lunes, 17 de agosto de 2026

EL SANTO, EL GENIO, EL HÉROE : IDEALES DE VIDA.

 FORMACIÓN DE IDEALES DE VIDA

Max Scheler. El santo, el genio, el héroe.

Editorial Nova Buenos Aires.

Párrafos seleccionados.

INTRODUCCIÓN

“La vieja frase de un conocido místico:

“Todo hombre tiene ante sus ojos una imagen de lo que debe ser;

mientras no lo sea, no está plenamente tranquilo”, expresa bella y profundamente la

importancia del modelo”. pág..12.

I. GENERALIDADES SOBRE EL MODELO Y EL JEFE

“…algunas observaciones sobre el concepto y la naturaleza de los modelos, los jefes y

de la relación entre ambos.

Ante todo, entre el jefe y el súbdito existe una mutua relación consciente. No así entre el

modelo (prototipo) y su imitador. Una persona que es modelo de otra, puede no saber

que es modelo ni quererlo aun si lo sabe la persona que la imita. En cambio, el jefe tiene

que “saber” que es jefe; y tiene que “querer” ser jefe……

En segundo lugar, la relación entre el modelo y el imitador es “ideal”, independiente de

espacio, tiempo, presencia real y hasta de existencia histórica real del prototipo. En

cambio, la relación entre el jefe y sus seguidores es “real”, sociológica. Pág. 13.

En tercer lugar, el concepto de jefe es un concepto sociológico muy general que no

implica un valor.………. El jefe puede ser un salvador, puede ser un demagogo

inescrupuloso; puede ser un conductor en un sentido de valor positivo o un seductor;

puede ser jefe de una liga de virtud o de una banda de asaltantes. En la medida en que

quiere conducir y tiene cualquier número de seguidores, es “jefe” en el sentido

sociológico.

Muy distinto es el concepto de “modelo”. Modelo implica, en su sentido inmanente,

siempre también un concepto de valor. Todos consideran a su modelo, en la medida en

que lo tienen y lo siguen, como lo bueno, lo perfecto, lo que debe ser. Cualquier especie

de “amor” y de positiva estimación en el sentido religioso, moral, estético liga a toda

alma con su modelo, traba una relación que siempre es afectiva y vehemente. Al jefe se

lo puede odiar, lo que interese es que guíe. Por cierto, un modelo podría ser

(objetivamente) malo, pero en la intención no lo es jamás.

Esta peculiaridad de los modelos se manifiesta en los “ejemplos” más generales y

excelsos “de modelos” que llamaremos los modelos tipos. Sus ideas no son conceptos

abstraídos empíricamente de la experiencia casual del mundo y de la historia, sino que

 

son ideas de valor que se dan por sí mismas, es decir, a priori (independientes de la

cantidad de experiencia fortuita) con la naturaleza mismo del espíritu humano y de las

categorías supremas de valor correspondientes: lo santo, los valores espirituales, lo

noble, lo útil y lo agradable. Hay tantas ideas como valores fundamentales: las ideas del

“santo”, del “genio” (sabio), del “héroe”, del “conductor espiritual de la civilización” y

del “artista” en el arte de gozar. Estas ideas de modelos se forman exclusivamente, en

primer lugar, de la idea de “persona”, y en segundo lugar, de esas “ideas” básicas “de

valor”. Los grandes hombres empíricamente dados en la historia a menudo son figuras

mixtas; es decir, acogemos a los hombres empíricos relacionándolos ya con estas ideas,

los analizamos de acuerdo a ellas, los medimos según estas ideas. Pero, por otra parte,

los modelos tipos sólo se erigen en modelos eficaces cuando entran en contacto con la

materia empírica de hombres históricos. En todo modelo existe una fase empírica y una

fase apriorística, un ser y un deber-ser, un elemento real y otro estimativo……

La teoría de los modelos tiene peculiar importancia para la ética: constituye la primera

condición para toda valoración ulterior. Es imposible que un hombre posea todas las

virtudes y no tenga ningún vicio. Es preciso que todo hombre sea “auténtico” y que

cada uno ocupe su lugar. Tiene que encontrar la medida de sus fuerzas; tiene que buscar

el modelo más adecuado a sus posibilidades –buscarlo en la medida en que resulte

posible. No son las reglas morales abstractas de carácter general las que modelan,

configuran el alma, sino siempre modelos concretos.

