva las cosas a su esencia.

De aquí que, “El rasgo fundamental del habitar es este cuidar (mirar para)” (Bauen, seite 143, Construir p. 131): “En el habitar descansa el ser del hombre y descansa en el sentido del residir los mortales en la tierra.” (Bauen, 143 Construir 131).

Ahora bien, qué significa tierra, tierra es un “bajo el cielo”, tierra y cielo co-significan, es permanecer ante los divinos y pertenecer a la comunidad de los hombres. Así, Heidegger nos quiere llevar a pensar que implica aquí una unidad originaria que implica tierra, cielo, los divinos y los mortales a una unidad.

“Tierra” es la que sirviendo sostiene. floreciendo da frutos (pensemos por ejemplo en la cosmovisión de los aztecas), lo que nos abre a aguas, animales y plantas, al pensar tierra pensamos los otros tres.

“Cielo”, camino arqueado del sol, curso de la luna en sus distintas fases, resplandor de estrellas, relaciones del año, paso de estaciones, luz, crepúsculo, oscuridad y claridad, tiempo hóspitalario e inhospito, paso de nubes, azul profundo, al pensar cielo, pensamos los tres, en todos los casos es lo mismo, pero no estamos considerando la simplicidad de los cuatro.

“los divinos” mensajeros de la divinidad que nos hacen señas. Desde el sagrado prevalecer de aquella aparece el Dios en su presente o se retira en su velamiento y lo mismo, al pensar en lo divino pensamos en los tres, pero no consideramos la simplicidad de los cuatro.

“mortales”, son los hombres, se llaman mortales, porque pueden morir. es capaz de la muerte y en este sentido sólo el hombre muere y de un modo permanente “mientras está en la tierra, bajo el cielo, ante los divinos”, al pensar en los mortales pensamos en los tres, pero no consideramos la simplicidad de los cuatro.

La unidad de los cuatro es ”La cuaternidad”, los mortales están en la cuaternidad al habitar: “El rasgo fundamental del habitar es el cuidar (mirar por).”

De esta forma Heidegger nos induce al tema central de la obra, los hombres en nuestro habitar, cuidamos de la cuaternidad es su rasgo más esencial, esto es habitar. “Los hombres como mortales, habitan en el modo como cuidan la cuaternidad en su esencia. Este cuidar que habita es así cuádruple.”

Un hombre o mortal, habita de acuerdo a los siguientes parámetros:

1.en la medida que salva la tierra (del alemán retten, salvar= salvación no es arrancar del peligro, salvar en alemán es franquearle a algo la entrada a su propia esencia. “Salvar la tierra es más que explotarla o incluso estrangular. Salvar la tierra no es adueñarse de la tierra, no es hacerla nuestro súbdito, de donde sólo un paso lleva a la explotación sin límites” (página 132 , seite 144-145).

2.Los mortales habitan en la medida en que reciben el cielo como cielo. Dejan al sol y la luna seguir su viaje, las estrellas su ruta, las estaciones del año, su bendición y su injuria “no hacen de la noche día ni del día una carrera sin reposo”.

3.Los mortales habitan en la medida en que esperan a los divinos como divinos. “Esperando les sostienen lo inesperado yendo al encuentro de ellos; esperan las señas de su advenimiento y no desconocen los signos de su ausencia. no se hacen sus dioses ni practican el culto a ídolos, en la desgracia esperan aún la salvación que se les ha quitado.

4.Los mortales habitan también cuando conducen su esencia propia, son capaces de la muerte para que sea una “buena muerte”, pero no significa poner la muerte como meta como una nada vacía, ni ensombrecer el habitar por estar pensando en la muerte.

5.En el salvar la tierra el recibir el cielo, en la espera de los divinos, en el conducir de los mortales acaece de un modo propio el habitar como el cuádruple cuidar (mirar por) de la cuaternidad.

Cuidar es mirar por, es custodiar la cuaternidad para Heidegger pero es cuidar su esencia.

Este tomar en custodia es albergar, pero dónde es donde se guarda su propia esencia.

¿Cómo es que llevan los mortales el habitar como este cuidar? Si el habitar no fuera únicamente un residir en la tierra, bajo el cielo, ante los divinos, con los mortales, no habría tal habitar.

Habitar es residir cerca de las cosas. Cuidar guarda la cuaternidad en aquello cerca de lo cual los mortales residen, esto es, las cosas. es cuidar o guardar las cosas. (incluso, podemos pensar es que un cuidar el entorno y nombrarlo).

Este residir cerca de las cosas no es un añadido, es más bien la única manera como se lleva a cabo cada vez de un modo unitario la cuádruple residencia en la Cuaternidad (s.146- p.133).

Por otro lado, las cosas mismas albergan la cuaternidad, sólo cuando ellas mismas en tanto que cosas, son dejadas en su esencia (s. 146 p.133).

El cuidar y el erigir es el construir en el sentido estricto.

Habitar es guardar (en verdad) a la cuaternidad en las cosas, es en tanto que este guardar es un construir. Así, tenemos que preguntar, en qué medida pertenece el habitar al construir?

II.

Heidegger busca responder ahora a la interrogante ¿En qué medida pertenece el habitar al construir? Y Heidegger sabe que el contestar esta pregunta dilucida que es el construir pensado desde la esencia del habitar.

