“CONSTRUIR, PENSAR Y HABITAR” (Bauen, Denken, Wohnen)
HEIDEGGER:
https://jcmansur.wordpress.com/estetica-y-ciudad/conferencia-de-heidegger-construir-pensar-habitar-bauen-denken-wohnen/
HEIDEGGER: “CONSTRUIR, PENSAR
Y HABITAR” (Bauen, Denken, Wohnen)
Martín Heidegger
https://jcmansur.wordpress.com/estetica-y-ciudad/conferencia-de-heidegger-construir-pensar-habitar-bauen-denken-wohnen/
Tomado de: Martin Heidegger,
Conferencias y artículos, Ediciones del Serbal, España 1994.
Esta conferencia de Heidegger
constituye uno de los paradigmas de la filosofía de la arquitectura
contemporánea, en él se deja ver entre otras cosas-, el pensamiento
hermenéutico heideggeriano en el que busca romper con la visión positivista y
materialista de la arquitectura.
Desde el inicio de la
conferencia Heidegger nos sitúa en una verdad que parecería incuestionable: el
construir tiene como meta el habitar, construimos porque buscamos habitar, y
parece que para habitar sólo podemos llegar si construimos algo. Sin embargo,
Heidegger nos advierte que no todas las construcciones cumplen con la función
de ser “moradas”, de hecho, Heidegger distingue la vivienda del habitar.
Tenemos el caso de construcciones que no son vivienda, como el puente, el
aeropuerto, el estadio, una central energética, la estación y una autopista, el
muro de una presa, la nave del mercado. Podrá ser que no sean viviendas, al
menos no las consideramos así, pero si están dentro de una “región del
habitar”, el habitar va más allá de las construcciones (Heidegger, p.127).
Así, la región del habitar no
se limita a la vivienda; uno puede tener una casa pero no su
alojamiento.Tenemos que el camionero tiene la autopista por casa, pero no su
alojamiento, para una obrera la fábrica es su casa pero no su vivienda, el
ingeniero de una central energética está ahí en su casa, pero no habita ahí.
Una construcción puede
albergar al hombre. El hombre mora en una construcción, pero morar no es
habitar en un lugar, entendiendo habitar como tener alojamiento.
Para aclarar más qué es el
habitar, Heidegger lo distingue del mero “alojamiento” y para esto nos habla de
la actual falta de vivienda que tenía en aquel entonces Alemania, en que
alojarse era tener algo tranquilizador y reconfortante, estas construcciones de
vivienda que proporcionan alojamiento, muy similar a lo que sucede hoy día en
la construcción. En esas viviendas se buscaban buenas distribuciones, facilitar
la vida práctica, precios asequibles, ventilación sol. El problema con ese tipo
de “viviendas” es que ahí no necesariamente “acontece” el habitar.
Por otro lado, contrario a lo
que podríamos pensar, las construcciones de las que se hablaba que no son
viviendas, (el puente, el mercado, el camión, etc.) están de alguna manera
hechas a partir del habitar, pues sirven para el habitar del hombre, con lo
cual no podemos afirmar que el construir es el que genera el habitar, sino
precisamente a la inversa: a saber, “El habitar sería en cada caso el fin que
preside todo construir” (Bauen 140, Heidegger p. 128)
¿Cuál es la relación que
guardan habitar y construir? Para Heidegger es la relación de fin a medio, pero
en realidad no son dos actividades separadas y aquí está el punto penetrante de
Heidegger, en separar construir y habitar es desfigurar las relaciones
esenciales: “Construir no es solo medio y camino para el habitar, el construir
es en sí mismo ya el habitar” (Bauen 140, Heidegger p.128).
Esto no lo podemos saber por
otro medio que por el lenguaje, y aquí Heidegger recurre a su método filosófico
que es desentrañar el sentido del ser a través del lenguaje. Es el lenguaje el
señor del hombre. A continuación desentrañará lo que significa “construir”. La
palabra del alto alemán BUAN, significa habitar en el sentido de permanecer y
residir. Bauen como verbo o construir es
habitar y este sentido lo hemos perdido. Cuando decimos vecino Nachbarn,
tomamos la palabra de Nachgebur, nachgebauer, quien habita en la proximidad.
