FORMACIÓN DE IDEALES DE VIDA
Max Scheler. El santo, el genio, el héroe.
Editorial Nova Buenos Aires.
Párrafos seleccionados.
INTRODUCCIÓN
“La vieja frase de un conocido místico:
“Todo hombre tiene ante sus ojos una imagen de lo que debe
ser;
mientras no lo sea, no está plenamente tranquilo”, expresa
bella y profundamente la
importancia del modelo”. pág..12.
I. GENERALIDADES SOBRE EL MODELO Y EL JEFE
“…algunas observaciones sobre el concepto y la naturaleza de
los modelos, los jefes y
de la relación entre ambos.
Ante todo, entre el jefe y el súbdito existe una mutua
relación consciente. No así entre el
modelo (prototipo) y su imitador. Una persona que es modelo
de otra, puede no saber
que es modelo ni quererlo aun si lo sabe la persona que la
imita. En cambio, el jefe tiene
que “saber” que es jefe; y tiene que “querer” ser jefe……
En segundo lugar, la relación entre el modelo y el imitador
es “ideal”, independiente de
espacio, tiempo, presencia real y hasta de existencia
histórica real del prototipo. En
cambio, la relación entre el jefe y sus seguidores es
“real”, sociológica. Pág. 13.
En tercer lugar, el concepto de jefe es un concepto
sociológico muy general que no
implica un valor.………. El jefe puede ser un salvador, puede
ser un demagogo
inescrupuloso; puede ser un conductor en un sentido de valor
positivo o un seductor;
puede ser jefe de una liga de virtud o de una banda de
asaltantes. En la medida en que
quiere conducir y tiene cualquier número de seguidores, es
“jefe” en el sentido
sociológico.
Muy distinto es el concepto de “modelo”. Modelo implica, en
su sentido inmanente,
siempre también un concepto de valor. Todos consideran a su
modelo, en la medida en
que lo tienen y lo siguen, como lo bueno, lo perfecto, lo
que debe ser. Cualquier especie
de “amor” y de positiva estimación en el sentido religioso,
moral, estético liga a toda
alma con su modelo, traba una relación que siempre es
afectiva y vehemente. Al jefe se
lo puede odiar, lo que interese es que guíe. Por cierto, un
modelo podría ser
(objetivamente) malo, pero en la intención no lo es jamás.
Esta peculiaridad de los modelos se manifiesta en los
“ejemplos” más generales y
excelsos “de modelos” que llamaremos los modelos tipos. Sus
ideas no son conceptos
abstraídos empíricamente de la experiencia casual del mundo
y de la historia, sino que
son ideas de valor que se dan por sí mismas, es decir, a
priori (independientes de la
cantidad de experiencia fortuita) con la naturaleza mismo
del espíritu humano y de las
categorías supremas de valor correspondientes: lo santo, los
valores espirituales, lo
noble, lo útil y lo agradable. Hay tantas ideas como valores
fundamentales: las ideas del
“santo”, del “genio” (sabio), del “héroe”, del “conductor
espiritual de la civilización” y
del “artista” en el arte de gozar. Estas ideas de modelos se
forman exclusivamente, en
primer lugar, de la idea de “persona”, y en segundo lugar,
de esas “ideas” básicas “de
valor”. Los grandes hombres empíricamente dados en la
historia a menudo son figuras
mixtas; es decir, acogemos a los hombres empíricos
relacionándolos ya con estas ideas,
los analizamos de acuerdo a ellas, los medimos según estas
ideas. Pero, por otra parte,
los modelos tipos sólo se erigen en modelos eficaces cuando
entran en contacto con la
materia empírica de hombres históricos. En todo modelo
existe una fase empírica y una
fase apriorística, un ser y un deber-ser, un elemento real y
otro estimativo……
La teoría de los modelos tiene peculiar importancia para la
ética: constituye la primera
condición para toda valoración ulterior. Es imposible que un
hombre posea todas las
virtudes y no tenga ningún vicio. Es preciso que todo hombre
sea “auténtico” y que
cada uno ocupe su lugar. Tiene que encontrar la medida de
sus fuerzas; tiene que buscar
el modelo más adecuado a sus posibilidades –buscarlo en la
medida en que resulte
posible. No son las reglas morales abstractas de carácter
general las que modelan,
configuran el alma, sino siempre modelos concretos.