Construir lo entiende Heidegger como edificar cosas, lo que corresponde ahora es saber qué son las cosas construidas. Si tomamos el ejemplo de un puente podemos ver que “se tiende ligero y fuerte” por encima de la corriente, su papel no es solo juntar dos orillas, es lo que deja que una yazga frente a la otra, razón por la que el otro lado se opone al primero. En este sentido las orillas no discurren a lo largo de la corriente como fronteras indiferentes de la tierra firme, más bien el puente “Lleva la corriente, las orillas y la tierra a una vecindad recíproca.” (146, p.133).

“El puente coliga la tierra “como paisaje en torno a la corriente” (s. 146-147 p.134). El puente está preparado para los tiempos del cielo, la fuerza de las corrientes, es decir, está  preparado para la esencia de la naturaleza y su estructura y forma de disponerse nos habla de la esencia de la naturaleza, y comunica el agua con el cielo, aún en el acto de ocultarlo debajo del puente.

“El puente deja a la corriente su curso y al mismo tiempo garantiza a los mortales su camino, para que vayan de un país a otro.” (s. 147 p.134).  Esto nos llama la atención porque los puentes, los caminos, tienen que tener esta función, no “anular” la naturaleza que nos circunda, sino dejarla ser, y a la vez, dejarnos ser; por otro lado, el puente “permea” y la Arquitectura debe ver cómo “permean” los caminos y puentes, los espacios.

Así, nos dice el Filósofo alemán, los puentes “conducen” y lo hacen de distintas maneras,; de la misma manera, existen mucho tipo de puentes: grandes por los que pasan coches y carretas y unen ciudades, o pequeños que libran apenas riachuelos y todos ellos deben cumplir con la vocación de habitar para el ser humano.

¿Qué entraña el puente? Heidegger apunta el carácter “simbólico” del puente, que reunirá toda la cuaternidad, pues puente es:

1. Es el que nos conduce de un lugar a otro, el que nos muestra cómo el hombre aspira a superar lo que les es habitual a los hombres, lo que nos es aciago, “y de este modo se pongan ante la salvación de lo divino”.

2. El puente entonces nos enseña como seres para la muerte, a librar nuestro último camino.

3. También el puente “reúne”, como el paso que se lanza al otro lado, llevando ante los divinos. Esta dimensión de convocar a los divinos se nota muchas veces cuando en los puentes se añade la forma visible de una figura del santo que cuida el puente, o a veces no. También el puente, es un símbolo que nos proyecta a una dimensión de vida/muerte, hombres/dioses, cuando hablamos de nuestro tránsito a otra vida como un “cruzar el puente”.

4. El puente “coliga” según su manera cerca de la tierra y el cielo, los divinos y los mortales: “Coligar” se llama “thing”, puente es una cosa y lo es en tanto que la coligación de la Cuaternidad.

Lo normal es pensar que un puente es ante todo “un puente” (es decir, algo físico, neutro y distinto), en su ser propio, y que además se le pueden añadir otras cosas para que pueda expresar otras cosas y que después se convierta en símbolo.

Pero el puente no es nunca primero puente sin más y luego un símbolo, y tampoco es sólo un símbolo como que exprese algo que tomado de un modo estricto no pertenece a él. El puente no se muestra nunca como expresión, asevera Heidegger, el puente es una cosa y sólo eso, pero esa es su grandeza, que coliga la cuaternidad.

Para ampliar esta idea Heidegger aborda el tema “cómo entendemos las cosas” y critica que desde hace tiempo nos hemos habituado a estimar la esencia de la cosa de un modo demasiado pobre y critica sobre todo a Kant y con él la filosofía occidental que hace de la cosa un ignotum X que es afectado por propiedades perceptibles, y esto nos lleva a pensar y ver la realidad como si aquello que pertenece a la esencia fuera un aditamento introducido posteriormente, <>. Pero esto no es así.

Volviendo al caso del “puente” vemos que es una cosa de un tipo propio, porque el puente reúne una variedad de elementos, es decir “coliga”, y esto que reúne o coliga es la Cuaternidad que hace sitio a una plaza; de aquí que el Puente se constituye, ya no en una cosa, sino en un “lugar”, motivo por el cual afirma: “Pero solo aquello que en sí mismo es un lugar puede abrir un espacio a una plaza” 148 p.135.

Esta idea de Lugar a la que hemos aludido, le permite a Heidegger darnos una nueva idea de Espacio, ya no como un receptáculo neutro y abierto en el que se colocan “cosas”, antes bien, el puente abre un espacio, es decir, un lugar: “El lugar no está pensado ya antes del puente. Es cierto que antes de que esté puesto el puente, a lo largo de la corriente hay muchos sitios que pueden ser ocupados por algo”. (148 p. 135). De entre ellos uno se da como un lugar. Esto ocurre por el puente.

De esta manera se invierte nuestra concepción de espacio y lugar, a saber: el puente no es el que llega a estar en un lugar, sino que por el puente mismo surge un lugar. Es por el puente que surge el sitio. El puente es una cosa, coliga la cuaternidad, esto es, otorga o hace sitio a la cuaternidad <> le hace a la cuaternidad una plaza o un lugar>>, por eso, “Desde esta plaza se determinan plazas de pueblos y caminos por los que a un espacio se le hace espacio” (p. 135 s. 148-9)

<>.  Así, Heidegger nos advierte de este giro, las cosas no están en un lugar, las cosas son lugares, y como tal, sólo ellas otorgan cada vez espacios.

Raum nombra viene de Raum, rum, lugar franqueado para población y campamento.

Un espacio es algo “aviado” espaciado, a lo que se le ha franqueado espacio dentro de una frontera.

Los griegos empleaban la palabra “peras” para hablar de esta frontera y como tal frontera no es en lo que termina algo, sino aquello a partir de donde algo comienza a ser lo que es. El límite es lo que permite que inicie la esencia, para esto está el concepto orismos o frontera.