Así, verbos como buri, büren, beuron significan habitar.
Ahora bien, la palabra Buan no
dice que construir sea habitar, sino que nos hace pensar el habitar que ella
nombra. Si hablamos de morar hablamos de una forma de conducta que el hombre
lleva a cabo. Así, contrario a lo que normalmente pensamos que en un lugar
trabajamos y en otro habitamos, Heidegger quiere ir más lejos y afirma que el
trabajar mismo es ya una forma de habitar, pues habitar no es una inactividad,
habitamos desde nuestra profesión, habitamos cuando hacemos negocios o
viajamos, incluso al caminar habitamos, así construir o bauen es originariamente
habitar.
La implicación existencial que
tiene esta afirmación se deja ver cuando afirma que antes construir y habitar
eran entendidos de la misma manera: Bauen, buan, bhu, beo viene de la palabra
bin o soy, como cuando decimos ich bin, du bist, bis sei, sé. Cuando digo ich
bin o du bist es yo habito, tu habitas: esto es, el hombre es en la medida que
habita, o dicho de otra forma, la forma como somos es el habitar.
De aquí que Heidegger termine
por afirmar la identidad indisoluble entre el ser hombre y el habitar: “Ser
hombre significa: estar en la tierra como mortal, significa: habitar.”
(Bauen,141 Heidegger p. 129). La antigua palabra “bauen” significa que el
hombre es en la medida en que habita, Bauen significa al mismo tiempo abrigar y
cuidar. Cultivar, construir un campo de labor viene de Acker bauen, cultivar o
construir una viña, es hacer madurar los frutos.
Construir en el sentido de
abrigar y cuidar no es producir. Pero los buques y templos son producto de la
construcción, es una obra, entonces no estaríamos hablando de cuidar, sino de
erigir. Construir como cuidar en latin es collere, cultura y construir, en el
sentido de levantar edificios es aedificare en latin, para Heidegger están
incluidos en el propio construir, habitar. Así, el construir como el habitar,
es un estar en la tierra, es vivir lo “habitual”. El habitar así, está detrás
de las actividades del cuidar y edificar, son actividades que reivindican el
nombre de construir.
La crítica de Heidegger es que
“El sentido propio del construir a saber, el habitar, cae en el olvido” (Bauen,
141, Heidegger, p. 129) y no es un problema semántico, oculta una verdad, “el
habitar no es experienciado como el ser del hombre: el habitar no se piensa
nunca plenamente: como rasgo fundamental del ser del hombre.” (Bauen, 142,
Heidegger p.130). Posteriormente hace una disertación del lenguaje: “El
lenguaje le retira al hombre lo que aquél, en su decir, tiene de simple y
grande. Pero no por ello enmudece la exhortación inicial del lenguaje;
simplemente guarda silencio. El hombre, no obstante, deja de prestar atención a
este silencio” (Bauen s 142 Heidegger p.130).
Pero al escuchar lo que el
lenguaje dice del construir notamos que:
1.Construir es propiamente
habitar.
2.El habitar es la manera como
los mortales son en la tierra.
3.El construir como habitar se
despliega en el construir que cuida, es decir, que cuida el crecimiento— y en
el construir que levanta edificios.
Heidegger nos advierte que no
podemos preguntar por la esencia de un edificio, si no pensamos que todo
construir es en sí un habitar. Así, se invierten los papeles del asunto “No
habitamos porque hemos construido, sino que construimos y hemos construido en
la medida en que habitamos, es decir, en cuanto que somos los que habitan”
(Bauen 143, Heidegger, p. 130).
Ahora bien, dice Heidegger,
tendremos que preguntar qué es la esencia del habitar.
Habitar, del alemán Wohnen
tiene enclavadas sus raíces en el sajón wuon, y el gótico wuniana, significan
igual que el bauen, permanecer y residir. Pero el gótico wunian dice de modo
más claro la experiencia de este permanecer. Wunian significa estar en paz o
satisfecho, llevado a la paz y permanecer en ella, Friede paz es lo libre, das
Frye, fry significa ser cuidado. Freien (liberar) sería propiamente cuidar.