Finalmente, los jefes exigen “acciones”, resultados, conducta. El modelo exige, por el

contrario, un modo de ser, una forma del alma. Pero de este modo de ser deriva el

querer y la acción. (Valor del ser y valor del hacer)

Si realmente los jefes y los modelos tienen caracteres tan distintos y tienen que ser

estudiados de modos tan distintos, ¿qué relación mutua tienen? Y bien, los jefes también

“pueden” ser modelos, sobre todo jefes religiosos, morales, pero también políticos y

pedagógicos. Pero no lo son necesariamente, y lo son sólo en el caso en que exista un

vínculo carismático afectivo; en todos los demás casos no lo son. Pero si se quiere

determinar una relación general entre jefes y modelos, no cabe ninguna duda que los

“modelos” eficaces son los que ejercen un influjo determinante o que influyen

esencialmente en la elección, en la selección del jefe, y sobre todo en lo que se refiere a

las cualidades de los jefes. Esto es tan seguro como el principio de que nuestros actos

volitivos están determinados por nuestros modos de valorar –en última instancia, por

aquello que queremos u odiamos, por la estructura de nuestras preferencias estimativas

o por nuestras proposiciones, y no a la inversa….. pág. 17 a 19.

V. EL HÉROE

…. Colocamos los valores vitales de desarrollo bajo un común denominador, que

consideramos como suma de lo “noble” (Platón). Noble-vulgar constituye una antítesis

biológica generalizada. La nobleza, según su verdadero sentido, posee los más

vigorosos “poderes de despliegue” en un grupo y los más completos valores hereditarios

de la sangre. (Nobleza natural frente a nobleza estipulada, es decir, nobleza nominal).

Colocamos a los meros valores vitales de conservación bajo el título general de

“prosperidad” y referimos esta expresión ya sea al individuo o bien a la totalidad de la

comunidad de vida (bonum commune). Este bien común no es la felicidad más grande

 

del mayor número (valores de utilidad y de agrado); esto sería más bien el valor

específico correspondiente a la sociedad (Bentham). La prosperidad n

o es una magnitud acumulativa, así como el sentimiento vital del bienestar tampoco es

igual a la suma de todas sensaciones agradables experimentadas (lo mismo podría

decirse del sentimiento de salud y el de enfermedad, del sentimiento de progreso y el de

fracaso, el impulso natural de la vida y el de la muerte).

“Héroe” es, pues, aquel tipo ideal de persona humana, semi-divina (héroes de los

griegos) o divina (dios de la voluntad y del poder de los mahometanos o de los

calvinistas), que en el centro de su ser se consagra a lo noble y a la realización de lo

noble, es decir, que se consagra a un valor “puro”, no técnico, y cuya virtud

fundamental es una “nobleza natural” del cuerpo y del alma a la que corresponde la

magnanimidad. Ya no pueden ser llamados héroes los que –por importantes que sean-

sólo se empeñan en conseguir la “prosperidad” de sí mismos y del grupo a que

pertenecen. A éstos los llamaremos más bien benefactores, por ejemplo, a los médicos

de gran estilo, conductores de la economía y de la técnica y frente a los que están los

estadistas, los jefes de ejércitos, los colonizadores.

Lo mismo que el genio, también el héroe tiene que manifestar una exuberancia

excepcional y supernormal de alguna específica función espiritual. Pero en él esta

función no es (como en el hombre religioso) la efusión del alma a la gracia, o (como en

el genio) la superabundancia del pensamiento y de la contemplación espiritual distinta

de toda mera aplicación práctica a las necesidades de la vida, sino “superabundancia” de

“voluntad espiritual”, de concentración, perseverancia, seguridad frente a la vida de los

impulsos. El héroe es un hombre de voluntad, y esto quiere decir a la vez, hombre de

poder. Eso no impide que un alma heroica pueda habitar un cuerpo débil; pero jamás

podrá estar unida a una vitalidad débil. Es decir, que el vigor, la impetuosidad, la

pujanza, la plenitud y la disciplina interior y casi automática de los impulsos vitales

constituyen elementos de la esencia del héroe (lo que difiere totalmente del genio). Pero

también le corresponde al héroe ser capaz de concentrar, de dominar y de dirigir

constantemente a objetivos remotos, mediante esa voluntad espiritual, esta vida

impulsiva, desviándose lo menos posible. Es esto a lo que llamamos “grandeza de

carácter”.