Espacio es lo aviado, aquello a lo que se ha hecho espacio. Lo que se ha dejado entrar en sus fronteras.

Lo espaciado es coligado por medio de un lugar, como por ejemplo un puente, por esto habría que concluir, piensa Heidegger, que los espacios reciben su esencia desde lugares y no desde “el espacio”. De acuerdo a este análisis puede Heidegger concluir que “A las cosas que, como lugares, otorgan plaza las llamaremos ahora, anticipando lo que diremos luego, construcciones” (S. 149 p.136).

Una construcción se llama así porque es pro-ducida por el construir que erige.

Para poder resolver qué tipo de producir es el que se hace con la construcción es algo que se puede saber sólo si se considera la esencia de las cosas que desde sí misma exigen para su producción el construir como un producir, estas cosas, dice Heidegger, son lugares que otorgan plaza a la cuaternidad, pues la plaza había un espacio.

En la esencia de estas cosas como lugares está el respecto de lugar y espacio, pero también la referencia del espacio al hombre que reside cerca el lugar.

De aquí que Heidegger intente aclarar la esencia de las construcciones, considerando lo siguiente:

1.En qué referencia están lugar y espacio.

2.Cuál es la relación entre hombre y espacio?

Sabemos que el puente es un lugar.

Como lugar, el puente otorga un espacio en el que están admitidos tierra y cielo, divinos y mortales.

El espacio que otorga el puente, esto es, el espacio al que el puente ha hecho sitio tiene distintas plazas, más cercanas o más lejanas al puente, dichas plazas se dejan estimar ahora como meros sitios entre los cuales hay una distancia medible. Heidegger toma la expresión de espacio griega, Stadion, que es siempre algo a lo que se ha aviado o se ha hecho espacio por emplazamientos.

Así pues, lo que los sitios han aviado es un espacio de un determinado tipo. Es un spatium (en latín), esto es, un espacio intermedio.

Así, Heidegger nos hace ver de una forma distinta la cercanía o lejanía entre hombres y cosas, que puede estar planteada no tanto por un espacio numérico, sino puede ser alejamiento en distancias de espacio intermedio.

El espacio si está representado por el Spatium nos muestra a un puente, por ejemplo, que aparece como un mero algo que está en un emplazamiento, que puede estar ocupado por algo distinto o reemplazado por una marca.

Este espacio intermedio al que hace alusión Heidegger también nos puede hablar de extensiones como altura, anchura, profundidad, un abstracto de las tres dimensiones.

Así, estas distintas dimensiones como altura, profundidad, anchura no es determinado por distancias, no es tanto un spatium, sino un “extensio” o extensión.

Heidegger nos mete en un nuevo concepto, “extensión” puede ser objeto de otra abstracción que, puede ser entendido como una relación analítico algebraica, pero estas relaciones sólo avían la posibilidad de la construcción puramente matemática de pluralidades con todas las dimensiones que se quieran.

Esto es el espacio según las matemáticas, pero “el· espacio así entendido no contiene espacios ni plazas, en el espacio de la física y matemática no encontraremos nunca “lugares”, entendiendo por ello cosas del tipo de un puente, antes bien “en los espacios que han sido aviados por los lugares está siempre el espacio como espacio intermedio, y en éste, a su vez, el espacio como pura extensión”. p. 137 s.151.

Tanto spatium como extensio dan la posibilidad de espaciar cosas y de medir de un cabo a otro según distancias, treschos direcciones y calcular estas medidas. Pero esto no lo hace ser el fundamento de la esencia de los espacios y lugares que son medibles con la ayuda de las Matemáticas.

El planteamiento de Heidegger quiere ir más lejos, en realidad los espacios que atravesamos todos los días están aviados por lugares, la esencia de los lugares tiene su fundamento en cosas del tipo de las construcciones.

La invitación de Heidegger es a la referencia entre lugares y espacios, entre espacios y espacio, para obtener un punto de apoyo para considerar la relación entre hombre y espacio.

 

Si hablamos de “hombre” y “espacio” no hay que entender que el hombre está de un lado y el espacio en otro, “el espacio no es un enfrente del hombre”, no es un objeto exterior ni una vivencia interior.” (p.137 s.151).

Si digo hombre, pienso “habita” y esto involucra “espacio” y de aquí la “residencia en la cuaternidad” que es un cerca de las cosas, y este cerca no quiere decir, “pegado físicamente”. Esto se ve que con traer a la memoria uno trae las coas a la presencia. “Los espacios y con ellos “el” espacio están ya siempre aviados a la residencia de los mortales”. (p. 138 s.152). De hecho el espacio se funda por el habitar del hombre, “Los espacios se abren por el hecho de que se los deja entrar en el habitar de los hombres.” (s. 152 p.138). Así, si los mortales son, habitando, aguantan espacios sobre el fundamento de su residencia cerca de cosas y lugares, y por “aguantar espacios” pueden atravesarlos.

Vamos por espacios y este hacerlo permite que los aguantemos residiendo siempre cerca de lugares y cosas cercanas y lejanas. No estoy como cuerpo encapsulado en un lugar y me desplazo a un lugar, por ejemplo, no me desplazo a la salida, de alguna manera ya está uno en a salida, estoy allí porque aguanto el espacio y sólo así puedo atravesarlo.