Así, el cuidar no significa no
hacer daño, cuidar como algo positivo es dejar algo en su esencia, re-albergar
algo en su esencia, cuando lo rodeamos de una protección poner a buen recaudo.
Así, Habitar es haber sido
llevado a la paz, esto es, permanecer a buen recaudo, apriscado en lo fry lo
libre que lleva las cosas a su esencia.
De aquí que, “El rasgo
fundamental del habitar es este cuidar (mirar para)” (Bauen, seite 143,
Construir p. 131): “En el habitar descansa el ser del hombre y descansa en el
sentido del residir los mortales en la tierra.” (Bauen, 143 Construir 131).
Ahora bien, qué significa
tierra, tierra es un “bajo el cielo”, tierra y cielo co-significan, es
permanecer ante los divinos y pertenecer a la comunidad de los hombres. Así,
Heidegger nos quiere llevar a pensar que implica aquí una unidad originaria que
implica tierra, cielo, los divinos y los mortales a una unidad.
“Tierra” es la que sirviendo
sostiene. floreciendo da frutos (pensemos por ejemplo en la cosmovisión de los
aztecas), lo que nos abre a aguas, animales y plantas, al pensar tierra
pensamos los otros tres.
“Cielo”, camino arqueado del
sol, curso de la luna en sus distintas fases, resplandor de estrellas,
relaciones del año, paso de estaciones, luz, crepúsculo, oscuridad y claridad,
tiempo hóspitalario e inhospito, paso de nubes, azul profundo, al pensar cielo,
pensamos los tres, en todos los casos es lo mismo, pero no estamos considerando
la simplicidad de los cuatro.
“los divinos” mensajeros de la
divinidad que nos hacen señas. Desde el sagrado prevalecer de aquella aparece
el Dios en su presente o se retira en su velamiento y lo mismo, al pensar en lo
divino pensamos en los tres, pero no consideramos la simplicidad de los cuatro.
“mortales”, son los hombres,
se llaman mortales, porque pueden morir. es capaz de la muerte y en este
sentido sólo el hombre muere y de un modo permanente “mientras está en la
tierra, bajo el cielo, ante los divinos”, al pensar en los mortales pensamos en
los tres, pero no consideramos la simplicidad de los cuatro.
La unidad de los cuatro es ”La
cuaternidad”, los mortales están en la cuaternidad al habitar: “El rasgo
fundamental del habitar es el cuidar (mirar por).”
De esta forma Heidegger nos
induce al tema central de la obra, los hombres en nuestro habitar, cuidamos de
la cuaternidad es su rasgo más esencial, esto es habitar. “Los hombres como
mortales, habitan en el modo como cuidan la cuaternidad en su esencia. Este
cuidar que habita es así cuádruple.”
Un hombre o mortal, habita de
acuerdo a los siguientes parámetros:
1.en la medida que salva la
tierra (del alemán retten, salvar= salvación no es arrancar del peligro, salvar
en alemán es franquearle a algo la entrada a su propia esencia. “Salvar la
tierra es más que explotarla o incluso estrangular. Salvar la tierra no es
adueñarse de la tierra, no es hacerla nuestro súbdito, de donde sólo un paso
lleva a la explotación sin límites” (página 132 , seite 144-145).
2.Los mortales habitan en la
medida en que reciben el cielo como cielo. Dejan al sol y la luna seguir su
viaje, las estrellas su ruta, las estaciones del año, su bendición y su injuria
“no hacen de la noche día ni del día una carrera sin reposo”.
3.Los mortales habitan en la
medida en que esperan a los divinos como divinos. “Esperando les sostienen lo
inesperado yendo al encuentro de ellos; esperan las señas de su advenimiento y
no desconocen los signos de su ausencia. no se hacen sus dioses ni practican el
culto a ídolos, en la desgracia esperan aún la salvación que se les ha quitado.