El grado de tensión, en que se mantenga en lo posible la armonía entre instinto y

voluntad espiritual con respecto a la vehemencia y a la plenitud, es lo que constituye la

grandeza del héroe. En cuanto está afectada la armonía, se produce, en caso de fuerte

tensión, el tipo de héroe “dualista” (el héroe específicamente germano como Sigfrido,

Lucero, Bismarck). Cuando la fuerza de los impulsos instintivos es demasiado reducida,

se produce el “fanático” superactivista y agresivo (el duque de Alba). Cuando la vida

impulsiva es demasiado débil en relación a la voluntad espiritual, se produce el tipo de

héroe unilateralmente “ascético” y trágico (el héroe específicamente eslavo), el héroe

que sólo es capaz de sufrir, resignarse y soportar, el tipo de héroe exclusivamente pasivo

y defensivo (Kutusow; la estrategia y la táctica bélica rusas, Napoleón; “no resistas al

mal”).

Entre las virtudes que llamamos específicamente “heroicas” se encuentra por lo tanto

ante todo como virtud fundamental el “dominio sobre sí mismo”. Pues sólo puede

conquistar poder sobre los demás, quien se domina al máximo a sí mismo; sólo puede

 

ejercer dominio sobre los hombres –pues es el hombre el más alto objeto de la

dominación del hombre- el que tiene el señorío sobre sí mismo.

Pero en el hombre que llamamos héroe, la voluntad de poderío está vinculada con una

“responsabilidad” extrema y con un deseo de extender esa responsabilidad.

Al héroe el mundo se le ofrece en primer lugar como “resistencia”, es decir, que le está

dado como mundo real. Es un hombre de realidades, o sea un ser que introduce “ideas”,

que el genio sólo percibe unilateralmente, en la materia concreta del mundo. Pero para

eso, para no obrar a ciegas, siempre ha de estar respaldado de una cultura espiritual

superior y de una conciencia religiosa. Está referido a este mundo contingente, azaroso,

que no es repetible, con todas sus rudas realidades: es un gran realista y un gran

práctico.

Audacia, valentía, intrepidez, presencia de ánimo, decisión, amor a la lucha, arrojo,

riesgo distinguen al héroe del pusilánime, del hombre cauteloso, además de la capacidad

de sufrimiento y de resistencia (se comprueba su fuerza por la capacidad de soportar,

Hércules), sin tomar en cuenta el objetivo (oposición con el mártir). Le son propios la

belleza física, la gracia, la agilidad en el juego, en la danza y en el porte, severidad –sin

artificio- aptitud virtus de los romanos).

El héroe es un “hombre que se dispensa”, y no que “recibe”. Es bondadoso por

prodigalidad, dispuesto al sacrificio por los amigos y la comunidad.

Lo colma un sentimiento de repugnancia hacia todo lo vulgar (honor y código de casta:

“a cada uno lo suyo” –y no “lo mismo para todos”) y una seguridad instintiva para el

amor. Es el representante del ideal erótico en su doble sentido: que la mujer desea lo

que es considerado “heroico”, y él mismo crea el ideal de mujer que más desea. Pues

hay una diferencia en que el hombre cree el ideal de mujer, y a la inversa, como en las

épocas femeninas (Francia durante el siglo XVIII). El es el modelo de la raza, que

determina la selección de la estirpe, con lo que contribuye a determinar

(independientemente de la forma de selección sexual) la cualidad de la mezcla que será

el patrimonio de los valores hereditarios de la generación futura. No sólo contribuye a

determinar a sus propios hijos, sino a la modalidad de los hijos de todos los demás, en

aquello que se lo considera bello.