Al estar en mi mismo incluso, no abandono la pertenencia a la cuaternidad. Si meditamos sobre nosotros mismos, vamos hacia nosotros volviendo de las cosas, sin abandonar la residencia cerca de las cosas. Si esta residencia determina al ser del hombre, pueden las cosas llegar a no decirnos nada ni importarnos nada.

El “respecto” del hombre con los lugares y a través de ellos con espacios descansa en un fundamento: “El habitar”. El modo de habérnosla con el espacio no es otra cosa que el habitar pensado de un modo esencial. Así, podemos volver a ver las construcciones pero de otra manera: el puente es una cosa de este tipo, el lugar deja entrar la simplicidad de tierra y cielo, de divinos y de mortales a una plaza.

El lugar es un cobijo de la cuaternidad, es un Huis, esto es una casa, las cosas del tipo puente, o de la cuaternidad, dan casa a la residencia del hombre, son viviendas pero no moradas en sentido estricto.

Este es el construir, su esencia descansa en que esto corresponde al tipo de estas cosas”, lugares que otorgan espacios, el construir porque instala lugares es un instituir y ensamblar de espacios.

Construir, por instalar lugares es un instituir y ensamblar de espacios. El construir pro-duce lugares, con la inserción de sus espacios, el espacio es sptaium y extensio, llega necesariamente al ensamblaje cósico de las construcciones.

el construir no configura nunca “el” espacio ni de modo inmediato ni mediato. El construir al producir las cosas como lugares está más cerca de la esencia de los espacios y del provenir esencial “del” espacio que toda la Geometría y las Matemáticas.

Este construir erige lugares que avían una plaza a la Cuaternidad.

De la simplicidad en laque tierra y cielo, divinos y mortales se pertenecen mutuamente, recibe el construir la indicación para eregir lugares.

Así, desde la Cuaternidad, el construir toma sobre sí las medidas para toda medición transversal de los espacios. Y para todo tomar la medida de los espacios que están cada vez aviados por los lugares instituidos. Así, las construcciones mantienen (en verdad) a la Cuaternidad, cuidan la cuaternidad, salvar la tierra, recibir el cielo, estar a la espera de los divinos, guiar a los mortales, es un cuádruple cuidar, y esta “es la esencia simple del habitar”. (p.140 s.154).

Heidegger llega ya a una expresión tajante “las auténticas construcciones marcan el habitar llevándolo a su esencia y dan casa a esta esencia” (p.140 s.155).

En resumen Heidegger afirma que esto ha sido intentar pensar desde el dejar habitar la esencia del construir que erige, “experienciamos” de un modo más claro dónde descansa aquel producir, actividad cuyos rendimientos tienen como consecuencia un resultado, la construcción terminada.

Se puede prepresentar el pro-ducir así. Uno aprende algo correcto, y no obstante no acierta nunca con su esencia que es un traer que pone delante. Esto es, el construir trae la cuaternidad y la lleva a una “cosa”, el puente, y pone la cosa “delante” como un lugar llevándolo a lo ha presente que está aviado por este lugar.

Pro-ducir o hervorbringen se dice en griego tikto: tek es la raíz de la cual procede Técnica o techne, técnica no es arte ni oficio manual, sino dejar que algo aparezca en lo presente.

Techne es pro-ducir, dejar aparecer, “La techne que hay que pensar así se oculta desde hace mucho tiempo en lo téctónico de la arquitectura” p.140 s.154.

Por esa esencia del pro-ducir que construye no se puede pensar de un modo suficiente a partir del arte de construir ni de la ingeniería ni de una mera copulación de ambos.

La esencia del construir es el “dejar habitar”, la cumplimentación de la esencia del construir es el erigir lugares por medio del ensamblar espacios.

Así la conclusión es clara “sólo si somos capaces de habitar podemos construir” (p.141 s.)

Y pone el ejemplo de una casa de Selva Negra, donde se deja que tierra y cielo, divinos y mortales entren simplemente en las cosas y esto erige la casa. la casa en la ladera está a resguardo del viento, entre las praderas, cercana a la fuente, su techo sostiene por la inclinación el peso de la nieve, protege las habitaciones contra las tormentas de invierno, no se deja de lado en esta casa el rincón para la imagen de nuestro Señor detrás de la mesa comunitaria, “ha aviado en la habitación los lugares sagrados para el nacimiento y el árbol de la muerte” esto es, el ataúd. así bajo el tejado les ha marcado la impronta de su paso por el tiempo. “Sólo si somos capaces de habitar podemos construir” (p.141)

“El habitar es el rasgo fundamental del ser según el cual son los mortales” (p.141). por esto Heidegger piensa que esta reflexión sobre el habitar puede dar más luz sobre el hecho de que el construir pertenece al habitar y es el modo como de él recibe su esencia.

Ya suficiente tarea sería considerar que construir y habitar son algo digno de ser preguntado y pensado.

“Construir y pensar son siempre, cada uno a su manera, ineludibles para el habitar. Pero al mismo tiempo serán insuficientes para el habitar mientras cada uno lleve lo Siyoi por separado en lugar de escucharse el uno al otro. Serán capaces de esto si ambos, construir y pensar, pertenecen al habitar, permanecen en su propios límites y saben que tanto el uno como el otro vienen del taller de una larga experiencia y de un incesante ejercicio” (p. 141-142, s )

Con lo anterior comprendemos un poco más por qué la crítica de Heidegger a la idea del habitar hoy día, pues se ha dejado de lado la esencia del habitar, y en lugar de esto estamos ante la penuria de viviendas, y aun cuando se ponen medios para remediarla, se intenta evitar esta penuria haciendo viviendas, fomentando la construcción, planificando la industria y el negocio de la construcción: sin embargo, ahí no está la solución, la solución  estará cuando comprendamos la esencia del habitar y no pensemos desde el construir, es decir, cuando antepongamos al hombre y la cuaternidad y desde el hombre hagamos relucir la verdadera esencia de ser y habitar, pero ante esta pérdida de conocimiento del habitar, sólo podremos pensar en vivienda como un colocar personas en lugares, y no como el hacer que las personas “funden” lugares y convoquen el sentido del ser: “…la auténtica penuria del habitar no consiste en primer lugar en la falta de viviendas. La auténtica penuria de viviendas es más antigua aún que el ascenso demográfico sobre la tierra y que la situación de los obreros de la industria. La auténtica penuria del habitar descansa en el hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del habitar, de que tienen que aprender primero a habitar” (p.142).