4.Los mortales habitan también
cuando conducen su esencia propia, son capaces de la muerte para que sea una
“buena muerte”, pero no significa poner la muerte como meta como una nada
vacía, ni ensombrecer el habitar por estar pensando en la muerte.
5.En el salvar la tierra el
recibir el cielo, en la espera de los divinos, en el conducir de los mortales
acaece de un modo propio el habitar como el cuádruple cuidar (mirar por) de la
cuaternidad.
Cuidar es mirar por, es
custodiar la cuaternidad para Heidegger pero es cuidar su esencia.
Este tomar en custodia es
albergar, pero dónde es donde se guarda su propia esencia.
¿Cómo es que llevan los
mortales el habitar como este cuidar? Si el habitar no fuera únicamente un
residir en la tierra, bajo el cielo, ante los divinos, con los mortales, no
habría tal habitar.
Habitar es residir cerca de
las cosas. Cuidar guarda la cuaternidad en aquello cerca de lo cual los
mortales residen, esto es, las cosas. es cuidar o guardar las cosas. (incluso,
podemos pensar es que un cuidar el entorno y nombrarlo).
Este residir cerca de las
cosas no es un añadido, es más bien la única manera como se lleva a cabo cada
vez de un modo unitario la cuádruple residencia en la Cuaternidad (s.146-
p.133).
Por otro lado, las cosas
mismas albergan la cuaternidad, sólo cuando ellas mismas en tanto que cosas,
son dejadas en su esencia (s. 146 p.133).
El cuidar y el erigir es el
construir en el sentido estricto.
Habitar es guardar (en verdad)
a la cuaternidad en las cosas, es en tanto que este guardar es un construir.
Así, tenemos que preguntar, en qué medida pertenece el habitar al construir?
II.
Heidegger busca responder
ahora a la interrogante ¿En qué medida pertenece el habitar al construir? Y
Heidegger sabe que el contestar esta pregunta dilucida que es el construir
pensado desde la esencia del habitar.
Construir lo entiende
Heidegger como edificar cosas, lo que corresponde ahora es saber qué son las
cosas construidas. Si tomamos el ejemplo de un puente podemos ver que “se tiende
ligero y fuerte” por encima de la corriente, su papel no es solo juntar dos
orillas, es lo que deja que una yazga frente a la otra, razón por la que el
otro lado se opone al primero. En este sentido las orillas no discurren a lo
largo de la corriente como fronteras indiferentes de la tierra firme, más bien
el puente “Lleva la corriente, las orillas y la tierra a una vecindad
recíproca.” (146, p.133).
“El puente coliga la tierra
“como paisaje en torno a la corriente” (s. 146-147 p.134). El puente está
preparado para los tiempos del cielo, la fuerza de las corrientes, es decir,
está preparado para la esencia de la
naturaleza y su estructura y forma de disponerse nos habla de la esencia de la
naturaleza, y comunica el agua con el cielo, aún en el acto de ocultarlo debajo
del puente.
“El puente deja a la corriente
su curso y al mismo tiempo garantiza a los mortales su camino, para que vayan
de un país a otro.” (s. 147 p.134). Esto
nos llama la atención porque los puentes, los caminos, tienen que tener esta
función, no “anular” la naturaleza que nos circunda, sino dejarla ser, y a la
vez, dejarnos ser; por otro lado, el puente “permea” y la Arquitectura debe ver
cómo “permean” los caminos y puentes, los espacios.
Así, nos dice el Filósofo
alemán, los puentes “conducen” y lo hacen de distintas maneras,; de la misma
manera, existen mucho tipo de puentes: grandes por los que pasan coches y
carretas y unen ciudades, o pequeños que libran apenas riachuelos y todos ellos
deben cumplir con la vocación de habitar para el ser humano.
¿Qué entraña el puente?
Heidegger apunta el carácter “simbólico” del puente, que reunirá toda la
cuaternidad, pues puente es:
1. Es el que nos conduce de un
lugar a otro, el que nos muestra cómo el hombre aspira a superar lo que les es
habitual a los hombres, lo que nos es aciago, “y de este modo se pongan ante la
salvación de lo divino”.