Finalmente, los jefes exigen “acciones”, resultados,
conducta. El modelo exige, por el
contrario, un modo de ser, una forma del alma. Pero de este
modo de ser deriva el
querer y la acción. (Valor del ser y valor del hacer)
Si realmente los jefes y los modelos tienen caracteres tan
distintos y tienen que ser
estudiados de modos tan distintos, ¿qué relación mutua tienen?
Y bien, los jefes también
“pueden” ser modelos, sobre todo jefes religiosos, morales,
pero también políticos y
pedagógicos. Pero no lo son necesariamente, y lo son sólo en
el caso en que exista un
vínculo carismático afectivo; en todos los demás casos no lo
son. Pero si se quiere
determinar una relación general entre jefes y modelos, no
cabe ninguna duda que los
“modelos” eficaces son los que ejercen un influjo
determinante o que influyen
esencialmente en la elección, en la selección del jefe, y
sobre todo en lo que se refiere a
las cualidades de los jefes. Esto es tan seguro como el
principio de que nuestros actos
volitivos están determinados por nuestros modos de valorar
–en última instancia, por
aquello que queremos u odiamos, por la estructura de
nuestras preferencias estimativas
o por nuestras proposiciones, y no a la inversa….. pág. 17 a
19.
V. EL HÉROE
…. Colocamos los valores vitales de desarrollo bajo un común
denominador, que
consideramos como suma de lo “noble” (Platón). Noble-vulgar
constituye una antítesis
biológica generalizada. La nobleza, según su verdadero
sentido, posee los más
vigorosos “poderes de despliegue” en un grupo y los más
completos valores hereditarios
de la sangre. (Nobleza natural frente a nobleza estipulada,
es decir, nobleza nominal).
Colocamos a los meros valores vitales de conservación bajo
el título general de
“prosperidad” y referimos esta expresión ya sea al individuo
o bien a la totalidad de la
comunidad de vida (bonum commune). Este bien común no es la
felicidad más grande
del mayor número (valores de utilidad y de agrado); esto
sería más bien el valor
específico correspondiente a la sociedad (Bentham). La
prosperidad n
o es una magnitud acumulativa, así como el sentimiento vital
del bienestar tampoco es
igual a la suma de todas sensaciones agradables
experimentadas (lo mismo podría
decirse del sentimiento de salud y el de enfermedad, del
sentimiento de progreso y el de
fracaso, el impulso natural de la vida y el de la muerte).
“Héroe” es, pues, aquel tipo ideal de persona humana,
semi-divina (héroes de los
griegos) o divina (dios de la voluntad y del poder de los
mahometanos o de los
calvinistas), que en el centro de su ser se consagra a lo
noble y a la realización de lo
noble, es decir, que se consagra a un valor “puro”, no
técnico, y cuya virtud
fundamental es una “nobleza natural” del cuerpo y del alma a
la que corresponde la
magnanimidad. Ya no pueden ser llamados héroes los que –por
importantes que sean-
sólo se empeñan en conseguir la “prosperidad” de sí mismos y
del grupo a que
pertenecen. A éstos los llamaremos más bien benefactores,
por ejemplo, a los médicos
de gran estilo, conductores de la economía y de la técnica y
frente a los que están los
estadistas, los jefes de ejércitos, los colonizadores.
Lo mismo que el genio, también el héroe tiene que manifestar
una exuberancia
excepcional y supernormal de alguna específica función
espiritual. Pero en él esta
función no es (como en el hombre religioso) la efusión del
alma a la gracia, o (como en
el genio) la superabundancia del pensamiento y de la
contemplación espiritual distinta
de toda mera aplicación práctica a las necesidades de la
vida, sino “superabundancia” de
“voluntad espiritual”, de concentración, perseverancia,
seguridad frente a la vida de los
impulsos. El héroe es un hombre de voluntad, y esto quiere
decir a la vez, hombre de
poder. Eso no impide que un alma heroica pueda habitar un
cuerpo débil; pero jamás
podrá estar unida a una vitalidad débil. Es decir, que el
vigor, la impetuosidad, la
pujanza, la plenitud y la disciplina interior y casi
automática de los impulsos vitales
constituyen elementos de la esencia del héroe (lo que
difiere totalmente del genio). Pero
también le corresponde al héroe ser capaz de concentrar, de
dominar y de dirigir
constantemente a objetivos remotos, mediante esa voluntad
espiritual, esta vida
impulsiva, desviándose lo menos posible. Es esto a lo que
llamamos “grandeza de
carácter”.