 

Llevaran a cabo esto cuando construyan desde el habitar y piensen para el habitar.

URBS, CIVITAS Y POLIS

 LOS PROBLEMAS DE LAS CIUDADES. URBS, CIVITAS Y POLIS

 Artículo publicado en el núm. 3 de la Colección Mediterráneo Económico: "Ciudades, arquitectura y espacio urbano".

Coordinado por Horacio Capel

ISBN: 84-95531-12-7 - ISSN: 1698-3726 - Depósito legal: AL - 16 - 2003

Edita: Caja Rural Intermediterrámea, Sdad. Coop. Cdto - Producido por: Instituto de Estudios Socioeconómicos de Cajamar

CIUDADES, ARQUITECTURA Y ESPACIO URBANO

 A MODO DE INTRODUCCIÓN: LOS PROBLEMAS DE LAS CIUDADES. URBS, CIVITAS Y POLIS

Horacio Capel

Universidad de Barcelona

El fenómeno urbano, que tiene ya casi siete milenios de existencia, entró desde la Revolución

industrial en una nueva fase de cambios profundos, que se han acentuado hoy hasta

extremos hace poco inimaginables. Nuevas formas urbanas, nuevos contenidos sociales y nuevos

modos de vida, nuevas tipologías y tejidos urbanos, nuevas centralidades y otras muchas

innovaciones aparecen en la configuración de las áreas urbanas. Todo ello acentuado por el

impacto de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación.

…….

Lo urbano tiene muchas facetas, y por ello mismo es difícil su caracterización y definición.

La ciudad es al mismo tiempo la urbs, la civitas y la polis. Es, en efecto, en primer lugar, el

espacio construido, y que posee características morfológicas que, en general, fácilmente podemos

reconocer como "urbanas" (los edificios, las calles, una fuerte densidad de equipamientos y

de infraestructuras), es decir, todo lo que los romanos designaban con la expresión urbs. Pero es

también una realidad social constituida por los ciudadanos que viven en la ciudad, a lo que los

romanos aludían al hablar de la civitas. Y finalmente es la unidad político-administrativa, del

municipio al área metropolitana, es decir aquello a lo que los griegos se referían al hablar de la

polis. Abordar los problemas de la ciudad significa referirse a la vez a dimensiones físicas,

sociales y político-administrativas.

1. Los problemas de la urbs

El espacio físico de la ciudad se extiende y se renueva sin cesar. Pero no debe seguir

extendiéndose de forma ilimitada, afectando de manera incontrolada al medio natural.

La ciudad implica concentraciones de energía y de materiales, así como la construcción

de infraestructuras físicas que modifican de manera irreversible las características del medio

natural, con un impacto creciente sobre el mismo. Lo primero que hay que constatar es que esa

extensión es en parte necesaria, por el mismo crecimiento de la población urbana, y en parte

superflua porque se relaciona con las necesidades del mercado inmobiliario. El cambio y la

reconstrucción están en la esencia misma del capitalismo, que genera un proceso sin fin de

destrucción e invención de nuevos productos, lo cual se aplica también a las ciudades, que

continuamente se construyen y reconstruyen.

Las necesidades de la producción masiva convierten a los objetos producidos en mercancías.

La sociedad de consumo se basa en la lógica económica de la producción, en la obtención

de beneficios y, por ello mismo, en la búsqueda de mercados entre una población consumidora

en aumento. Desaparece con ello la idea de permanencia de los objetos, y es el cambio, lo

efímero y la obsolescencia lo que gobierna la producción y el consumo. A partir de la implantación

y consolidación del sistema capitalista, todo lo que se construye está hecho para ser

destruido y para que el proceso de producción recomience una y otra vez. Marshall Bermann lo

ha percibido lúcidamente en un libro cuyo título (Todo lo sólido se desvanece en el aire) retoma

una frase de Marx en el Manifiesto comunista: "‘Todo lo sólido’ -desde las telas que nos cubren hasta los telares y los talleres que las tejen, los hombres y mujeres que manejan las máquinas, las casas y los barrios donde viven los trabajadores, las empresas que explotan a los trabajadores, los pueblos y ciudades, las regiones y hasta las naciones que los albergan- todo está hecho para ser destruido mañana, aplastado o desgarrado, pulverizado o disuelto, para poder ser reciclado o

reemplazado a la semana siguiente, para que todo el proceso recomience una y otra vez,

es de esperar que para siempre, en formas cada vez más rentables [...] Hasta las construcciones

burguesas más hermosas e impresionantes, y las obras públicas, son

desechables, capitalizadas para una rápida depreciación y planificadas para quedar

obsoletas, más semejantes en sus funciones sociales a las tiendas y los campamentos

que a las pirámides de Egipto, los acueductos romanos o las catedrales góticas".