2. El puente entonces nos
enseña como seres para la muerte, a librar nuestro último camino.
3. También el puente “reúne”,
como el paso que se lanza al otro lado, llevando ante los divinos. Esta
dimensión de convocar a los divinos se nota muchas veces cuando en los puentes
se añade la forma visible de una figura del santo que cuida el puente, o a
veces no. También el puente, es un símbolo que nos proyecta a una dimensión de
vida/muerte, hombres/dioses, cuando hablamos de nuestro tránsito a otra vida
como un “cruzar el puente”.
4. El puente “coliga” según su
manera cerca de la tierra y el cielo, los divinos y los mortales: “Coligar” se
llama “thing”, puente es una cosa y lo es en tanto que la coligación de la
Cuaternidad.
Lo normal es pensar que un
puente es ante todo “un puente” (es decir, algo físico, neutro y distinto), en
su ser propio, y que además se le pueden añadir otras cosas para que pueda
expresar otras cosas y que después se convierta en símbolo.
Pero el puente no es nunca
primero puente sin más y luego un símbolo, y tampoco es sólo un símbolo como que
exprese algo que tomado de un modo estricto no pertenece a él. El puente no se
muestra nunca como expresión, asevera Heidegger, el puente es una cosa y sólo
eso, pero esa es su grandeza, que coliga la cuaternidad.
Para ampliar esta idea
Heidegger aborda el tema “cómo entendemos las cosas” y critica que desde hace
tiempo nos hemos habituado a estimar la esencia de la cosa de un modo demasiado
pobre y critica sobre todo a Kant y con él la filosofía occidental que hace de
la cosa un ignotum X que es afectado por propiedades perceptibles, y esto nos
lleva a pensar y ver la realidad como si aquello que pertenece a la esencia
fuera un aditamento introducido posteriormente, <>. Pero esto no es así.
Volviendo al caso del “puente”
vemos que es una cosa de un tipo propio, porque el puente reúne una variedad de
elementos, es decir “coliga”, y esto que reúne o coliga es la Cuaternidad que
hace sitio a una plaza; de aquí que el Puente se constituye, ya no en una cosa,
sino en un “lugar”, motivo por el cual afirma: “Pero solo aquello que en sí
mismo es un lugar puede abrir un espacio a una plaza” 148 p.135.
Esta idea de Lugar a la que
hemos aludido, le permite a Heidegger darnos una nueva idea de Espacio, ya no
como un receptáculo neutro y abierto en el que se colocan “cosas”, antes bien,
el puente abre un espacio, es decir, un lugar: “El lugar no está pensado ya
antes del puente. Es cierto que antes de que esté puesto el puente, a lo largo
de la corriente hay muchos sitios que pueden ser ocupados por algo”. (148 p. 135).
De entre ellos uno se da como un lugar. Esto ocurre por el puente.
De esta manera se invierte
nuestra concepción de espacio y lugar, a saber: el puente no es el que llega a
estar en un lugar, sino que por el puente mismo surge un lugar. Es por el
puente que surge el sitio. El puente es una cosa, coliga la cuaternidad, esto
es, otorga o hace sitio a la cuaternidad <> le hace a la cuaternidad una
plaza o un lugar>>, por eso, “Desde esta plaza se determinan plazas de
pueblos y caminos por los que a un espacio se le hace espacio” (p. 135 s.
148-9)
<>. Así, Heidegger nos advierte de este giro, las
cosas no están en un lugar, las cosas son lugares, y como tal, sólo ellas
otorgan cada vez espacios.
Raum nombra viene de Raum,
rum, lugar franqueado para población y campamento.
Un espacio es algo “aviado”
espaciado, a lo que se le ha franqueado espacio dentro de una frontera.
Los griegos empleaban la
palabra “peras” para hablar de esta frontera y como tal frontera no es en lo
que termina algo, sino aquello a partir de donde algo comienza a ser lo que es.
El límite es lo que permite que inicie la esencia, para esto está el concepto
orismos o frontera.
Espacio es lo aviado, aquello
a lo que se ha hecho espacio. Lo que se ha dejado entrar en sus fronteras.