El grado de tensión, en que se mantenga en lo posible la
armonía entre instinto y
voluntad espiritual con respecto a la vehemencia y a la
plenitud, es lo que constituye la
grandeza del héroe. En cuanto está afectada la armonía, se
produce, en caso de fuerte
tensión, el tipo de héroe “dualista” (el héroe
específicamente germano como Sigfrido,
Lucero, Bismarck). Cuando la fuerza de los impulsos
instintivos es demasiado reducida,
se produce el “fanático” superactivista y agresivo (el duque
de Alba). Cuando la vida
impulsiva es demasiado débil en relación a la voluntad
espiritual, se produce el tipo de
héroe unilateralmente “ascético” y trágico (el héroe
específicamente eslavo), el héroe
que sólo es capaz de sufrir, resignarse y soportar, el tipo
de héroe exclusivamente pasivo
y defensivo (Kutusow; la estrategia y la táctica bélica
rusas, Napoleón; “no resistas al
mal”).
Entre las virtudes que llamamos específicamente “heroicas”
se encuentra por lo tanto
ante todo como virtud fundamental el “dominio sobre sí
mismo”. Pues sólo puede
conquistar poder sobre los demás, quien se domina al máximo
a sí mismo; sólo puede
ejercer dominio sobre los hombres –pues es el hombre el más
alto objeto de la
dominación del hombre- el que tiene el señorío sobre sí
mismo.
Pero en el hombre que llamamos héroe, la voluntad de poderío
está vinculada con una
“responsabilidad” extrema y con un deseo de extender esa
responsabilidad.
Al héroe el mundo se le ofrece en primer lugar como
“resistencia”, es decir, que le está
dado como mundo real. Es un hombre de realidades, o sea un
ser que introduce “ideas”,
que el genio sólo percibe unilateralmente, en la materia
concreta del mundo. Pero para
eso, para no obrar a ciegas, siempre ha de estar respaldado
de una cultura espiritual
superior y de una conciencia religiosa. Está referido a este
mundo contingente, azaroso,
que no es repetible, con todas sus rudas realidades: es un
gran realista y un gran
práctico.
Audacia, valentía, intrepidez, presencia de ánimo, decisión,
amor a la lucha, arrojo,
riesgo distinguen al héroe del pusilánime, del hombre
cauteloso, además de la capacidad
de sufrimiento y de resistencia (se comprueba su fuerza por
la capacidad de soportar,
Hércules), sin tomar en cuenta el objetivo (oposición con el
mártir). Le son propios la
belleza física, la gracia, la agilidad en el juego, en la
danza y en el porte, severidad –sin
artificio- aptitud virtus de los romanos).
El héroe es un “hombre que se dispensa”, y no que “recibe”.
Es bondadoso por
prodigalidad, dispuesto al sacrificio por los amigos y la
comunidad.
Lo colma un sentimiento de repugnancia hacia todo lo vulgar
(honor y código de casta:
“a cada uno lo suyo” –y no “lo mismo para todos”) y una
seguridad instintiva para el
amor. Es el representante del ideal erótico en su doble
sentido: que la mujer desea lo
que es considerado “heroico”, y él mismo crea el ideal de
mujer que más desea. Pues
hay una diferencia en que el hombre cree el ideal de mujer,
y a la inversa, como en las
épocas femeninas (Francia durante el siglo XVIII). El es el
modelo de la raza, que
determina la selección de la estirpe, con lo que contribuye
a determinar
(independientemente de la forma de selección sexual) la
cualidad de la mezcla que será
el patrimonio de los valores hereditarios de la generación
futura. No sólo contribuye a
determinar a sus propios hijos, sino a la modalidad de los
hijos de todos los demás, en
aquello que se lo considera bello.
Estadista, milita, colonizador, son los principales tipos de
héroes. Cuando el estadista y
el general se dan en una misma persona, como en César,
Alejandro, Napoleón, Federico
el Grande, el príncipe Eugenio, estos hombres representan en
la unidad del plano
espiritual y de la responsabilidad, la forma más egregia del
heroísmo activo. En los
casos en que esta conjunción no se produce, en principio el
general debe estar
subordinado al estadista. La guerra es la prolongación de la
política en tanto lucha de
poderío (Clausewitz) por medio de la fuerza;por lo tanto, el
“medio” no debe erigirse en
fin. pág 93 a 96.