Los ejemplos de ello son numerosos. En una obra reciente titulada significativamente La

destrucción creadora, un autor ha señalado con referencia a las transformaciones de Manhattan

entre 1900 y 1940, que la ciudad "nunca está satisfecha consigo mismo, y está continuamente

reconstruyendo".

Es seguro que eso supone un gran negocio, que permite obtener gigantescos beneficios

económicos. Y es indudable que en esa construcción y reconstrucción continua se ganan a

veces mejoras materiales sensibles en forma de nuevos edificios, nuevos estándares, nuevas

instalaciones. Pero también se pierde mucho. Un patrimonio edificado está siendo rapazmente

destruido, y con ello desaparece para siempre una parte de la memoria histórica. Y un parque

inmobiliario construido se deja deteriorar en beneficio del negocio que supone la construcción de

viviendas nuevas.

La ciudad, lo urbano, seguirá creciendo en todo el mundo, porque todavía hay elevadas

cifras de población campesina que en algunos países ascienden a más del 50 por ciento de la

población activa, cuando en los más desarrollados no supera el 10 por ciento. Pero no se trata de

construir más ciudad, sino una mejor ciudad; construir sin hacer edificios para la rápida

obsolescencia y sin que estén al servicio de la lógica del consumo. Es decir, hay que dar incentivos

para el mantenimiento y la rehabilitación El parque construido debe mantenerse en la medida

de lo posible. Y en especial el centro histórico debe protegerse a toda costa, por la importancia

que tiene para la imagen de la ciudad y la identidad colectiva. Hay que poner a punto, y

aplicar decididamente, políticas de incentivo a la rehabilitación para conservar el suelo y el patrimonio inmobiliario, con viviendas desocupadas y mal conservadas. Aunque también hay problemas diversos que habrá que resolver para actuar adecuadamente (problemas jurídicos, propiedades indivisas, propietarios envejecidos, criterios para la intervención y protección, etcétera).

El espacio social de la ciudad se construye en buena parte a través de la vivienda y el

mercado de la vivienda, y con la construcción de equipamientos e infraestructuras. El mercado

de la vivienda, que en nuestro país es muchas veces poco transparente, asigna las personas al

espacio en función de su nivel de rentas. Por ello contribuye a una fragmentación de la ciudad,

que algunos consideran cada vez más intensa. Por un lado, urbanizaciones para grupos de

rentas altas, exclusivas, cerradas, con equipamientos refinados que hacen la vida más agradable

en el alojamiento privado y en el cerrado espacio colectivo. Por otro la ciudad de los pobres, los

cascos antiguos degradados, las periferias marginales, la infravivienda. La ausencia de construcción de viviendas sociales es general y clamorosa, y contribuye a esa fragmentación y segregación.

Frente a lo cual, se necesitan políticas públicas de vivienda, ya que cada vez parece más

claro a quien lo quiera ver que la mano invisible de los intereses inmobiliarios no logra resolver los

problemas de la escasez de viviendas y es incapaz de alojar convenientemente a la población de

bajos recursos.

2. Las posibilidades de la civitas

Las ciudades son también los ciudadanos, y el uso que éstos hacen del espacio construido.

Los habitantes no se distribuyen homogéneamente sobre el espacio urbano. Hay diferencias

socioespaciales, que van desde los cambios de densidad, en una escala que se extiende desde

espacios muy densos a otros con viviendas unifamiliares y baja densidad, a la misma heterogeneidad social del espacio, desde los barrios de los ricos a los de los pobres, cada uno con sus características diferenciadas.

Los cambios en el mercado de trabajo están afectando de forma creciente a la misma

organización de la ciudad. Los desplazamientos de empresas hacia la periferia, la inestabilidad

de los contratos y el desempleo afectan a la residencia de los trabajadores. La imposibilidad de

pagar un domicilio propio, la inseguridad en la disposición de la vivienda, los desplazamientos

diarios cada vez mayores son rasgos de la vida metropolitana que acaban por afectar a la calidad

de vida de los ciudadanos. Los procesos de desconcentración de los municipios centrales, así

como el paralelo crecimiento de los municipios del entorno, convertidos en lugares de residencia,

contribuyen asimismo a la movilidad diaria al trabajo y a aumentar los problemas de tráfico de los

habitantes.

La ciudad es muy diversa social y culturalmente. Uno de los rasgos que generalmente se

han considerado en la misma definición de lo urbano es precisamente la heterogeneidad de su

población. Una heterogeneidad que es, en primer lugar, profesional y de habilidades, lo que da a

la ciudad unas ventajas sobre las de cualquier otro lugar. Pero también una heterogeneidad de

actitudes, de comportamientos.

Las ciudades son desde el comienzo del desarrollo urbano espacios que han crecido con

la llegada de habitantes de afuera, es decir, lugares de inmigración. Lo cual se acentúa todavía

más hoy con las migraciones internacionales. La ciudad es un crisol donde se funden las culturas

y las razas. Pero eso requiere hoy tiempo, escuela pública, acceso al mercado de trabajo y

a los equipamientos sociales, así como objetivos sociales claros; requiere algún tipo de consenso social sobre el tipo de sociedad que se desea construir. Todo ello es difícil de conseguir con

movimientos migratorios de gran movilidad, con redes transnacionales que vinculan permanentemente a los que llegan con comunidades exteriores más que con la de acogida, con conflictos por el mercado de trabajo, y con acceso desigual a los servicios básicos. Es difícil de conseguir con comunidades divididas y enfrentadas por razones religiosas, cuando las creencias no quedan reservadas a la conciencia individual sino que se expresan públicamente en forma de

fundamentalismos religiosos excluyentes, dando lugar a amenazas y enfrentamientos que hacen

imposible la convivencia ciudadana.