Lo espaciado es coligado por
medio de un lugar, como por ejemplo un puente, por esto habría que concluir,
piensa Heidegger, que los espacios reciben su esencia desde lugares y no desde
“el espacio”. De acuerdo a este análisis puede Heidegger concluir que “A las
cosas que, como lugares, otorgan plaza las llamaremos ahora, anticipando lo que
diremos luego, construcciones” (S. 149 p.136).
Una construcción se llama así
porque es pro-ducida por el construir que erige.
Para poder resolver qué tipo
de producir es el que se hace con la construcción es algo que se puede saber
sólo si se considera la esencia de las cosas que desde sí misma exigen para su
producción el construir como un producir, estas cosas, dice Heidegger, son
lugares que otorgan plaza a la cuaternidad, pues la plaza había un espacio.
En la esencia de estas cosas
como lugares está el respecto de lugar y espacio, pero también la referencia
del espacio al hombre que reside cerca el lugar.
De aquí que Heidegger intente
aclarar la esencia de las construcciones, considerando lo siguiente:
1.En qué referencia están
lugar y espacio.
2.Cuál es la relación entre
hombre y espacio?
Sabemos que el puente es un
lugar.
Como lugar, el puente otorga
un espacio en el que están admitidos tierra y cielo, divinos y mortales.
El espacio que otorga el
puente, esto es, el espacio al que el puente ha hecho sitio tiene distintas
plazas, más cercanas o más lejanas al puente, dichas plazas se dejan estimar
ahora como meros sitios entre los cuales hay una distancia medible. Heidegger toma
la expresión de espacio griega, Stadion, que es siempre algo a lo que se ha
aviado o se ha hecho espacio por emplazamientos.
Así pues, lo que los sitios
han aviado es un espacio de un determinado tipo. Es un spatium (en latín), esto
es, un espacio intermedio.
Así, Heidegger nos hace ver de
una forma distinta la cercanía o lejanía entre hombres y cosas, que puede estar
planteada no tanto por un espacio numérico, sino puede ser alejamiento en
distancias de espacio intermedio.
El espacio si está representado
por el Spatium nos muestra a un puente, por ejemplo, que aparece como un mero
algo que está en un emplazamiento, que puede estar ocupado por algo distinto o
reemplazado por una marca.
Este espacio intermedio al que
hace alusión Heidegger también nos puede hablar de extensiones como altura,
anchura, profundidad, un abstracto de las tres dimensiones.
Así, estas distintas
dimensiones como altura, profundidad, anchura no es determinado por distancias,
no es tanto un spatium, sino un “extensio” o extensión.
Heidegger nos mete en un nuevo
concepto, “extensión” puede ser objeto de otra abstracción que, puede ser
entendido como una relación analítico algebraica, pero estas relaciones sólo
avían la posibilidad de la construcción puramente matemática de pluralidades
con todas las dimensiones que se quieran.
Esto es el espacio según las
matemáticas, pero “el· espacio así entendido no contiene espacios ni plazas, en
el espacio de la física y matemática no encontraremos nunca “lugares”,
entendiendo por ello cosas del tipo de un puente, antes bien “en los espacios
que han sido aviados por los lugares está siempre el espacio como espacio
intermedio, y en éste, a su vez, el espacio como pura extensión”. p. 137 s.151.
Tanto spatium como extensio
dan la posibilidad de espaciar cosas y de medir de un cabo a otro según
distancias, treschos direcciones y calcular estas medidas. Pero esto no lo hace
ser el fundamento de la esencia de los espacios y lugares que son medibles con
la ayuda de las Matemáticas.
El planteamiento de Heidegger
quiere ir más lejos, en realidad los espacios que atravesamos todos los días
están aviados por lugares, la esencia de los lugares tiene su fundamento en
cosas del tipo de las construcciones.
La invitación de Heidegger es
a la referencia entre lugares y espacios, entre espacios y espacio, para
obtener un punto de apoyo para considerar la relación entre hombre y espacio.