DEL HÉROE.
El héroe y lo noble
“…. El héroe es la personificación de lo noble, es decir, la
suma de todas las excelencias
y virtudes, no sólo puramente espirituales, sino
vital-espirituales…. Coraje, intrepidez,
autodominio y capacidad y fuerza para emplear lo bueno, que
toma de manos del santo,
por medio del poder y el dominio sobre los hombres y las
cosas del mundo: esto es la
esencia del héroe.
No sólo actúa como ser, sino por medio y con sus hechos.
Hecho o hechos son otra cosa
que acciones. En ellos se resume concentradamente una vida.
El héroe sigue viviendo
como autor de estos hechos en la imagen de la fantasía, del
mito, del canto, de la poesía.
Pero no a través de informes, sino patentemente, palpablemente.
Secundariamente
también sigue viviendo como modelo de ser. pág 133 -134
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domingo 22 de marzo de 2009
TAREA 1: Un encuentro con mi vida.
Un encuentro con mi vida.
En “ El hombre en busca de sentido”, nos dice Víctor Frankl:
“Yo diría que lo que el
hombre quiere realmente no es, al fin y al cabo, la
felicidad en sí, sino un motivo para
ser feliz En cuanto lo encuentra, la felicidad y el placer
surgen por sí mismos. La
búsqueda del sentido de la vida es la esencia de la
existencia, lo que profundamente
cuestiona al ser humano es el para qué de su existencia. En
la realización de este sentido
el hombre aspira a encontrarse con otro ser humano en la
forma de un TU y amarlo.
Cuando el sentido de la existencia se ve frustrado, cuando
se vive una frustración
existencial, el deseo de poder o de placer ocupa el lugar
más importante en la
motivación de la conducta, de esta forma la búsqueda de la
felicidad se convierte en un
fin en sí mismo y por tanto en frustración".
Para Frankl la felicidad se obtiene como consecuencia de un
motivo y no por la
búsqueda de ella misma: La puerta de la felicidad se abre
hacia fuera, y quien intenta
derribarla se le cierra con llave. Para Viktor Frankl, al
tiempo que se cuida la vida, es
importante expresar las convicciones con franqueza. Las
convicciones son los valores y
creencias de la persona, en función de ellas es que la
persona se transforma en lo que
ella desea ser. Es la libertad, en el ambiente de una
decisión íntima, la que permite que
la persona se vaya haciendo a sí misma con un sentido de
trascendencia.
Asumir las circunstancias, en lo que tienen de modificables
e inmodificables, es la
posibilidad de trascender a través del sentido, es en esta
dirección donde sólo la libertad
íntima es capaz de elegir, descubriendo, el camino. La clave
no está en las preguntas
que el individuo le haga a la vida sino en cómo el individuo
responde a las preguntas
que la vida le plantea.
I.- LA VISIÓN PERSONAL, es la imagen futura que nos hacemos
de nosotros mismos,
considerando la realidad en la cual nos desarrollamos. Esta
visión nos permite trazar un
proyecto de vida, pues nos sitúa en una perspectiva de
mediano y largo plazo. Esta
visión responde a ¿cómo me veo en el futuro?, ¿cómo quiero
que me vean en el futuro?
Preguntas a responder (La redacción debe potenciar nuestras
virtudes, por lo tanto debe
ser realizada con prospectiva; donde los obstáculos internos
o externos aparezcan como
un reto. Por lo mismo; la base debe ser la propia fortaleza.
Debe ser corta, explícita y
precisa, emplear un lenguaje que te motive, comprometa e
identifique):
1.- ¿Qué buscas? (Cambios, y/o cosas que queremos conseguir
y/o lograr en la realidad)
2.- ¿Por qué lo haces? (Cuáles son los valores, principios
motivaciones personales.
Debes tener en claro cuál es tu razón de actuar)
3.- ¿Para que trabajas y/o estudias?