Estadista, milita, colonizador, son los principales tipos de héroes. Cuando el estadista y

el general se dan en una misma persona, como en César, Alejandro, Napoleón, Federico

el Grande, el príncipe Eugenio, estos hombres representan en la unidad del plano

espiritual y de la responsabilidad, la forma más egregia del heroísmo activo. En los

casos en que esta conjunción no se produce, en principio el general debe estar

subordinado al estadista. La guerra es la prolongación de la política en tanto lucha de

poderío (Clausewitz) por medio de la fuerza;por lo tanto, el “medio” no debe erigirse en

fin. pág 93 a 96.

 

DEL HÉROE.

El héroe y lo noble

 

“…. El héroe es la personificación de lo noble, es decir, la suma de todas las excelencias

y virtudes, no sólo puramente espirituales, sino vital-espirituales…. Coraje, intrepidez,

autodominio y capacidad y fuerza para emplear lo bueno, que toma de manos del santo,

por medio del poder y el dominio sobre los hombres y las cosas del mundo: esto es la

esencia del héroe.

No sólo actúa como ser, sino por medio y con sus hechos. Hecho o hechos son otra cosa

que acciones. En ellos se resume concentradamente una vida. El héroe sigue viviendo

como autor de estos hechos en la imagen de la fantasía, del mito, del canto, de la poesía.

Pero no a través de informes, sino patentemente, palpablemente. Secundariamente

también sigue viviendo como modelo de ser. pág 133 -134

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domingo 22 de marzo de 2009

TAREA 1: Un encuentro con mi vida.

Un encuentro con mi vida.

 

En “ El hombre en busca de sentido”, nos dice Víctor Frankl: “Yo diría que lo que el

hombre quiere realmente no es, al fin y al cabo, la felicidad en sí, sino un motivo para

ser feliz En cuanto lo encuentra, la felicidad y el placer surgen por sí mismos. La

búsqueda del sentido de la vida es la esencia de la existencia, lo que profundamente

cuestiona al ser humano es el para qué de su existencia. En la realización de este sentido

el hombre aspira a encontrarse con otro ser humano en la forma de un TU y amarlo.

Cuando el sentido de la existencia se ve frustrado, cuando se vive una frustración

existencial, el deseo de poder o de placer ocupa el lugar más importante en la

motivación de la conducta, de esta forma la búsqueda de la felicidad se convierte en un

fin en sí mismo y por tanto en frustración".

Para Frankl la felicidad se obtiene como consecuencia de un motivo y no por la

búsqueda de ella misma: La puerta de la felicidad se abre hacia fuera, y quien intenta

derribarla se le cierra con llave. Para Viktor Frankl, al tiempo que se cuida la vida, es

importante expresar las convicciones con franqueza. Las convicciones son los valores y

creencias de la persona, en función de ellas es que la persona se transforma en lo que

ella desea ser. Es la libertad, en el ambiente de una decisión íntima, la que permite que

la persona se vaya haciendo a sí misma con un sentido de trascendencia.

Asumir las circunstancias, en lo que tienen de modificables e inmodificables, es la

posibilidad de trascender a través del sentido, es en esta dirección donde sólo la libertad

íntima es capaz de elegir, descubriendo, el camino. La clave no está en las preguntas

que el individuo le haga a la vida sino en cómo el individuo responde a las preguntas

que la vida le plantea.

 

I.- LA VISIÓN PERSONAL, es la imagen futura que nos hacemos de nosotros mismos,

considerando la realidad en la cual nos desarrollamos. Esta visión nos permite trazar un

proyecto de vida, pues nos sitúa en una perspectiva de mediano y largo plazo. Esta

visión responde a ¿cómo me veo en el futuro?, ¿cómo quiero que me vean en el futuro?

Preguntas a responder (La redacción debe potenciar nuestras virtudes, por lo tanto debe

ser realizada con prospectiva; donde los obstáculos internos o externos aparezcan como

 

un reto. Por lo mismo; la base debe ser la propia fortaleza. Debe ser corta, explícita y

precisa, emplear un lenguaje que te motive, comprometa e identifique):

1.- ¿Qué buscas? (Cambios, y/o cosas que queremos conseguir y/o lograr en la realidad)

2.- ¿Por qué lo haces? (Cuáles son los valores, principios motivaciones personales.

Debes tener en claro cuál es tu razón de actuar)

3.- ¿Para que trabajas y/o estudias?