3. La administración de la polis

La ciudad es también un territorio y unos grupos sociales que, al igual que la polis griega,

tienen un ordenamiento jurídico. El territorio de la ciudad actual es en este sentido muy complejo,

porque está sometido a diversas instituciones.

…….

Estamos ante transformaciones globales que afectan de forma decisiva a todos los espacios,

y también a las ciudades. Aunque el proceso de mundialización es antiguo, también hay

aspectos nuevos en la globalización. Las redes y las relaciones humanas, económicas, financieras,

de información, que se establecen a escala mundial son cada vez más densas, con una

mayor velocidad y tienen impactos profundos en la actividad y la vida social. Hoy no se pone el

sol en el flujo de informaciones, en la actividad económica, en los mercados financieros, ya que

actúan siempre en algún lugar de la Tierra, interconectados con los otros. Este mundo ampliamente interconectado permite que se ejerzan poderosas influencias desde lugares lejanos, y exige nuevas formas de regulación y de gobierno.

Hemos de decir que las ciudades no están inermes ante esos procesos e influencias.

Tienen -al igual que los estados- capacidad de resistencia y de imponer o defender sus propios

intereses y objetivos, siempre que éstos estén claros y no resulten contradictorios o enfrentados

con los de otras instancias, como ocurre a veces en España.

El gobierno de la ciudad necesita de reglas jurídicas claras, de una voluntad decidida para

su cumplimiento, de una autoridad capaz de hacer acatar las normas. Es decir, necesita de una

administración publica eficiente.

………

Sin duda el urbanismo es un proceso complejo. La administración pública debe negociar

con los diferentes agentes urbanos, cada uno de los cuales defiende sus propios intereses, y

arbitrar entre sus conflictos y diferencias. En realidad, esa ha sido la función atribuida muchas

veces al planeamiento. Pero esa negociación y arbitraje debe hacerse desde posiciones de

fuerza de la administración pública, con una legislación que permita a las administraciones

presionar para defender el bien común.

Tenemos necesidad de integrar las políticas urbanísticas y las políticas económicas. Por

ejemplo, el urbanismo y las políticas que se refieren a la industria. Frecuentemente encontramos

polígonos industriales que se construyen y que no se desarrollan y a veces industria en municipios

donde no se había previsto. Lo mismo ocurre en lo que se refiere a las comunicaciones. A

veces los estudios y decisiones dependen de diferentes instancias e instituciones. Un caso

clamoroso es el de la construcción de autopistas y de desvíos, con decisiones que se toman por

técnicos del Ministerio de Fomento, normalmente ingenieros de caminos, y en contradicción a

veces con el planeamiento municipal. Las consecuencias de esos desajustes son con frecuencia

graves para el ordenamiento del territorio y la organización de la ciudad.

En todo caso, es importante insistir en la necesidad de no vulnerar la normativa urbanística

aprobada. No pueden cambiarse a dedo la localización de equipamientos ya decididos. Los

casos que se han producido en el pasado, y que todavía se producen con frecuencia, deben ser

evitados.

En este mundo todavía existen muchas áreas que escapan a la legalidad. Los primeros

que dan ejemplo de eso son los Estados Unidos, tratando de soslayar el ordenamiento jurídico

internacional que tan trabajosamente se está construyendo, intentando eludir los acuerdos de

las Naciones Unidas, rechazando el Tribunal Penal Internacional. La ilegalidad, las prácticas

ilegales están todavía hoy presentes, en uno otro grado, en muchas partes, incluyendo la construcción de la ciudad, hacia donde se canaliza una parte del dinero negro que se genera y circula.

Hay desde luego lugares más ilegales que otros, y son especialmente significativos en este

sentido los territorios aislados y con difícil presencia del Estado, como ciertos sectores de los

Andes o de la Amazonia, pero también los lugares donde hay un rápido flujo de personas,

mercancías y dinero, como las áreas turísticas, casa de juego, o los casinos, muchos de ellos

relacionados con el espacio urbano. Es sabido también que la promoción inmobiliaria permite a

veces el blanqueo de dinero negro. La lucha contra la ilegalidad en la ciudad debe incluir también

esas dimensiones.

4. Repensar la ciudad e imaginar alternativas

……………

Tenemos necesidad de pensar e imaginar la ciudad en su conjunto, de manera integrada,

teniendo en cuenta todas las dimensiones que hay en la ciudad y a las que hemos aludido, es

decir su carácter de urbs, de civitas, de polis. Eso es lo que falta, urbanización, ciudadanía y

política. La construcción de una ciudad mejor no es solo urbanismo (la construcción de un

entorno habitable), es también civismo (espacios públicos, educación, escuela, solidaridad...) y

política (igualdad social, democracia, participación, predominio de los intereses generales, control

por la administración pública democráticamente elegida...).

No ha de olvidarse nunca que la ciudad y el territorio se planifican para los habitantes,

que el continente se ha de organizar para el contenido, para que los ciudadanos vivan mejor. El

planeamiento debe servir para disminuir la segregación social y la exclusión. Lo cual debe

hacerse, en lo que respecta al urbanismo, a través de la inversión pública y la construcción de

equipamientos accesibles a toda la población. Debe evitarse una ciudad fragmentada y segregada.

…………..