II.- Tener un MISIÓN PERSONAL promoverá que tus esfuerzos
vayan dirigidos a
alcanzar la imagen objetivo deseada hacia el logro de tu
realización personal. Las
respuestas a las preguntas que a continuación leerás tienen
por objeto brindarte un
material en el que puede basarse el enunciado de tu Misión.
4.- ¿Qué cosas quiero tener (posesiones)?
5.- ¿Qué cosas quiero hacer (experiencias)?
6.- ¿Qué quiero ser (cualidades de carácter)?
7.- ¿Cuáles creo yo que son mis mejores cualidades (físicas,
sociales, espirituales,
intelectuales)?
8.- ¿Qué cualidades me atribuyen otras personas?
9.- Cuando me imagino haciendo algo agradable, ¿qué es?
10.- Entre todas mis actividades ¿cuáles son las que me
brindan una profunda
satisfacción?
11.- ¿Cuáles son las cualidades de carácter que más admiro
en otras personas?.
12.- ¿Cuáles fueron los momentos más felices de mi vida?
¿Por qué?.
13.- Si contara con el tiempo suficiente y con recursos
ilimitados ¿Qué elegiría hacer?
14.- Cuando pienso en mi trabajo, ¿qué actividades me
parecen más valiosas?
15.- ¿Qué cosas creo que debería hacer, aunque la haya
descartado muchas veces en mis
pensamientos por distintas razones?.
16.- ¿Cuáles son las metas permanentes más importantes que
deseo alcanzar en cada
uno de los roles más importantes de mi vida?
17.- ¿Cuan satisfecho estoy de mi actual nivel de
realización en los diversos ámbitos de
mi vida?18.- ¿Qué resultados distintos de los actuales
desearía alcanzar en los diferentes
ámbitos de mi vida, en relación con la calidad de mi vida?.
19.- ¿Cuáles son los principios más importantes en los que
se basa mi manera de ser y
de actuar?
20.- Si te desahuciaran, y tuvieras solo un mes de vida ¿qué
harías en ese tiempo?.
III.- ADMINISTRACIÓN DEL TIEMPO. Uno de los problemas más
frecuentes de los
dirigentes y de los lideres es el descuido de ciertas
actividades, tienen que compartir
varias tareas a la vez, de acuerdo a los roles que cumplen
como dirigentes, como
estudiantes, profesionales, como trabajadores, como padres y
esposos, etc. Es posible
concebir el tiempo como una serie interminable de
decisiones, pequeñas y grandes, que
van modificando y conformando, poco a poco, nuestra vida.
Las decisiones tomadas que
no resultan acertadas crean frustración,
"stress", hacen disminuir nuestra autoestima,
esto se traduce en los siguientes seis efectos típicos de la
falta de administración del
tiempo: Precipitación; Vacilación entre alternativas
desagradables; Fatiga o apatía tras
muchas horas actividad no productiva; Incumplimiento
constantes de compromisos;
Sensación de estar desbordado por las demandas y pormenores,
casi siempre hacemos lo
que no se desea.
Clave para administrar bien el tiempo:
1.- Establecer prioridades que pongan de relieve las tareas
más importantes y permitan
tomar las decisiones en base a esa importancia.
2.- Es posible ganar tiempo haciendo un horario más realista
y eliminando las tareas de
escasa prioridad.
3.- Es posible aprender a tomar decisiones básicas.Antes de
pasar a examinar los tres
pasos necesarios para la administración efectiva del tiempo
será de mucha utilidad
revisar nuestra forma habitual de distribuir el tiempo. Una
forma sencilla de hacerlo es
dividir el día en tres partes:
Administración de mi tiempo.
21.- Desde que me levanto hasta la hora de almorzar ¿qué
hago?
22.- Y, desde el final del almuerzo hasta la cena.
23.- Y, desde el final de la cena hasta que me voy a dormir
24.- REFLEXIONANDO EL TIEMPO. Imagínate que acudes al médico
y éste te dice
que te queda un mes de vida, en este mes que me queda de
vida: ¿De que manera
orientaría mi vida?25.- ¿Qué me hubiera gustado hacer?
26.- ¿De que me arrepiento?
27.- ¿Cuáles son los actos más importantes que deje de
hacer?
28.- ¿A que me dedicaría en este mes de vida que me queda?
29.- Reflexiona sobre esta frase: " No es grato
morir cuando se siente que por la vida
nada se ha hecho"
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