 

II.- Tener un MISIÓN PERSONAL promoverá que tus esfuerzos vayan dirigidos a

alcanzar la imagen objetivo deseada hacia el logro de tu realización personal. Las

respuestas a las preguntas que a continuación leerás tienen por objeto brindarte un

material en el que puede basarse el enunciado de tu Misión.

4.- ¿Qué cosas quiero tener (posesiones)?

5.- ¿Qué cosas quiero hacer (experiencias)?

6.- ¿Qué quiero ser (cualidades de carácter)?

7.- ¿Cuáles creo yo que son mis mejores cualidades (físicas, sociales, espirituales,

intelectuales)?

8.- ¿Qué cualidades me atribuyen otras personas?

9.- Cuando me imagino haciendo algo agradable, ¿qué es?

10.- Entre todas mis actividades ¿cuáles son las que me brindan una profunda

satisfacción?

11.- ¿Cuáles son las cualidades de carácter que más admiro en otras personas?.

12.- ¿Cuáles fueron los momentos más felices de mi vida? ¿Por qué?.

13.- Si contara con el tiempo suficiente y con recursos ilimitados ¿Qué elegiría hacer?

14.- Cuando pienso en mi trabajo, ¿qué actividades me parecen más valiosas?

15.- ¿Qué cosas creo que debería hacer, aunque la haya descartado muchas veces en mis

pensamientos por distintas razones?.

16.- ¿Cuáles son las metas permanentes más importantes que deseo alcanzar en cada

uno de los roles más importantes de mi vida?

17.- ¿Cuan satisfecho estoy de mi actual nivel de realización en los diversos ámbitos de

mi vida?18.- ¿Qué resultados distintos de los actuales desearía alcanzar en los diferentes

ámbitos de mi vida, en relación con la calidad de mi vida?.

19.- ¿Cuáles son los principios más importantes en los que se basa mi manera de ser y

de actuar?

20.- Si te desahuciaran, y tuvieras solo un mes de vida ¿qué harías en ese tiempo?.

 

III.- ADMINISTRACIÓN DEL TIEMPO. Uno de los problemas más frecuentes de los

dirigentes y de los lideres es el descuido de ciertas actividades, tienen que compartir

varias tareas a la vez, de acuerdo a los roles que cumplen como dirigentes, como

estudiantes, profesionales, como trabajadores, como padres y esposos, etc. Es posible

concebir el tiempo como una serie interminable de decisiones, pequeñas y grandes, que

van modificando y conformando, poco a poco, nuestra vida. Las decisiones tomadas que

no resultan acertadas crean frustración, "stress", hacen disminuir nuestra autoestima,

esto se traduce en los siguientes seis efectos típicos de la falta de administración del

tiempo: Precipitación; Vacilación entre alternativas desagradables; Fatiga o apatía tras

muchas horas actividad no productiva; Incumplimiento constantes de compromisos;

Sensación de estar desbordado por las demandas y pormenores, casi siempre hacemos lo

que no se desea.

 

Clave para administrar bien el tiempo:

1.- Establecer prioridades que pongan de relieve las tareas más importantes y permitan

tomar las decisiones en base a esa importancia.

2.- Es posible ganar tiempo haciendo un horario más realista y eliminando las tareas de

escasa prioridad.

3.- Es posible aprender a tomar decisiones básicas.Antes de pasar a examinar los tres

pasos necesarios para la administración efectiva del tiempo será de mucha utilidad

revisar nuestra forma habitual de distribuir el tiempo. Una forma sencilla de hacerlo es

dividir el día en tres partes:

Administración de mi tiempo.

21.- Desde que me levanto hasta la hora de almorzar ¿qué hago?

22.- Y, desde el final del almuerzo hasta la cena.

23.- Y, desde el final de la cena hasta que me voy a dormir

24.- REFLEXIONANDO EL TIEMPO. Imagínate que acudes al médico y éste te dice

que te queda un mes de vida, en este mes que me queda de vida: ¿De que manera

orientaría mi vida?25.- ¿Qué me hubiera gustado hacer?

26.- ¿De que me arrepiento?

27.- ¿Cuáles son los actos más importantes que deje de hacer?

28.- ¿A que me dedicaría en este mes de vida que me queda?

29.- Reflexiona sobre esta frase: " No es grato morir cuando se siente que por la vida

nada se ha hecho"


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