LILIAN ARELLANO RODRÍGUEZ
1. El amor es la forma que tenemos de hacernos auténticamente
presentes en y ante el mundo: Cuando amamos y sabemos que nos aman, podemos ser nosotros y,
simplemente, presentamos tal cual somos; sin máscaras, sin hipocresías,
sin inautenticidades; sin temor a ser descalificados o violentados.
El amor es la forma más auténtica de existencia personal, es la forma que tiene
nuestro ser esencial de existir. Así, el amor nos confirma como personas
auténticas, íntimas, únicas, semejantes pero nunca idénticas.
3. Por lo mismo, el amor requiere de almas fuertes y nobles, que puedan comprometerse y responsabilizarse de su amar. Por ello, el amor es una invitación al encuentro de intimidades unidas por una comunión de presencias que se dignifican, enaltecen. Por ello, todo amor es benevolente, esto es, desea el bien del amado-a; aunque ello implique su alejamiento. El amor, por lo mismo, es desinteresado: da para que el amado-a esté bien; no da pensando en recibir; no es una relación de negocio sino una comunión de dignidades que, por sobre todo, se respetan. De ahí, el sentido del sacrificio de amor, cuando los amantes ofrecen al amado-a lo que en ellos causará una necesidad no satisfecha pero nunca más importante que la mayor convicción de amor: el amante sabe que es feliz haciendo feliz al amado-a: “Soy feliz haciéndote feliz”. Por ello, el dolor siempre formará parte del amor: sufrimos con el sufrimiento no sólo propio, sino del amado-a; sufrimos al no poder ayudarle, a no poder reemplazarlos en el dolor y sufrimos con su lejanía… El amor de los padres a sus hijos sabe muy bien de ello: el niño enferma y la madre, padre. Sienten el dolor de la impotencia…. Cómo gustosos dolerían por los hijos, desde ese dolor de muelas hasta ese desamor, traición o fracaso… Pero no, somos seres íntimos y cada cual debe doler su dolor de muelas y sufrir sus sufrimientos y alegrar sus alegrías. Por supuesto, tus tristezas me pondrán triste; pero entonces seremos dos sintiendo cada uno sus propias tristezas y mutuamente consolándonos (con-solar significa estar con la soledad del otro, acompañarlo). El amor padres-hijos es un amor que sabe de muchos sufrimientos: el hijo en un principio es tan dependiente que es fácil que los padres sientan que les pertenece. Pero el niño va creciendo y con ello va cobrando cada vez más independencia, corriendo mayores riesgos, mayores éxitos y fracasos. Aventureros de la vida, fascinados con la novedad, primero de los juguetes, luego de las sensaciones y emociones que puede ofrecer una vitalidad juvenil que se inicia en la vida (sexualidad, alcohol, drogas, deportes, juegos de azar, caudillismo…) los padres sufren el riesgo a que sus hijos se exponen… Entonces surge el deseo “ojalá permanecieran niños, al resguardo del hogar, bajo el mandato y responsabilidad de los padres…”. Pero no, la vida sigue, no se detiene, hay que cruzar etapas y cada etapa tiene su costo de madurez para pasar a la siguiente… Entonces, “afortunadamente”, tal vez venga el otro sufrimiento: una profesión cuyo estudio y ejercicio requiere lejanía (que generalmente el joven también la quiere) y, luego, después de tanto sacrificio de amor… el hijo ya adulto anunciará que formará su propia familia… Es la historia de la vida y del amor y del sufrimiento y sacrificio de amor que no resta felicidad porque tiene sentido: somos felices amando y quien ama no pretende más: sólo amar y que el amado esté bien y crezca humanamente, esto es, sea un gran hombre o una gran mujer.
Es la historia de vida contada a grandes rasgos; sin parar en los accidentes y situaciones límites de un Kevin que sale de su casa para ir a correr y un chofer ebrio le amputa las piernas o de la pequeña o adolescente que es violada o asesinada por psicópatas; o del niño o joven que enferma de un cáncer irremediable. Alguien podría pensar: ¿No sería mejor no amar y así no nos exponemos a tantos y tan grandes sufrimientos? La respuesta es clara: quien renuncia al amor, parte renunciando a la felicidad; pues es el amar lo que nos hace felices y da sentido a todos nuestros desvelos. De lo contrario, ¿para qué ser profesores, médicos, arquitectos, modistas, pescadores? Pues hemos de saber, que si hay tanta infelicidad, es, precisamente, porque muchos actúan (piensan, dicen, trabajan) no por amor sino por conveniencia o simple, egoísta y superficial placer.
4. No confundamos querer con amar: Es fácil decir “te quiero”; no es
fácil decir “te amo”. Y es fácil decir te quiero porque el verbo querer
lo usamos constantemente: quiero agua, quiero descansar, quiero comer, quiero
dormir, quiero ir al baño, quiero ir a bailar, quiero un auto, quiero un
computador nuevo… te quiero.