Si hablamos de “hombre” y
“espacio” no hay que entender que el hombre está de un lado y el espacio en
otro, “el espacio no es un enfrente del hombre”, no es un objeto exterior ni
una vivencia interior.” (p.137 s.151).
Si digo hombre, pienso
“habita” y esto involucra “espacio” y de aquí la “residencia en la cuaternidad”
que es un cerca de las cosas, y este cerca no quiere decir, “pegado
físicamente”. Esto se ve que con traer a la memoria uno trae las coas a la
presencia. “Los espacios y con ellos “el” espacio están ya siempre aviados a la
residencia de los mortales”. (p. 138 s.152). De hecho el espacio se funda por
el habitar del hombre, “Los espacios se abren por el hecho de que se los deja
entrar en el habitar de los hombres.” (s. 152 p.138). Así, si los mortales son,
habitando, aguantan espacios sobre el fundamento de su residencia cerca de
cosas y lugares, y por “aguantar espacios” pueden atravesarlos.
Vamos por espacios y este
hacerlo permite que los aguantemos residiendo siempre cerca de lugares y cosas
cercanas y lejanas. No estoy como cuerpo encapsulado en un lugar y me desplazo
a un lugar, por ejemplo, no me desplazo a la salida, de alguna manera ya está
uno en a salida, estoy allí porque aguanto el espacio y sólo así puedo
atravesarlo.
Al estar en mi mismo incluso,
no abandono la pertenencia a la cuaternidad. Si meditamos sobre nosotros
mismos, vamos hacia nosotros volviendo de las cosas, sin abandonar la
residencia cerca de las cosas. Si esta residencia determina al ser del hombre,
pueden las cosas llegar a no decirnos nada ni importarnos nada.
El “respecto” del hombre con
los lugares y a través de ellos con espacios descansa en un fundamento: “El
habitar”. El modo de habérnosla con el espacio no es otra cosa que el habitar
pensado de un modo esencial. Así, podemos volver a ver las construcciones pero
de otra manera: el puente es una cosa de este tipo, el lugar deja entrar la simplicidad
de tierra y cielo, de divinos y de mortales a una plaza.
El lugar es un cobijo de la
cuaternidad, es un Huis, esto es una casa, las cosas del tipo puente, o de la
cuaternidad, dan casa a la residencia del hombre, son viviendas pero no moradas
en sentido estricto.
Este es el construir, su
esencia descansa en que esto corresponde al tipo de estas cosas”, lugares que
otorgan espacios, el construir porque instala lugares es un instituir y
ensamblar de espacios.
Construir, por instalar
lugares es un instituir y ensamblar de espacios. El construir pro-duce lugares,
con la inserción de sus espacios, el espacio es sptaium y extensio, llega
necesariamente al ensamblaje cósico de las construcciones.
el construir no configura
nunca “el” espacio ni de modo inmediato ni mediato. El construir al producir
las cosas como lugares está más cerca de la esencia de los espacios y del
provenir esencial “del” espacio que toda la Geometría y las Matemáticas.
Este construir erige lugares
que avían una plaza a la Cuaternidad.
De la simplicidad en laque
tierra y cielo, divinos y mortales se pertenecen mutuamente, recibe el
construir la indicación para eregir lugares.
Así, desde la Cuaternidad, el
construir toma sobre sí las medidas para toda medición transversal de los
espacios. Y para todo tomar la medida de los espacios que están cada vez
aviados por los lugares instituidos. Así, las construcciones mantienen (en
verdad) a la Cuaternidad, cuidan la cuaternidad, salvar la tierra, recibir el
cielo, estar a la espera de los divinos, guiar a los mortales, es un cuádruple
cuidar, y esta “es la esencia simple del habitar”. (p.140 s.154).
Heidegger llega ya a una
expresión tajante “las auténticas construcciones marcan el habitar llevándolo a
su esencia y dan casa a esta esencia” (p.140 s.155).
En resumen Heidegger afirma
que esto ha sido intentar pensar desde el dejar habitar la esencia del
construir que erige, “experienciamos” de un modo más claro dónde descansa aquel
producir, actividad cuyos rendimientos tienen como consecuencia un resultado,
la construcción terminada.