Hemos de defender el mantenimiento de una tradición urbana de espacio público protegido

por la normativa legal y por la administración pública. Pero también hemos de recordar que el

espacio público es de todos, no solo de la administración pública. Y en ese sentido necesitamos

aprender mucho en nuestros países de tradición latina y de individualismo exacerbado. El desprecio que a veces existe ante lo público es clamoroso: gentes que tiran basuras en la calle

 (papeles, colillas...), perros que defecan libremente en la acera ante la mirada indiferente de sus

dueños, jóvenes que dejan asquerosas las calles y plazas con la práctica del botellón, destrozos

del mobiliario urbano como forma de protesta y tantos otras muestras de comportamiento incivil

que continuamente podemos observar. Ante todo esto hemos de reivindicar y difundir formas de

civismo, de colaboración y de solidaridad.

Hoy el automóvil, las tecnologías de la información y la comunicación permiten la relación

entre personas situadas en espacios alejados, lo que puede hacerse a la vez que existe una

incomunicación con gentes que viven próximas. La proximidad social no está vinculada a la

proximidad física; ésta no basta para crear lazos comunitarios. Pero, de todas maneras, esa

proximidad tiene sus ventajas que conviene potenciar: efectos de imitación y de circulación de

información, facilidad para el trato, homogeneización de comportamientos y facilidades para la

convivencia. Hemos de potenciar eso, la comunicación personal cara a cara, lo que no es incompatible con el desarrollo simultáneo de comunidades virtuales.

La demanda de servicios es ilimitada y crece sin parar, en sanidad, en servicios

asistenciales, en educación...; lo cual es sin duda positivo, pero puede suponer un coste que

exige no sólo recursos públicos sino también comportamientos cooperativos y solidarios. Solidaridad y cooperación significa organizaciones solidarias y cooperativas, del tipo de las que se

denominan "no gubernamentales". Se trata de algo muy positivo, siempre que existan controles

democráticos de las mismas. Pero no es suficiente. Necesitamos también de administraciones

públicas democráticas.

Se ha de prestar mayor atención a la pobreza urbana y a los grupos marginales o con

problemas (jubilados, personas con discapacidades). Hay que pensar en la ciudad para los

niños, para los viejos, para los minusválidos...

…..

Hay que ser conscientes de que las medidas que se adopten para hacer una ciudad mejor

no pueden ser solamente urbanísticas. Son también de carácter político más general: tiene que

ver con el sistema fiscal progresivo que facilite recursos a las administraciones públicas, con las

opciones respecto a la escuela pública, la única capaz de formar en la convivencia; con la

sanidad pública, la única capaz de garantizar a todos los cuidados sanitarios y de luchar eficazmente contra las enfermedades infecciosas que vuelven a amenazarnos; con el control democrático de las decisiones, el único que garantiza la igualdad y la justicia.

Hemos de valorar el papel de los movimientos sociales. Hoy se alude a veces a la tristeza

que produce el comprobar la ausencia de una firme resistencia cívica, y "ver como la democracia

pierde calidad, pues ni los otrora activos movimiento sociales ni la tan agasajada opinión pública

ni casi nadie protesta o, al menos se cabrea", como ha escrito recientemente un político socialista.

Lo grave es que eso se dice, incluso en España, por dirigentes de partidos políticos que en

su momento contribuyeron a desarmar los movimientos vecinales. Los partidos de izquierda

han de adoptar una nueva actitud ante las formas de participación ciudadana, y estar más

atentos a los movimientos de carácter reivindicativo y las propuestas alternativas. La participación

debe convertirse en el elemento básico del urbanismo, de manera que garantice el debate

público y, a través de ello, el control de las decisiones que se toman.

……

Creo que, a pesar de la evolución perversa que muchas veces podemos observar en nuestras

ciudades, a pesar de los signos alarmantes que percibimos, a pesar de las infames estrategias

de los que solo buscan su propio beneficio y desprecian el bien público, a pesar de la

sumisión de la ciudad a la lógica despiadada del capitalismo, a pesar de todo ello podemos ser

optimistas. Podría ocurrir que los centros comerciales, los parques temáticos, la aparente fragmentación del espacio, incluso las urbanizaciones cerradas no sean decisivos. Que se conviertan en complementos que diversificarán y enriquecerán todavía más la oferta creciente que existe en la ciudad. Que a pesar de todo la ciudad siga siendo un espacio para la libertad, la coexistencia, la convivencia, la vida agradable y culta, la solidaridad.

La ciudad puede resistir y sobrevivir. Resistir a los especuladores, a los vivos, a los egoístas,

a los políticos corruptos o incompetentes, a los técnicos engolados y soberbios que se

consideran depositarios exclusivos de la ciencia y el saber. Pero para ello es preciso que actúe

la política en el sentido amplio de este término, que el ordenamiento jurídico democrático, la

normativa urbanística y los órganos de gestión defiendan el interés público. Pero también hace

falta el compromiso social y la acción decidida por parte de los residentes, de los ciudadanos. Si

este compromiso, la solidaridad y la idea de convivencia no existen, difícilmente sobrevivirá. La

aceptación de la diversidad y de los beneficios de la interacción, la defensa crítica y consciente

de los valores ciudadanos sociales y políticos es esencial para todo ello.

Son muchos los problemas existentes. Sobre algunos de ellos el presente número de la

serie MEDITERRÁNEO ECONÓMICO pretende apuntar vías para la reflexión y el debate. Esperemos que contribuya verdaderamente a ello, porque solo del debate y de la presentación de alternativas puede llegar la solución a los problemas que tiene la ciudad, entendida en su triple dimensión de urbs, de civitas y de polis.