Quiero agua, tengo sed… Mientras tenga la necesidad sed, voy a querer lo que la
satisface: agua. Tomo agua y siento placer. El placer requiere que
exista la necesidad y aquello que la satisface…. Ya no quiero más agua, ya no
tengo sed; no volveré a querer agua hasta que no vuelva a necesitarla. El
agua la consumí, para eso es, para satisfacer mi necesidad. El querer está
centrado en el yo: yo tengo sed, yo quiero agua; yo no quiero más…
Por lo expuesto, podemos deducir que es el querer el que nos lleva a etiquetar las personas: Tal persona es superficial, tonta pero me sirve para satisfacer necesidades sexuales; esta otra es aburrida pero tiene buenos apuntes de clases; esta otra tiene solvencia social, esta otra me escucha y hace reír, la otra cubre mis necesidades materiales y ahora quiero estar solo-a…
Es el querer también el que nos induce al odio; así, cuando etiquetamos a
alguien como un obstáculo que es necesario destruir; cuando la envidia envenena
el alma, a tal punto, que eres feliz con su desgracia y sientes pena con su
alegría.
5. En todo amor – trátese del amor filial (padres- hijos-abuelos- hermanos…), del amor de amistad, del amor de pareja, del amor vocacional, del amor por la naturaleza, del amor por el terruño o por la patria, del amor oblativo (el amor a Dios y a los semejantes)- para el amante, el tú amado-a es lo más importante; por ello el amor es siempre generoso; da sin esperar retribuciones: se es feliz amando. Por ello, cuando el amado da las gracias, el amante se emociona. Por lo mismo, cuando el amante hace un sacrificio de amor, no lo divulga, no lo saca en cara: es donación, no es inversión.
El amor nos realiza como personas, pues su origen es nuestro ser esencial, nuestra intimidad: por ello somos felices amando y nada puede quitar la felicidad de amar; ni siquiera el dolor. La felicidad no es temporal como el placer: nadie reclama “¡Ya, suficiente; no quiero más felicidad hasta el próximo martes o hasta que te vuelva a llamar! Es que felicidad no tiene que ver con logros, placer, sino con la realización del ser. Por lo demás, quien ama ya no puede dejar de amar; pues lo que era potencia es realización de ser.
6. Amor que nace nunca muere y, si alguien piensa: yo amé a x persona pero luego lo dejé de amar… la frase correcta tendría que ser: Creí que amaba a X o creíamos amarnos. El amor exige madurez, saber escuchar los silencios, saber leer la mirada, lo que se dice y lo que no se dice…. Saber esperar; saber decir sí y también saber decir no. Saber quién somos y quién no somos. El amor es delicado, es respetuoso, admira al amado-a, le es fiel, se compromete, es dialogante, no se puede ocultar porque lo ahogaríamos ya que irradia a dos seres que trascienden amando: el amor es sensible al dolor, a la alegría, a la belleza. Por ello, no debemos confundir a quien no ama con quien no sabe expresar su amor o no está aún preparado para realizar ese amor porque le falta madurez o porque debe sanar ciertas heridas.
En cuanto persona única e irrepetible, nadie puede reemplazar el vacío de amor que deja un alma egoísta; como tampoco pueden ser reemplazadas las acciones y obras de amor con que cada amante engalana o acaricia nuestro Universo y nuestros mundos. Por ello, los amantes se encuentran en la trascendencia de sus intimidades y amándose crean un “nosotros” y un “lo nuestro”; también únicos, como las obras poéticas: Nosotros, nuestra familia, nuestro hogar, nuestra escuela, nuestros amigos, nuestro barrio, nuestro país, nuestros proyectos… Todos irreemplazables. Se requiere sensibilidad para aprehender lo poético del amor y sólo quien ama será sensible…
7. Así, el amor nos hace crecer como personas, realizarnos. El amor nos fortalece, con una fuerza que se nutre de la imagen del amado-a que es atesorada en nuestra alma y que surge una y otra vez como re-cuerdo (Recuerdo viene del latín re-cordis, donde cordis es corazón. Recordar es hacer que pase por el corazón lo que una vez pasó). Decíamos, entonces, que el amor se nutre de recuerdos y de los proyectos que surgen como expresión del compromiso mismo de amar; donde las promesas de amor, unen a los amantes a través de proyecciones futuras.
El amor es reversible: quien da de sí, al dar, recibe… renace,
su alma se ilumina y ella ilumina todo lo que mira: la mirada del amor es la
mirada del alma que traspasa lo objetual, lo cósico para aprehender lo
esencial. No se queda en el cuerpo del amado aunque lo ame, sino que a través
del abrazo recibe al amado mismo: por ello, los amantes siempre se encuentran
bellos, porque lo son, porque el amor es bello, porque nuestro ser esencial es
bello y porque cuando amamos, ya no podemos ver al otro como a un
objeto; pues estamos presentes como intimidad única ante otra intimidad en
que reconocemos a un semejante de igual dignidad: Al respecto, nos sirve como
ejemplo de esta idea lo que explica Martín Buber, cuando diferencia dos
actitudes que podemos adoptar ante los demás: “El niño que habla en silencio a
su madre sin nada más que mirarla a los ojos, y el mismo niño que mira algo que
la madre tiene como si fuera cualquier objeto” (Marín Buber: “Eclipse de Dios”.
Ed. Nueva Visión, Buenos Aires, 1970, pág. 43) La primera, es la mirada de
amor, a la persona…; la segunda, es la mirada que damos a un objeto de uso que
sirve en la medida que nos presta utilidad: la primera es la mirada de un yo a
un tú; la segunda, es la mirada de un yo a un ello: es la diferencia entre amar
y querer. Si hay violencia, si hay odio, si hay falta de respeto, es
porque tratamos a las personas como cosas, ellos; que o sirven o se
desechan; que se compran o venden, se intercambian o reciclan o tiran a la
basura…
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