Se puede prepresentar el
pro-ducir así. Uno aprende algo correcto, y no obstante no acierta nunca con su
esencia que es un traer que pone delante. Esto es, el construir trae la
cuaternidad y la lleva a una “cosa”, el puente, y pone la cosa “delante” como
un lugar llevándolo a lo ha presente que está aviado por este lugar.
Pro-ducir o hervorbringen se
dice en griego tikto: tek es la raíz de la cual procede Técnica o techne,
técnica no es arte ni oficio manual, sino dejar que algo aparezca en lo
presente.
Techne es pro-ducir, dejar
aparecer, “La techne que hay que pensar así se oculta desde hace mucho tiempo
en lo téctónico de la arquitectura” p.140 s.154.
Por esa esencia del pro-ducir
que construye no se puede pensar de un modo suficiente a partir del arte de
construir ni de la ingeniería ni de una mera copulación de ambos.
La esencia del construir es el
“dejar habitar”, la cumplimentación de la esencia del construir es el erigir
lugares por medio del ensamblar espacios.
Así la conclusión es clara
“sólo si somos capaces de habitar podemos construir” (p.141 s.)
Y pone el ejemplo de una casa
de Selva Negra, donde se deja que tierra y cielo, divinos y mortales entren
simplemente en las cosas y esto erige la casa. la casa en la ladera está a
resguardo del viento, entre las praderas, cercana a la fuente, su techo
sostiene por la inclinación el peso de la nieve, protege las habitaciones
contra las tormentas de invierno, no se deja de lado en esta casa el rincón
para la imagen de nuestro Señor detrás de la mesa comunitaria, “ha aviado en la
habitación los lugares sagrados para el nacimiento y el árbol de la muerte”
esto es, el ataúd. así bajo el tejado les ha marcado la impronta de su paso por
el tiempo. “Sólo si somos capaces de habitar podemos construir” (p.141)
“El habitar es el rasgo
fundamental del ser según el cual son los mortales” (p.141). por esto Heidegger
piensa que esta reflexión sobre el habitar puede dar más luz sobre el hecho de
que el construir pertenece al habitar y es el modo como de él recibe su
esencia.
Ya suficiente tarea sería
considerar que construir y habitar son algo digno de ser preguntado y pensado.
“Construir y pensar son
siempre, cada uno a su manera, ineludibles para el habitar. Pero al mismo
tiempo serán insuficientes para el habitar mientras cada uno lleve lo Siyoi por
separado en lugar de escucharse el uno al otro. Serán capaces de esto si ambos,
construir y pensar, pertenecen al habitar, permanecen en su propios límites y
saben que tanto el uno como el otro vienen del taller de una larga experiencia
y de un incesante ejercicio” (p. 141-142, s )
Con lo anterior comprendemos
un poco más por qué la crítica de Heidegger a la idea del habitar hoy día, pues
se ha dejado de lado la esencia del habitar, y en lugar de esto estamos ante la
penuria de viviendas, y aun cuando se ponen medios para remediarla, se intenta
evitar esta penuria haciendo viviendas, fomentando la construcción,
planificando la industria y el negocio de la construcción: sin embargo, ahí no
está la solución, la solución estará
cuando comprendamos la esencia del habitar y no pensemos desde el construir, es
decir, cuando antepongamos al hombre y la cuaternidad y desde el hombre hagamos
relucir la verdadera esencia de ser y habitar, pero ante esta pérdida de
conocimiento del habitar, sólo podremos pensar en vivienda como un colocar
personas en lugares, y no como el hacer que las personas “funden” lugares y
convoquen el sentido del ser: “…la auténtica penuria del habitar no consiste en
primer lugar en la falta de viviendas. La auténtica penuria de viviendas es más
antigua aún que el ascenso demográfico sobre la tierra y que la situación de
los obreros de la industria. La auténtica penuria del habitar descansa en el
hecho de que los mortales primero tienen que volver a buscar la esencia del
habitar, de que tienen que aprender primero a habitar” (p.142).
Llevaran a cabo esto cuando
construyan desde el habitar y piensen para el habitar.
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